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Elementos menores del aparato reproductor femenino

Elementos menores del aparato reproductor femenino

Dentro de las numerosas consultas que plantean las pacientes a los ginecólogos en Sevilla muchas de ellas reflejan el profundo desconocimiento que tienen de su aparato genital tanto de los órganos mayores o más conocidos como el útero, los ovarios o la trompa de Falopio sino también de los elementos menores como los ligamentos, el peritoneo o el periné. Es fundamental que las pacientes puedan disponer de la información adecuada acerca de estos órganos a veces denominados menores cuya descripción es la siguiente.

Por un lado, se encuentran los medios de sostén que están constituidos por una serie de ligamentos y formaciones fibromusculares a los que ayudan la adhesividad de unas vísceras con otras, la existencia de una presión adecuada intraperitoneal y la tonicidad de los músculos de pared abdominal y el diafragma. Desde el punto de vista anatómico los ginecólogos de Sevilla pueden distinguir el sistema ligamentario o suspensorio, el sistema parametrial y el diafragma pélvico. (Periné)

SISTEMA LIGAMENTARIO o suspensorio: Constituido por los ligamentos anchos y los ligamentos redondos. Los ligamentos anchos son dos ligamentos que están formados por el peritoneo, que a modo de alas cubre el útero, y se extienden hasta las paredes pelvianas, dividiendo la cavidad pelviana en dos compartimentos, anterior y posterior. En el espacio celular limitado por ambos ligamentos se encuentran distintos órganos: las trompas, los ligamentos del ovario, el ligamento redondo, los vasos, nervios y linfáticos, el parametrio y los vestigios embrionarios: epoóforo, paraoóforo. En cada uno de los ligamentos anchos se distinguen dos caras y cuatro bordes:

  • Borde superior: ocupado por la trompa en sus dos tercios internos, ésta se acoda a nivel del tercio externo.
  • Borde interno: se halla inserto en la pared lateral uterina.
  • Borde externo: constituye el extremo distal del ligamento y se inserta en la pared pelviana.
  • Borde inferior: es preferible considerarlo más como una base que como un borde, pues las hojas del ligamento ancho al llegar al suelo pelviano se separan entre sí por la interposición del tejido celular denominado parametrio. La arteria uterina discurre por el ligamento ancho acodándose a nivel de los parametrios donde contrae las importantes relaciones con el uréter.

    Los ligamentos redondos son otros dos ligamentos que parten de la cara anterior del útero, un poco por delante y debajo de la inserción tubárica y se dirigen oblicuamente hacia delante y afuera y algo hacia arriba, levantando la hoja anterior de los ligamentos anchos donde forman un relieve muy ostensible. Al llegar a nivel del orificio interno del conducto inguinal se acodan y penetran en el mismo, lo recorren y, a su salida, se desparraman en el tejido celular adiposo del monte de Venus llegando a los labios. Su longitud total es de 12 a 15 cm y su calibre de 2 a 5 mm.

    El peritoneo: El útero y las trompas están cubiertos por el peritoneo visceral; el que reviste al útero se llama perimetrio. La cara posterior del útero se encuentra totalmente tapizada por el peritoneo, que hacia abajo llega hasta la inserción de la vagina para ascender nuevamente hacia atrás, recubriendo el recto. De esta manera, la membrana denominada serosa forma entre el recto y el útero una depresión, llamada por los ginecólogos de Sevilla fondo de saco recto uterino. En la cara anterior, la serosa desciende aproximadamente hasta la altura del orificio uterino interno, donde se refleja hacia adelante para recubrir la vejiga. Debido a esta disposición la pared anterior de la porción cervical supra vaginal del útero no tiene revestimiento peritoneal (porción sub o extraperitoneal). La depresión peritoneal formada entre el útero y la vejiga es denomina por los ginecólogos de Sevilla como fondo de saco vesicoutorino. Las trompas también están revestidas de peritoneo, con excepción de los extremos de las franjas. Este peritoneo es continuación del uterino, cuyas hojas anterior y posterior se adosan en los bordes de la matriz, formando los ligamentos anchos que cubren, además de las trompas, a los ligamentos redondos y útero ováricos.

    El ovario es el único órgano intraperitoneal que no está revestido por el peritoneo; éste se detiene a nivel del hilio del ovario en una línea blanca denominada de Waldeyer-Farré.

    SISTEMA PARAMETRIAL: Está constituido por una serie de condensaciones fibrosas del suelo pelviano que anclan al útero a las paredes pélvicas. En este sistema podemos diferenciar: ligamentos pubo-uterinos (pubovesicales y vesicouterinos), ligamentos cardinales de Mackenrodt (parametrios) y ligamentos sacrouterinos.

    Los Ligamentos sacrouterinos: representan dos pliegues que tienen un trayecto en forma de arco que van desde los bordes del cuello uterino hacia el tejido fibroso que cubre la segunda y tercera vértebra saera, pasando a cada lado del recto. Marcan la entrada del fondo de saco de Douglas.

    El periné

    El periné

    El periné

    Ligamentos cardinales de Mackenrodt: forman parte del retinaculum uteri, que está constituido por las fascias (tejido conjuntivo) que llenan los espacios que existen entre los órganos contenidos en la pelvis, el peritoneo y el piso pelviano. El cuello del útero está fijado e implantado en este tejido conjuntivo de la pelvis. Los ligamentos cardinales unen los bordes del cuello uterino a las paredes laterales de la pelvis y se encuentran situados en la parte inferior (base) de los ligamentos anchos. Estos ligamentos desempeñan un papel muy importante como factores de sustentación del útero, constituyen además una fuerte vaina de contención y protección de los vasos sanguíneos del mismo.

    PERINE: Para el ginecólogo, el periné, en sentido estricto, es la zona comprendida entre la vulva y bordes posteriores de la pelvis (periné anterior = vulva-ano; periné posterior = detrás del ano). En sentido amplio, es el conjunto de formaciones que cierran la abertura pelviana por abajo. La pieza fundamental del periné está constituida por los elevadores del ano que forman la capa profunda del periné), con sus tres partes púbica, ilial y sacro-coxígea, y su disposición en forma de embudo.

    Los bordes libres internos de ambos elevadores (fascículos pubianos derecho e izquierdo) delimitan una abertura o hiato urogenital, por la que pasan la uretra, la vagina y el recto. El hiato urogenital está cerrado en parte por el diafragma urogenital y el tejido fibroso fascial, que rodea a la uretra y a la vagina.

    El diafragma urogenital está integrado por el músculo transverso profundo del periné (que forma la capa media del mismo) y por los músculos bulbo cavernosos, isquio cavernosos, transversos superficiales y esfínter estriado del ano (capa superficial del periné). Estos músculos están revestidos por el ligamento triangular del periné.

    La compleja denominación de todos estos órganos del aparato genital de las mujeres es una de las causas de su profundo desconocimiento y de la ausencia de información ante de falta de demanda por parte de las pacientes, circunstancias que deberían ser atenuadas en las visitas al ginecólogo en Sevilla que con toda seguridad puede resolver cualquier duda o desinformación.

La Ginecología en la Antigüedad

La Ginecología en la Antigüedad

Durante la Antigüedad, el ejercicio de la ginecología y de la obstetricia estaba limitado a las mujeres. Eran ellas las que se encargaban de atender a las embarazadas durante el parto y cuando existían enfermedades ginecológicas. No obstante, los hombres comenzaron paulatinamente a ocuparse de estas patologías. Así, por ejemplo, Sorano de Éfeso, que vivió a caballo entre los siglos primero y segundo de nuestra era, escribió sobre diversos temas relacionados con el parto, como la versión podálica o la silla obstétrica que por aquél entonces se utilizaba para dar a luz. Para encontrar primer hombre comadrona tenemos que esperar, sin embargo, al siglo séptimo, con Pablo de Egina, que ejerció como tal en Egipto y el Asia Menor.

En cuanto a las curiosidades sobre el instrumental, podemos decir que el uso del espéculo fue introducido por los hebreos, que lo utilizaban para examinar a las mujeres que padecían patologías tales como el prolapso uterino. Este rudimentario espéculo que utilizaban aquellos primeros ginecólogos, consistía en un cilindro móvil dentro de un tubo de plomo. En la Grecia clásica, utilizaban, para la exploración del útero, sondas de metal y dilatadores de madera.

Para encontrar las primeras pruebas del uso de fórceps como ayuda en los partos, tenemos que esperar al siglo II de nuestra era. En Grecia encontramos un bajorrelieve de esa época que ilustra la escena de un alumbramiento en la que un obstetra sostiene en su mano unas pinzas o fórceps junto a la mujer embarazada.

Con la caída del Imperio Romano y el advenimiento de la Edad Media, el interés y los pocos avances logrados hasta entonces en la ginecología y la obstetricia sufrieron un retroceso. Habrá que esperar a la Francia del siglo XVI para encontrar un renacer de estas disciplinas.

Y aunque el espíritu de ayuda y preocupación por la salud de la mujer sea el mismo hoy que el que tenían aquellos antiguos ginecólogos, por suerte para nosotros los conocimientos y el instrumental actuales están a años luz de los utilizados entonces. Puedes comprobarlo en la consulta de los Ginecólogos de Sevilla de BonoMédico.

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