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Síntomas y tratamiento del Alzheimer


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Antes de abordar los síntomas del Alzheimer y su tratamiento, comenzaremos por su definición. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Alzheimer es un tipo de demencia. La organización define demencia como un síndrome, generalmente de naturaleza crónica o progresiva, caracterizado por el deterioro de la función cognitiva más allá de lo que podría considerarse una consecuencia del envejecimiento normal.

Hablar del Alzheimer es reflexionar sobre una de las enfermedades que tiene un mayor de número de pacientes diagnosticados en nuestro país. La Enfermedad de Alzheimer, reconocida por las siglas EA, es una patología neurodegenerativa con una evolución progresiva, caracterizada por sufrir el paciente, entre otros muchos síntomas, un deterioro cognitivo. Según las investigaciones, esto es debido, principalmente, a la presencia de unos ovillos neurofibrilares y placas neuríticas en distintas parte del cerebro humano.

¿Qué es el Alzheimer?

Su descubrimiento se debe al psiquiatra y neurólogo alemán Alois Alzheimer, quien a principios del siglo XX y tras un reconocimiento clínico a la paciente Auguste Deter, llegó a la conclusión de que sus síntomas (fallos en la memoria, pérdida repentina del sueño, errores en la elaboración de tareas domésticas diarias, etc), respondían a una nueva enfermedad a la que denominó Enfermedad de Alzheimer (EA).

La presencia de ovillos neurofibriliares (NFT) en el cerebro se considera la principal explicación al desarrollo del Alzheimer. Estos ovillos son una conjunción anormal de proteínas dentro de las neuronas, formados por una fosforilación múltiple de estas, que se asocian a microtúbulos entre las células, denominada proteína Tau.

Así, dichos ovillos causan un deterioro que conlleva a la pérdida de neuronas y, con ello, a una merma de los neurotransmisores en regiones diversas del cerebro, entre las que destaca la corteza prefrontal, implicada en funciones superiores como el razonamiento, el conocimiento, o la memoria, entre otros. Por este motivo, las personas que padecen esta patología comienzan a tener síntomas del Alzheimer relacionados con la pérdida de memoria progresiva. 

¿Quiénes la padecen?

En el momento presente, hablamos de una enfermedad irreversible e incurable que, en la mayoría de los casos, se desarrolla en una fase avanzada de la vida. Si nos ceñimos a datos epidemiológicos, la Enfermedad de Alzheimer es la demencia neurodegenerativa más frecuente en países desarrollados. En el caso de España, en 2015 eran 1.200.000 los casos conocidos de personas con la enfermedad, siendo el 50% de los mismos mayores de 85 años.

Existe un pequeño reducto, llamada Enfermedad de Alzheimer de inicio precoz (entiéndase diagnóstico previo a los 60 años), que solamente representa entre un 1% y un 3%, siendo de origen hereditario. No obstante, los profesionales médicos alertan que existe un importante número de pacientes sin diagnosticar, con o sin los primeros síntomas del Alzheimer.

Evolución de la enfermedad de Alzheimer

La evolución de esta enfermedad conlleva una progresiva pérdida de la autonomía de la persona. Junto a la pérdida de memora, conforme la patología avanza el paciente sufre otros síntomas del Alzheimer como la afectación del estado de ánimo, alteraciones del lenguaje, alteraciones mnésicas, o alteraciones de la conciencia, entre otros. Todo ello disminuye la calidad de vida tanto del paciente como de los propios cuidadores.

La investigación sobre la enfermedad gira en torno a unos seis modelos, siendo más conocidos y extendidos los relacionados con la posibilidad de hallar genes capaces de crear anomalías cromosómicas, así como el modelo de proteína anormal (basado en la acumulación de proteína amiloide en el interior de vasos sanguíneos que llegan al cerebro originando placas neuríticas). Además de ellos, también existen otros modelos como el tóxico, el del agente infeccioso, o el de la acetilcolina.

El Alzheimer es un tipo de demencia que se caracteriza por un deterioro cognitivo que va más allá del envejecimiento normal.

El Alzheimer es un tipo de demencia que se caracteriza por un deterioro cognitivo que va más allá del envejecimiento normal.

Mecanismos neurobiológicos que producen el Alzheimer

Es importante comenzar destacando que los cambios en neuropatología del Alzheimer pueden iniciarse décadas antes de ser diagnosticada la enfermedad a través de distintas evaluaciones clínicas y neuropsicológicas.

Desde el punto de vista neuropatológico, la Enfermedad de Alzheimer (EA) se caracteriza por la aparición dos tipos de estructuras:

  • Las placas amiloides, que se acumulan en el espacio extracelular.
  • Los ovillos neurofibrilares, que son intracelulares y se forman dentro del soma neuronal.

Muchos síntomas del Alzheimer también pueden darse en multitud de enfermedades o trastornos, motivo por el que en ocasiones son confundidos dando pie a diagnósticos erróneos.

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Los microtúbulos y la Proteína Tau

Dentro de las neuronas se encuentra una estructura proteínica denominada microtúbulo, formada por una serie de unidades menores que reciben el nombre de tubulinas. La proteína Tau, por su parte, se adhiere a toda la estructura del microtúbulo, proporcionándole estabilidad.

En sus inicios, la afección comienza con una serie de transformaciones en la proteína Tau que terminan con su fosforilación, derivando en la separación de la proteína Tau y en la desestructuración del microtúbulo.

La disminución de la estabilidad de los microtúbulos altera, además, el transporte de sustancias dentro las células, lo que interrumpe el circuito de comunicación neuronal y causa una disminución tanto de acetilcolina como de su enzima, la acetilcolinesterasa.

En la actualidad, la Enfermedad de Alzheimer es irreversible e incurable. En la mayoría de los casos, se desarrolla en una fase avanzada de la vida.

El daño de las estructuras neuronales y la caída en la concentración de neurotransmisores dan lugar a una disminución general de la capacidad de comunicación al nivel de corteza cerebral, y con ello se da paso a los primeros síntomas de Alzheimer.

La Proteína precursora amiloidea

Por otro lado, dentro de las neuronas también se encuentran las llamadas proteínas APP (proteína precursora amiloidea), que están concentradas en la sinapsis entre neuronas. La alteración de este tipo de proteína tiene incidencia en la aparición de la Enfermedad de Alzheimer.

Estudios recientes revelan que podría tener un papel fundamental en la regulación de la sinapsis y plasticidad neuronal. Los cortes producidos en esta proteína y su relleno con sustancia betamiloidea, originan las llamadas placas betamiloideas. El final de este proceso origina que se formen placas extracelulares que convierten a la neurona sana en una neurona degenerada, empezando así con las complicaciones a nivel de la sinapsis neuronal.



Componente genético del Alzheimer

Una de las connotaciones en la fisiopatología está relacionada con el componente genético. Los estudios han llevado a la conclusión de que cromosomas como el número 1, 14 o 21, pueden estar relacionados con la aparición de Enfermedad de Alzheimer (EA). Estas alteraciones podrían ser también causantes de la síntesis de proteínas anómalas anteriormente mencionadas.

Los cambios en neuropatología del Alzheimer pueden iniciarse décadas antes de ser diagnosticada la enfermedad a través de distintas evaluaciones clínicas y neuropsicológicas

El Alzheimer puede comenzar décadas antes de ser diagnosticada la enfermedad.

Sin embargo, existen factores de riesgo no genéticos que pueden favorecer favorecen la posible aparición de Alzheimer. Hablamos de factores como:

  • Las oxidaciones exageradas por exceso de radicales libres.
  • La inflamación como las placas seniles (que tienen un componente inflamatorio contribuyente a producir la lesión).
  • La propia dieta alimenticia, como la que contiene niveles sanguíneos altos de homocisteína (algo abundante en las carnes rojas) y bajos de ácido fólico. En este sentido, el ácido fólico, junto con las vitaminas B6 y B12, metaboliza la homocisteína, fundamental en la protección del sistema nervioso durante toda la vida.

Diferencias entre un cerebro sano y uno enfermo de Alzheimer

Si observamos un cerebro sano y otro afectado en necropsia, veremos que todo lo anteriormente mencionado en cuanto al proceso neurobiológico, ocasiona una atrofia cerebral. Esta es fácilmente visible con circunvoluciones atróficas en un cerebro enfermo, con énfasis en el lóbulo frontal donde se hace especialmente notorio.

Los surcos corticales cerebrales también se encuentran bastante pronunciados. También existe una gran dilatación a nivel ventricular en el cuerno anterior del ventrículo lateral. Asimismo, si estudiamos y visualizamos el cerebro y su anatomía, veremos que una reducción del hipocampo también está íntimamente relacionado con la Enfermedad de Alzheimer (EA).

La atrofia cerebral de una persona enferma con Alzheimer es fácilmente visible, con especial énfasis en el lóbulo frontal del cerebro; los surcos corticales cerebrales también están bastante pronunciados.

Numerosos estudios han demostrado que la atrofia del hipocampo en muchas ocasiones es sinónimo de que los síntomas del Alzheimer están apareciendo en su fase inicial; por tanto, es importante para determinar el nivel de gravedad de la enfermedad. Tras un estudio clínico progresivo, el propio hipocampo se convierte en una zona del cerebro que puede indicar al clínico la evolución que está teniendo el proceso neurodegenerativo en el paciente.

A fin de cuentas, son muchas y muy variables las cuestiones neuropatológicas y los mecanismos neurobiológicos que producen Alzheimer, aunque en la actualidad sigue siendo un campo en constante evolución. Así, las últimas líneas de investigación se centran en profundizar en las causas que originan gran parte de estas alteraciones que propician la aparición de la enfermedad y los síntomas del Alzheimer.

Los síntomas del Alzheimer

Para comenzar, es interesante resaltar que existe un término acotado por la IPA (International Psychogeriatric Association), llamado ‘síntomas conductuales y psicológicos de la demencia (SCPD)’, ideal para definir una serie de síntomas relacionados con la alteración de la percepción, el ánimo y la conducta en personas que sufren demencia.

Los síntomas del Alzheimer pueden ser muy diversos y están influenciados por la propia personalidad del paciente y su relación con el entorno

Los síntomas del Alzheimer son muy diversos y están influenciados por la personalidad del paciente.

El Alzheimer, como el resto de demencias, engloba una serie de síntomas complejos, con una etiología multifactorial, que están influenciados por la propia personalidad del paciente y su relación con el entorno.

Hay algunos síntomas del Alzheimer que también pueden darse en otras muchas enfermedades o trastornos, motivo por el que en ocasiones son confundidos dando pie a diagnósticos erróneos; mientras que en otras, los propios síntomas del Alzheimer vienen a potenciar otros por distintas enfermedades previas.

Si bien es cierto que los síntomas del Alzheimer pueden aparecer en cualquier momento de la enfermedad, también lo es el hecho de que los mismos tienen ciertas oscilaciones a lo largo del transcurso de la enfermedad, siendo al comienzo mucho más relacionados con estados depresivos pasando a ser en etapas intermedias a síntomas que invitan a la agitación, agresividad o alucinaciones del paciente.

A continuación, independientemente del estadio, se detallan algunos de los síntomas del Alzheimer (EA) más predominantes.

Apatía y ánimo depresivo (labilidad afectiva)

La falta de actividad puede deberse a motivos de índole muy dispar, por ejemplo, puede ser de origen cognitivo, motor (ralentización del sistema psicomotor) o emocional, entre otros.

El estado depresivo comienza en etapas tempranas, aunque puede empeorar en estadios superiores. El paciente experimenta una tristeza y desapego hacia estímulos del exterior acompañado de ideas delirantes, poca mímica, trastornos del sueño y abandono del autocuidado y del apetito.

En ocasiones, es uno de los síntomas del Alzheimer que puede confundir a la hora de diagnosticar esta patología. Su aparición, junto con otra serie de sintomatologías, es clave en el diagnóstico de la enfermedad.

Ansiedad

Los pacientes experimentan trastornos ansiosos al enfrentarse a situaciones totalmente desconocidas.

La depresión es uno de los primeros síntomas del Alzheimer.

La depresión es uno de los primeros síntomas del Alzheimer que se manifiestan en el paciente.

El debate abierto sobre la conciencia o no por parte del paciente de su propia enfermedad puede generar un estado de ansiedad ante lo desconocido e inminente en el caso de saber que sufre la Enfermedad de Alzheimer (EA) y que han comenzado sus primeros síntomas.

Euforia

En pacientes con Alzheimer, el estado ansioso-depresivo puede verse acompañado por estados de ánimo exacerbado y carentes de sentido, es decir, una excitación injustificada.

Agresividad o agitación

Hay pacientes que en etapas moderadas o severas de la enfermedad experimentan comportamientos agresivos en su conducta, una situación que puede hacer daño al propio paciente y a las personas de su entorno. Tal agresividad puede ser considerada como verbal o física. Se podría entender como una parte importante dentro de lo que se entiende como alteración de la personalidad, ya que en la mayoría de las ocasiones son situaciones que surgen como consecuencia de un desequilibrio hormonal determinado.

La ideación delirante

Este síntoma suelen experimentarlo pacientes con Alzheimer que se apartan de la realidad objetiva. Existe una amplia variedad de subtipos dentro de la ideación delirante, como son los paranoides (el más frecuente) en el que el paciente se siente engañado y cree que se conspira contra su persona.

Alucinaciones

Estos síntomas del Alzheimer implican cualquier vía sensorial y conllevan al paciente a un estado de ansiedad, angustia y miedo que retroalimenta la agresividad.

Agitación psicomotriz

Normalmente tienden a excederse en movimientos o conductas ante estímulos externos. Se hacen evidentes movimientos repetitivos, manipulaciones de objetos o ropas, o llamadas a sus familiares sin un fundamento sólido, entre otras conductas irracionales.

Es habitual su aparición, al igual que la agresividad, en fases moderadas y como manifestación a otros síntomas que son complicados de manifestar por parte del paciente, siendo una vía de escape  o como manifestación de la frustración vivida por la persona afectada de la Enfermedad de Alzheimer (EA).

Deambulación

La deambulación es uno de los síntomas del Alzheimer más difíciles para el cuidador

La deambulación es uno de los síntomas del Alzheimer más difíciles para el cuidador.

La deambulación es uno de los síntomas del Alzheimer más difíciles para el cuidador, y tiene un tratamiento complicado. En ocasiones, el enfermo tiende a deambular sin sentido, siendo peligroso por la posibilidad de huida y existiendo un alto riesgo de pérdida ante su desorientación en entornos desconocidos. Para ayudar a los familiares y cuidadores, se han desarrollado TIC para el Alzheimer que permiten tener localizados a los pacientes en todo momento.

Trastornos del sueño y del ritmo diurno

Son frecuentes y comprometen, al igual que la deambulación, al cuidador que sufre constantemente los reclamos del paciente. Además del patrón alterado en el sueño que suelen padecer personas de avanzada edad, la desorientación temporoespacial lleva a que los pacientes se despierten, e incluso, se levanten de la cama y comiencen la deambulación (en este caso nocturna) con el peligro de caídas.

Alteraciones alimenticias

Con respecto a la alimentación, las personas con Alzheimer manifiestan dos posturas contrapuestas. Por un lado, pueden mostrar un interés excesivo por la comida, mientras que, por otro lado, pueden tener una indiferencia total hacia ella, lo que compromete al cuidador la tarea de alimentar al paciente, para evitar la malnutrición.

Además de mantener una buena rutina en el horario de las comidas, es importante que el cuidador regule la dieta del paciente para evitar enfermedades relacionadas con una mala alimentación. La dieta mediterránea se considera muy recomendable en este aspecto.

Cambios en la actividad sexual

Otros cambios importantes en el comportamiento son los que repercuten sobre la actividad sexual. Los pacientes de Alzheimer pueden olvidar cómo deben comportarse en público, así como utilizar palabras que pueden ser agresivas hacia su pareja. Otras personas además pueden perder el interés en el sexo por completo.

Síntomas Alzheimer

Estos son algunos de los principales síntomas de la Enfermedad de Alzheimer a los que hay que prestar atención.

Fases del Alzheimer

El diagnóstico del Alzheimer responde no solamente al juicio clínico de la enfermedad, sino también al estado de avance en el que se encuentra. Así pues, se establecen cuatro fases o estadios del Alzheimer:

  1. Fase leve o estadio I: El paciente comienza a presentar algunos síntomas del Alzheimer como dificultades de cálculo básico, acompañado de cambios de personalidad, cambios de humor o síntomas depresivos como apatía o falta de iniciativa. Tienden a equivocarse con trastornos ansioso-depresivos. Esta fase, por lo general, supone entre los dos y los cuatro primeros años.
  2. Fase Moderada o estadio II: El paciente comienza a tener dificultad para cuidarse por sí mismo, necesitando la supervisión de familiares para tareas cotidianas. Comienzan a tener síntomas del Alzheimer relacionados con la psicosis, así como un deterioro del lenguaje.
  3. Fase severa o estadio III: Las alteraciones de la marcha, el parkinsonismo, o las incontinencias urinarias son algunas de las manifestaciones que ponen al paciente en una fase mucho más delicada y en una situación clara de dependencia de terceros.
  4. Fase terminal o estadio IV: El paciente tiene problemas de deglución, su autonomía se ve totalmente anulada y es proclive a desarrollar enfermedades infecciosas. No obstante, las emociones perduran hasta los últimos momentos de la vida del paciente. El final de esta fase es la muerte del paciente.

No obstante, no todos los pacientes pasan por todas las fases ni tienen los mismos síntomas del Alzheimer. Se encuentran casos clínicos donde existen pacientes con una progresión mucha más rápida que suelen pasar brevemente las fases casi sin distinguir el paso entre una y otra, provocando que se salte de una fase inicial a una severa en un tiempo relativamente corto.

El Diagnóstico en la Enfermedad de Alzheimer

El Alzheimer es una enfermedad que requiere una serie de pruebas para llegar a su diagnóstico además de la propia exploración clínica. La neuroimagen y la neuropsicología son los principales campos profesionales encargados de dar las herramientas claves para diagnosticar la Enfermedad de Alzheimer (EA).

No obstante, no solamente bastaría con hacer un diagnóstico certero de la enfermedad, sino que es importante diferenciarla de otras demencias -aunque a menudo se confundan, demencia senil y Alzheimer son conceptos distintos-, así como establecer el grado de severidad del paciente, la fase de la enfermedad, así como un seguimiento del propio diagnóstico que permita un tratamiento que, pese a seguir un patrón común en pacientes, debe estar lo suficientemente individualizado a cada caso clínico.

La neuropsicología en el diagnóstico del Alzheimer

 Partiendo de esta base, la neuropsicología se sirve de una serie de herramientas para el diagnóstico, tales como la entrevista, los tests breves, las pruebas, las pruebas específicas y las baterías. Son muchas y muy variables las herramientas que se tienen en cuenta para el diagnóstico del Alzheimer.

El daño de las estructuras neuronales y la caída en la concentración de neurotransmisores disminuyen la capacidad de comunicación, y con ello aparecen los primeros síntomas de Alzheimer.

La degeneración en la corteza cerebral es un criterio diagnóstico de demencia que da lugar a una serie de síntomas del Alzheimer de diferente índole. En el caso del Alzheimer, hablamos de un patrón de degeneración cortical, presenta características que sugieren un deterioro cognitivo patológicamente acelerado.

Una buena explicación neuropsicológica debe tener presente que el análisis ha de centrarse en distintas áreas como las habilidades viso-motoras, la memoria, las funciones ejecutivas, la atención, la orientación del paciente o las funciones lingüísticas, entre otros.

El Alzheimer es una enfermedad que requiere una serie de pruebas para llegar a su diagnóstico además de la propia exploración clínica

Para llegar al diagnóstico del Alzheimer, se requiere una serie de pruebas y exploración clínica.

No cualquier profesional puede ejercer la exploración clínica, ya que hace falta un entrenamiento específico. Para complementar la información del paciente, el profesional debe estar lo suficientemente documentado sobre características tales como su profesión, la existencia de antecedentes familiares, el dominio de idiomas, o la edad, entre otras variables; en líneas generales lo que viene siendo una completa historia clínica.

Diagnóstico diferencial

Llegar a un diagnóstico diferencial gracias a datos cualitativos extraídos de los análisis neuropsicológicos junto con la neuroimagen, la historia neurológica general, la historia de tóxicos o los hábitos alimenticios, es de vital importancia para llevar a cabo un tratamiento adecuado.

El examinador debe estar formado en los instrumentos que van a usar en la evaluación neuropsicológica del paciente, debiendo estar adaptados y generalizados a las características socio-demográficas del paciente (edad, sexo, nivel de estudios, cultura, etc.). Asimismo, la combinación de las diferentes pruebas neuropsicológicas permiten cuantificar la severidad del estadio del paciente en la Enfermedad de Alzheimer (EA), destacando en qué dominios cognitivos el paciente presenta mayor o menor deterioro.

Dicho de otro modo, el programa de rehabilitación (en el que cuidadores y familiares tienen un peso fundamental) debe ser realizado junto a los familiares y adaptado individualmente al paciente con una evaluación real sobre el estado en el que se encuentra el mismo en base a ese diagnóstico previo. Si no se consigue un buen diagnóstico no será posible tener una intervención adecuada.

Una vez que se dispone de un diagnóstico diferencial, el neuropsicólogo plantea un tratamiento de rehabilitación para frenar el avance de la enfermedad.

La neuropsicología es un campo indispensable en la evaluación y diagnóstico de la Enfermedad de Alzheimer (EA). Gracias a una innumerable cantidad de herramientas, el neuropsicólogo no solamente diagnostica (en conjunto con profesionales médicos neurólogos) sino que también plantea un tratamiento de rehabilitación para frenar, en la medida de lo posible, el avance de la enfermedad con una serie de acciones que se verán en otro epígrafe.

La neuroimagen cumple una función primordial en el diagnóstico de la Enfermedad de Alzheimer (EA). No obstante, todos los conocimientos relativos a las técnicas de neuroimagen se verán en el siguiente epígrafe.

La neuroimagen en el diagnóstico del Alzheimer

La neuroimagen es un campo indispensable del que los profesionales médicos cada vez más se sirven para ser lo más certero posible en sus diagnóstico. Tanto es así, que son muchos los profesionales que cada vez más eligen formarse en técnicas de neuroimagen para desarrollar los conocimientos en sus carreras profesionales.

En el caso de la Enfermedad de Alzheimer (EA), las técnicas de neuroimagen cumplen un papel fundamental en el diagnóstico, ya que podría diagnosticarse la enfermedad antes de sus primeras manifestaciones clínicas a través de los síntomas del Alzheimer que se detallan con anterioridad.

Distintas pruebas de neuroimagen ayudan al diagnóstico de la Enfermedad de Alzheimer.

Distintas pruebas de neuroimagen ayudan al diagnóstico de la Enfermedad de Alzheimer.

El avance de las neurociencias y de las técnicas de neuroimagen ha permitido conocer aspectos del cerebro que hasta entonces eran totalmente desconocidos, para descubrir enfermedades que tampoco se conocían en ese momento. No obstante, existen investigaciones abiertas a nivel nacional e internacional para seguir descubriendo un órgano en el que hay muchas incógnicas que podrían descubrirse en un futuro próximo.

Pruebas de neuroimagen

Las pruebas más utilizadas por los neurólogos para el diagnóstico de la Enfermedad de Alzheimer (EA) son los siguientes:

  • Tomografía Computerizada o CT (de las siglas en inglés Computerized Tomography), capaz de apreciar estructuralmente la zona cortical y subcortical, así como lesiones, pérdida de sustancia, dilatación de ventrículos, estado en el que se encuentran los surcos y circunvoluciones cerebrales, e incluso, algún proceso hemorrágico. Cualquier alteración en alguna de estas y otras zonas, indicaría que el paciente sufre algún tipo de demencia.
  • Resonancia Magnética Cerebral (MRI, Magnetic Resonance Imaging), que permite diferenciar más nítidamente la sustancia blanca de la sustancia gris y el líquido cefalorraquídeo y tiene, además, un mayor interés en los casos de sospecha de demencias vasculares. Una técnica con mayor resolución que visualiza mejor las distintas estructuras, así como lesiones de la tipología mencionadas con anterioridad.
  • Resonancia Magnética Funcional (fMRI, funcional MRI), donde se percibe el metabolismo cerebral, con énfasis en la hemoglobina oxigenada en sangre. Indispensable para marcar los tiempos de reactivación de áreas específicas de la corteza, así como de la organización del lenguaje.
  • Tomografía Computarizada por Emisión de Fotón Simple (SPECT), capaz de estudiar el flujo sanguíneo cerebral, diferenciando además las distintas regiones del cerebro y poniéndolas en relación con el metabolismo de la glucosa. Permite una correlación de las alteraciones clínicas del deterioro cognoscitivo y el grado de atrofia cerebral. Muy útil para casos donde se necesite diferenciar del envejecimiento sano del patológico.
  • Tomografía por Emisión de Positrones (PET), utilizada para el desarrollo y funciones cerebrales. Es capaz de identificar, gracias a la glucosa en el cerebro, la severidad de la atrofia cortical. Es una técnica reservada para la investigación en la mayoría de los casos.

El Alzheimer es una enfermedad que requiere una serie de pruebas para llegar a su diagnóstico además de la propia exploración clínica.

No obstante, existen una serie de pruebas que también se realizan para el diagnóstico de la enfermedad, tales como el electroencefalograma (valoración de la actividad eléctrica cerebral), potenciales evocados, evaluación del estado cardiovascular, pruebas de función renal y hepática, pruebas tiroideas, anticuerpos nucleares, niveles de folatos y vitamina B12, etc.

Ventajas de las técnicas de neuroimagen

A día de hoy se cuenta cada vez con mejores técnicas de imagen que permiten visualizar qué es lo que ocurre dentro de nuestro cuerpo, de manera que los profesionales médicos se puedan basar en pruebas de imagen capaces de cumplimentar, junto con otra serie de procedimientos, un diagnóstico clínico correcto. Esto es algo fundamental para llevar a cabo tratamientos adecuados para cada caso clínico.

Una gran ventaja que ofrecen las técnicas de imagen funcional es la posibilidad de utilizar, a través de radiofármacos, información sobre alteraciones en la función de cada área del cerebro, examinándose los neurotransmisores y ofreciéndose un conocimiento mucho más amplio sobre el efecto o no de ciertos fármacos empleados para distintas enfermedades relacionadas con el sistema nervioso central.

Hablamos de técnicas de neuroimagen que, por ahora, son mucho más empleadas en centros de investigación y ensayos clínicos que en la práctica con pacientes, ya que para llegar al diagnóstico normalmente se utilizan pruebas como la resonancia magnética estructural (RMN) o el TAC, aunque en ocasiones, también la tomografía por emisión de positrones (PET).

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La posibilidad de ver al sistema nervioso central en vivo interactuando con las distintas activaciones de las áreas cerebrales según los estímulos del exterior, hacen que hablemos de un campo apasionante dentro de la neurociencia, y por qué no decirlo, de la propia ciencia en su conjunto.

La neuroimagen: Una técnica en continuo avance

En la actualidad, la neuroimagen es un campo totalmente en auge que está en constante evolución y del que se espera que la investigación profundice mucho más en los años venideros, impulsado sobre todo por la propia demanda de la población. Esto hace prever un aumento en las próxima décadas de los pronósticos de personas con enfermedades neurodegenerativas, como es el caso del Alzheimer, debido al aumento de la esperanza de vida, entre otros muchos factores.

Los síntomas del Alzheimer suelen aparecer a partir de los 65 años.

Los síntomas del Alzheimer suelen aparecer a partir de los 65 años.

La radiología comenzó hace unos 120 años. Más de un siglo de avances en el que la Tomografía Computerizada, supuso una gran repercusión dentro de las neurociencias en los años setenta, mientras que la resonancia magnética nuclear hizo lo propio en los años ochenta.

Así pues, ahora hablamos de técnicas de imagen funcional como la Tomografía Computarizada por Emisión de Fotones Simples (SPECT), la Tomografía por Emisión de Positrones (PET) y la Resonancia Magnética funcional (fMRI) como técnicas actuales que -quién sabe- podrían extenderse más a la clínica en el futuro, además de seguir líneas de investigación que lleguen a pruebas diagnósticas todavía más innovadoras.

Diferencias entre las distintas técnicas

A grandes rasgos la gran diferencia entre ambas radica en la posibilidad que permiten las técnicas de neuroimagen funcionales de ver al cerebro en vivo y en directo, es decir, mientras la persona realiza algún tipo de actividad cognitiva. No obstante, sí es cierto que las técnicas de neuroimagen estructurales siguen siendo la base para el diagnóstico del Alzheimer junto con la propia exploración clínica y otras pruebas diagnósticas ajenas a la neuroimagen, aunque complementarias.

Las técnicas de neuroimagen son importantes para valorar la estructura y el tamaño del cerebro, algo fundamental en la detección de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, donde una pérdida importante del volumen puede ser un indicador de sufrir la enfermedad.

Si bien, es interesante delimitar qué zonas exactamente están siendo deterioradas, puesto que dependiendo de múltiples factores los resultados se podrían interpretar hacia un diagnóstico diferente al Alzheimer, como cualquier otro tipo de demencia.

Los trastornos del sueño y del ritmo diurno son síntomas del Alzheimer frecuentes y comprometen, al igual que la deambulación, al cuidador, que sufre constantemente los reclamos del paciente.

La disminución, por ejemplo, de la zona del hipocampo puede ser un indicador de que el paciente está sufriendo la Enfermedad del Alzheimer (EA), siendo además una buena forma de contribuir al diagnóstico precoz de la enfermedad, básico para incidir en un tratamiento que frene mucho más a tiempo el avance, si bien hay que dejar claro una vez más que no existe cura definitiva en la actualidad.

Es importante detectar qué zonas exactas del cerebro están sufriendo el deterioro del Alzheimer.

Es importante detectar qué zonas exactas del cerebro están sufriendo el deterioro del Alzheimer.

Podría decirse que, gracias a las técnicas de neuroimagen, es posible detectar el Alzheimer incluso antes de las primeras manifestaciones significativas de la propia enfermedad.

El propio avance de la neurociencia irá dando la pauta sobre las técnicas más empleadas en el futuro para ofrecer un mejor servicio a profesionales médicos y a pacientes sobre el diagnóstico y tratamiento de la Enfermedad de Alzheimer (EA).

Es entonces, cuando cabe preguntarse, ¿cuándo podría diagnosticarse Alzheimer con las distintas técnicas de neuroimagen? En este sentido, podría decirse que si existen una serie de patrones comunes en ambas pruebas de imagen y en los distintos medios utilizados por el neuropsicólogo, se está en disposición de confirmar que el paciente sufre la Enfermedad de Alzheimer (EA). El carácter multidisciplinar de esta enfermedad se sustenta desde el propio diagnóstico.

Nuestros amigos de Brain Dynamics han preparado el siguiente vídeo interactivo explicando algunas enfermedades como el Alzheimer y el Parkinson:

Tratamiento del Alzheimer

El tratamiento del Alzheimer se basa en un tratamiento farmacológico, acompañado de una serie de acciones encuadradas dentro de las llamadas ‘terapias no farmacológicas en el Alzheimer’. Pese a que, a día de hoy, es imposible encontrar un fármaco en el mercado capaz de detener totalmente el deterioro cognitivo en la Enfermedad de Alzheimer (EA), sí es cierto que las últimas investigaciones apuntan a fármacos que, aunque de manera muy sutil, sugieren una modificación en la evolución del avance de la enfermedad.

Tratamiento farmacológico en el tratamiento del Alzheimer (tratamientos estabilizantes)

Los objetivos de estos fármacos es evitar o paliar la degeneración neuronal mediante la inhibición de la producción de beta amiloide, la inhibición de la oligomerización y la utilización de fármacos antiinflamatorios que interfieran con la actividad de microglía y astrocitos.

Por otro lado, también se busca el aumento de la actividad de las neuronas que no están afectadas por la Enfermedad de Alzheimer (EA). Asimismo, también buscan el incremento o potenciación de la actividad y el metabolismo cerebral, contrarrestando los déficits de algunos neurotransmisores.

Los ansiolíticos son otro grupo de fármacos destinados a reducir ciertos síntomas del Alzheimer, tales como la ansiedad, el insomnio, la inquietud o la agitación.

En cuanto al deterioro cognitivo, se busca, en la medida que sea posible, el mantenimiento de la función cognitiva; así como también el mantenimiento de la vida diaria hasta que la propia enfermedad lo permita, generando en el paciente cierta autonomía sobre su propia vida sin depender de terceros. La depresión, alucinaciones o delirios son algunos de los cuadros que los fármacos intentan paliar o disminuir.

La finalidad de los fármacos contra el Alzheimer es frenar la degeneración neuronal.

La finalidad de los fármacos contra el Alzheimer es frenar la degeneración neuronal.

Existe una importante nómina de compuestos farmacológicos para el tratamiento de la Enfermedad de Alzheimer (EA). No obstante, algunos de los más utilizados para tratar esta enfermedad son:

  • Donepezilo (Aricept): Un inhibidor selectivo y reversible de la acetil colinesterasa. Ofrece la ventaja de disminuir efectos periféricos y de que solamente sea necesaria una toma diaria. Carece de hepatotoxicidad.
  • Rivastigmina (Exelon, Prometax): Inhibidor relativamente selectivo que es, además, pseudoirreversible de la acetil colinesterasa. Posee una vida media plasmática de unas 10 horas. Se ha demostrado una selectividad por el subtipo de acetil-colinesterasa G1, encontrada en altas concentraciones en personas que sufren Alzheimer.
  • Galantamina: Consiste en un inhibidor selectivo y competitivo de la acetil colinesterasa. Se diferencia de otros por su modulación alostérica de receptores nicotínicos. Se debe administrar cada 12 horas.

Todos los fármacos deben ser utilizados por prescripción médica y en las dosis recomendadas por el especialista médico bajo receta médica. Los inhibidores de acetil colinesterasa pueden ser prescritos a pacientes con la Enfermedad de Alzheimer (EA) en un estadio leve-moderado.

Ácido glutámico

Por otro lado, no se debe dejar atrás al ácido glutámico. El glutamato es uno de los 20 aminoácidos del que se sirve la proteína para su formación. Así, se considera un aminoácido ácido y es el neurotransmisor excitatorio más común de la corteza cerebral del ser humano.

Es importante destacar al glutamato como uno de los neurotransmisores del sistema nervioso central, que cuenta entre sus funciones el hecho de facilitar la entrada de calcio a la célula o la activación de enzimas calcio dependientes, así como la producción de radicales libres de oxígeno que llevan a la muerte celular. Una reducción de captación de glutamato puede ser, en parte, por el exceso de beta amiloide.

El glutamato es uno de los neurotrasmisores más comunes presentes en la corteza cerebral y forma parte del sistema nervioso central.

Sea como fuese, la función glutamatérgica ha desarrollado en los últimos años un importante papel dentro de las investigaciones del sistema nervioso central, dando pie a la hipótesis de que un incremento de este neurotransmisor podría originar calcio en exceso en el sistema intracelular, provocando muerte neuronal.

Psicofármacos

Por otro lado, existen una serie de fármacos encaminados al tratamiento de los trastornos de comportamiento de los pacientes de la Enfermedad de Alzheimer (EA), llamamos comúnmente psicofármacos. En este grupo se encuentran los antipsicóticos, los ansiolíticos, los antidepresivos y los antiepilépticos.

Para abordar el Alzheimer existen tanto tratamientos farmacológicos como terapias no farmacológicasPara abordar el Alzheimer existen tanto tratamientos farmacológicos como terapias no farmacológicas

Para abordar el Alzheimer existen tanto tratamientos farmacológicos como terapias no farmacológicas.

En primer lugar, los antipsicóticos pueden diferenciarse entre típicos y atípicos. La comercialización de los primeros está disminuyendo en los últimos años debido a sus altos efectos secundarios, mientras que los atípicos han supuesto un avance considerable en el manejo y control de los efectos secundarios. Mejoran el perfil de seguridad y tolerabilidad respecto a los anteriores. Algunos de los antipsicóticos atípicos son los siguientes:

  • Clozapina (Leponex).
  • Risperidona (Arketin): el neuroléptico más recomendado en pacientes con Enfermedad de Alzheimer (EA).
  • Olanzapina (Arenbil).
  • Quetiapina (Seroquel, Asicot, Quetiazic).
  • Ziprasidona (Zeldox).
  • Amisulprid (Solian).

Otro grupo de fármacos administrados dentro del tratamiento de pacientes con Enfermedad de Alzheimer (EA) son los ansiolíticos para reducir ciertos síntomas del Alzheimer tales como la ansiedad, así como el insomnio, la inquietud o la agitación.

Las benzodiacepinas de vida media corta son las más eficaces y las elecciones de primera. Se recomienda la administración de cuatro a seis semanas con progresiva suspensión. No obstante, en el aspecto cognitivo, es cierto que puede vincularse a un empeoramiento de los síntomas.

Los antidepresivos también son utilizados en el tratamiento farmacológico de la Enfermedad de Alzheimer (EA), en concreto los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS). Por último, los antiepilépticos son cada vez más aportados para la agitación en pacientes con demencias.

Tratamiento no farmacológico en el Alzheimer

El tratamiento farmacológico del Alzheimer no es suficiente. Por ello, se requiere de un abordaje no farmacológico que viene a completar esa perspectiva multidisciplinar que necesita una enfermedad como esta.

Existen distintas subcategorías dentro de las terapias no farmacológicas en el Alzheimer, tales como el entrenamiento cognitivo, la estimulación cognitiva, el uso de la musicoterapia, medicina holística, la reminiscencia, la estimulación eléctrica transcutánea, ejercicio físico, apoyo al cuidador, formación del cuidador, etc. Las distintas subcategorías son amplias, a la par que necesarias si se quiere conseguir un tratamiento ejemplar en el paciente.

Los síntomas del Alzheimer conductuales también constituyen una parte importante del trabajo y esfuerzo del que se encargan los tratamientos o terapias no farmacológicas en el Alzheimer.

Algunas terapias no farmacológicas se centran en el retraso de la institucionalización, llevadas a cabo por profesionales del trabajo social o personal de enfermería. Otras, se centran en la mejoría de la cognición con el objetivo de lograr un mejor aprendizaje verbal y visual gracias al entrenamiento de la memoria. Esto se consigue gracias a sesiones de grupo, donde los datos arrojan que se suelen conseguir los mejores resultados.

Es muy importante que el profesional clínico también haga partícipe de las terapias a los cuidadores para mantener activos a los pacientes en casa, más allá de lo que es la propia actividad que realiza el paciente en el centro de día junto a los profesionales clínicos (son cuestiones que se abordan en el apartado dedicado al cuidador).

Potenciar la autoestima y estado anímico

Las actividades de la vida cotidiana están íntimamente relacionadas con la posibilidad de generar cierta autonomía y confianza en el paciente en labores diarias que competen a su autocuidado, además de posibilidad mejorar la orientación del paciente.

Potenciar la autoestima y estado de ánimo del paciente es uno de los objetivos del tratamiento del Alzheimer.

Potenciar la autoestima del paciente es uno de los objetivos del tratamiento del Alzheimer.

Los síntomas conductuales del Alzheimer también constituyen una parte importante del trabajo y esfuerzo del que se encargan los tratamientos o terapias no farmacológicas en el Alzheimer. Viene a ser un trabajo de campo entre el profesional neuropsicólogo y el cuidador encaminado a recudir la gran variedad de síntomas del paciente. Haciendo hincapié en la ansiedad y depresión (dos síntomas presentes en el Alzheimer), el estado de ánimo también conforma una parte indispensable en el tratamiento de la enfermedad.

Teniendo claro que el Alzheimer tiene a su vez un componente importante ansioso-depresivo asociado, el abordaje se enfoca en reducir los desagradables síntomas del Alzheimer que trastornos asociados como la ansiedad o la depresión pueden producir mediante distintas intervenciones neuropsicológicas.

La salud del cuidador

No obstante, no solamente el paciente debe cuidar su salud mental, ya que el cuidador también requiere un tratamiento para su estado de ánimo. Se trata de personas que, sin tener a priori una formación suficiente sobre la enfermedad, se encuentran con la necesidad de hacer frente a una serie de problemas que se le escapan de su propio alcance con quien es además un ser querido dentro del entorno familiar.

Ansiedad y depresión también son trastornos asociados al cuidador junto con un agotamiento físico importante que, en ocasiones, pasan factura a nivel físico. Sesiones grupales de cuidadores resultan muy beneficiosas para tratarlo, dentro de un amplio abanico de posibilidades donde la interacción profesional-paciente-cuidador se hace imprescindible.

Otros tratamientos para la enfermedad de Alzheimer

La musicoterapia también puede ser de ayuda en el tratamiento

La musicoterapia también puede ser de ayuda en el tratamiento.

Además de los tratamientos descritos en los apartados anteriores, hay otros tratamientos alternativos que pueden ayudar a aliviar los síntomas del Alzheimer. Se trataría, especialmente, de la musicoterapia, la terapia asistida con animales, la terapia ocupacional o la logoterapia.

La musicoterapia dentro de las terapias no farmacológicas en el Alzheimer

Según la World Federation of Music Therapy (WFMT), “la musicoterapia busca descubrir potenciales y restituir funciones del individuo para que éste alcance una mejor organización intra e interpersonal y, consecuentemente, una mejor calidad de vida a través de la prevención y rehabilitación en un tratamiento”.

Según confirman los estudios científicos sobre el Alzheimer, la memoria emocional y la reacción a la música se conserva hasta los últimos momentos del avance de la enfermedad. Es decir: el Alzheimer no puede con la música. Incluso cuando se está en los últimos estadios de la patología, la persona es capaz de percibir la música con el consiguiente disfrute y reacción emocional.

En este contexto, un grupo de jóvenes de Granada (España) trabaja en el proyecto ‘Música para Despertar’, consiguiendo resultados sorprendentes en pacientes que, incluso, se encuentran en las últimas fases de la Enfermedad de Alzheimer (EA). Sus vídeos se han convertido en un fenómeno viral en Internet, consiguiendo millones de visitas y apariciones en medios de comunicación de todo el mundo.

Además de los tratamientos de Alzheimer con fármacos, existen otras terapias alternativas como la musicoterapia, el mindfulness o la terapia con animales,  que ayudan a aliviar los síntomas de la enfermedad.

El psicólogo Pepe Olmedo es el responsable de esta iniciativa, que junto a su hermana Mar Olmedo y otros neuropsicólogos, de forma totalmente voluntaria individualizan el tratamiento de musicoterapia pasiva a cada paciente. Reducir la agitación, la agresividad y el nerviosismo de los pacientes es el pilar fundamental donde se sustenta esta iniciativa que también busca despertar las emociones que lleven a una paz y felicidad a pacientes.

Por tanto, las terapias o tratamientos no farmacológicos pueden dividirse en las que requieren un componente físico (más fáciles de mantener estables), junto con otras más psicosociales.

Terapia asistida con animales

Las terapias con perros suponen un buen ejercicio de relajación para personas con Alzheimer.

Las terapias con perros suponen un buen ejercicio de relajación para personas con Alzheimer.

Como en tantas otras enfermedades, los animales son una terapia asistida cada vez más recurrida para aminorar síntomas del Alzheimer. Las terapias con perros, por ejemplo, suponen un buen ejercicio de relajación donde pacientes con Alzheimer, ya que consiguen mejorar su estado emocional gracias a la gratitud de los animales con los pacientes generándose una empatía positiva a todos los niveles. Todo ello guarda una relación directa con el sentido del tacto y cómo siente el ser humano los estímulos del exterior que le provocan emoción.

El papel del mindfulness en el Alzheimer

El mindfulness también es un ejercicio más que recomendable para pacientes con Alzheimer. Estudios de la Revista Española de Geriatría y Gerontología, informan que deben ser recomendables junto con el tratamiento farmacológico en el Alzheimer.

Suponen, al igual que en personas sin Alzheimer o demencias, una fuente de relajación que disminuye los niveles de ansiedad y depresión, consiguiendo al igual que en el caso de la musicoterapia, un efecto positivo en cuanto al estado emocional del paciente.

Tratamiento no farmacológico por la terapia ocupacional, la fisioterapia, la enfermería y la logoterapia

Además de las terapias no farmacológicas enmarcadas dentro de la neuropsicología, es importante destacar el papel de ramas profesionales como la terapia ocupacional, la fisioterapia, la enfermería y la logoterapia (aplicándose esto último solamente en los casos donde sea posible debido a que el lenguaje del paciente no esté lo suficientemente deteriorado).

Entre todos consiguen realizar un tratamiento individualizado al paciente con Alzheimer donde se traten los siguientes aspectos:

  • Técnicas de asistencia graduada.
  • Sesiones de reentrenamiento de la funcionalidad.
  • Utilización de estrategias compensatorias para adaptar las actividades diarias a la discapacidad de los pacientes con herramientas como agendas o bloc de notas.
  • Las modificaciones ambientales.
  • La correcta formación al cuidador (una figura importante que se tratará en otro apartado) modificación de la conducta.
  • Una higiene programada.
  • Micción inducida.
  • Programas de actividad física.
  • Masajes terapéuticos.
  • Uso adecuado de la medicación.
    La prevención del aislamiento social es un aspecto importante del tratamiento

    La prevención del aislamiento social es un aspecto importante del tratamiento.

  • Revisión de nutrición adecuada (evitándose caer en la malnutrición del paciente), prevención en lesiones de la piel.
  • Prevención de caídas.
  • Prevención de aislamiento social.
  • Control en alteraciones de la deglución.
  • Tratamiento de la comunicación y expresión del lenguaje oral y escrito.
  • Permitir un sistema alternativo de comunicación en aquellos que perdieron la capacidad.

Todas estas acciones llevadas a cabo por profesionales de distintas áreas, entendiéndose como equipo multidisciplinar, tendrán éxito si son realizadas de manera multidisciplinar como un equipo.

El paciente requiere de la atención de cada profesional siguiendo un patrón común que forma el tratamiento individualizado e integral a cada caso. La comunicación entre profesionales en el tratamiento es, sin duda, una máxima en la Enfermedad de Alzheimer (EA).

A grandes rasgos, todas las terapias no farmacológicas en el Alzheimer están encaminadas a mejorar la calidad de vida de los pacientes. El papel del neuropsicólogo es indispensable para ofrecer un buen tratamiento al paciente junto con una serie de profesionales de otros campos como los expuestos con anteriores que, unido al tratamiento farmacológico, conformarán ese equipo multidisciplinar tan necesario en una enfermedad como el Alzheimer.

Este artículo ha sido preparado por nuestros amigos de Brain Dynamics, empresa especializada en el estudio de la enfermedad desde soluciones tecnológicas con avanzadas técnicas de neuroimagen así como en la formación de profesionales en neurociencia y neuroimagen. Son una empresa líder a nivel nacional en este campo tan especializado. Aquí puedes visitarlos: www.brain-dynamics.org

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