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Residencias de ancianos en Pontevedra

Residencias de ancianos: el derecho a la información.

Toda persona residente tiene el derecho a la información, excepto en aquellos casos en que los usuarios tienen algún deterioro psiquiátrico que le imposibilita la comprensión, y es entonces a la familia a quién se le debe brindar la información. Este derecho a la información es importante a la hora de elegir la mejor residencia por las siguientes razones:

  • Porque el residente ha de seguir siendo el protagonista de su vida y tiene el derecho de poder tomar sus propias decisiones referidas a todo lo que concierne a su estancia en la residencia y a sus relaciones con los demás.
  • El tener acceso a la información es importante para cada persona, ya que esta puede desarrollar procesos propios de toma de decisiones (prevención de la heteronomía).

Lo anterior se dirige a desarrollar acciones con el propósito de mejorar el acceso y la transmisión de la información a los mayores en las residencias de ancianos en Pontevedra. Ésta debe ser referida tanto a cuestiones organizativas de carácter general (normas, reglamento interno, etcétera) como también a todo lo que involucre a los usuarios en la residencia y que se documenta en su Plan Personalizado de Atención (PPA). Y es que, al momento de ingresar en el centro de adultos mayores, se tiene que informar de las oportunidades de participación en actividades y relaciones (visita de los familiares, actividades con los nietos, vacaciones, actividades de voluntariado, acceso a nuevas tecnologías, estancias en balnearios, posibilidad de tener animales de compañía, etc.), de cómo controlar su espacio y objetos, de las elecciones, responsabilidades o riesgos que puede asumir, entre otras cosas.

Como elementos básicos en el desarrollo de ser una residencia de ancianos de calidad y que se cumpla ese derecho, se señalan la necesidad de profundizar en el derecho a la información como parte de la relación asistencial, la sistematización de la información del centro asistencial de mayores, el poder garantizar que ésta sea conocida y accesible para las personas usuarias (adaptada a las características, competencias y demandas de cada usuario) y, por último, las actitudes de cada persona para su desarrollo.

Hacer posible el derecho a la información de la persona usuaria (y/o de su familia, según cada caso individual) es un aspecto básico para el ejercicio de otros derechos fundamentales de los residentes.

Al contrario que los centros de día, tienen implantados diversos protocolos de funcionamiento que rigen la vida de la residencia como son la valoración del uso de sujeciones físicas, de hospitalización, de casos de defunción, etc.

Asegurar el acceso a la información relevante para las personas usuarias se trata de una buena práctica por parte de las residencias de mayores. Además se deberán tener en cuenta diferentes elementos fundamentales y ejecutar acciones como las que a continuación se mencionan:

Partiendo que el derecho a la información es un aspecto primordial de la calidad de vida y, por tanto, de toda relación asistencial, será imprescindible que todo el personal de la residencia revise sus actitudes, estereotipos y creencias sobre los derechos de las personas usuarias y, en especial, al de la información.

Deberemos hacer énfasis en que el derecho a la información va orientado a todas las dimensiones de los usuarios y que afecta a todos los profesionales.

El derecho a saber y a actuar son aspectos fundamentales en la calidad de vida de las personas y, si ésta es la meta de la relación asistencial, no podemos ignorar la responsabilidad en que sea posible y real el derecho a la información en las residencias.

No olvidar que los derechos acompañan a las personas hasta el día en que mueren, incluso en situaciones de enfermedad, de dependencia o heteronomía. Lo que puede cambiar es el modo de hacerlos valer, si no es directamente con los residentes (porque puedan estar incapacitados para su comprensión, por ejemplo, tras haber sufrido un ictus o por padecer alzhéimer o una demencia senil en cualquiera de sus clases), será a través de su familia o representante legal. Independientemente sea el caso, el papel de la residencia ha de ser siempre el de facilitar el ejercicio de este derecho, lo que implicará abordar las no pocas dificultades, incluso conflictos éticos.

Los familiares del residente pueden estar tranquilos respecto a la cualificación de los profesionales del centro ante el tratamiento de posibles complicaciones de salud que puedan aparecer, pues cuentan con una serie de protocolos para ello: de alteraciones de nutrición, de actuación ante úlceras por presión -y también de prevención de las mismas-, de rehabilitación-fisioterapia, etc.

Sistematizando la información por medio de soportes escritos y proporcionando la documentación principal de la residencia.

Una cuestión previa y fundamental para garantizar el derecho a la información de los residentes es que desde el centro se disponga de la principal documentación sistematizada, recogida por escrito, y que ésta sea disponible y accesible para las personas usuarias. Algunos documentos como los siguientes resultan fundamentales:

  • Plan de intervención o funcional de la residencia.
  • Cartas de servicios con los compromisos de calidad (instalaciones, adaptación de las estancias, actividades, etc.).
  • Carta de derechos y deberes de los usuarios concretados en la vida cotidiana en el centro.
  • Normativa de régimen interno (reglamento interno).
  • Planes personalizados de atención, como el de prevención de salidas involuntarias.

Es primordial que los residentes conozcan esta documentación, dónde se recoge, cómo acceder a ella y cuáles son sus principales usos. El profesional a cargo deberá encargase de todo ello garantizando que esta documentación resulte conocida y accesible para el residente y su familia. Es necesario evitar que la información sólo esté disponible para los profesionales o se conciba como algo ajeno e inaccesible para las demás personas.

Adaptando la información a cada persona. La información debe ser específicamente de cada residente en función de sus competencias, intereses, preocupaciones y demandas. Dicha necesidades y especificidades de cada individuo deben recogerse en la valoración integral. Por ello, es recomendable contemplar las siguientes acciones:

1. Detección de las necesidades de información

Es necesario registrar las necesidades de información de cada persona de la tercera edad. El profesional deberá anotar cuáles son sus demandas informativas, sus expectativas, sus intereses, qué preocupaciones tiene y qué respuestas de información solicita sobre las mismas.

Todo ello deberá constar en el documento del Plan Personalizado de Atención de la persona que se le documenta desde el primer día de ingreso a la residencia de ancianos en Pontevedra.

Los profesionales de atención directa del centro asistencial para mayores han de estar atentos a las posibles demandas de información de la persona usuaria. Es relevante valorar la tipología de información que se demanda ya que ésta puede ser referida a:

  • Informaciones genéricas, de funcionamiento de la residencia, actividades, entre otras.
  • Informaciones personales, relativas a su entorno, a su familia, a la muerte de algún familiar, aspectos relativos a su estado de salud (diagnósticos, pronóstico, oportunidades de rehabilitación, posibilidad de aceptar o rechazar tratamientos, etc.), al desarrollo de su Plan Personalizado de Atención, a sus cuidados personales, al manejo y control de sus enseres y objetos,  entre otras. Esta información está destinada a los propios residentes y no a su familia, siendo muy importante aquí la labor del psicólogo en la residencia.

En cualquiera de los dos casos se deberá respetar la confidencialidad y el espacio de intimidad ante las expectativas y respuestas que se vayan a ofrecer al residente. Debido a eso, el profesional deberá  facilitar y/o motivar a la persona para que pueda, si lo desea, utilizar la información de que dispone en la toma de decisiones. De igual forma, el profesional deberá respetar las decisiones que tome el usuario a partir de la información recibida y comprendida.

2. Valoración sobre qué cuestiones informar

Las personas con competencia suficiente para recibir información deben ser siempre informadas de todos los asuntos que les conciernan. 

En los casos de personas con limitaciones en su autonomía, el equipo deberá adaptar la información a las capacidades de la persona y del contexto. En estos casos el equipo profesional multidisciplinario debe evaluar qué información debe ser dada al usuario, siempre desde una perspectiva ética y sin afán de esconder información.

En personas con más heteronomía ante las informaciones genéricas, el equipo profesional podrá dar respuestas con inmediatez, mientras otras informaciones más delicadas deberán ser valoradas por el equipo, buscando siempre la forma de comunicación más adecuada evaluando su idoneidad, así como las consecuencias de brindarlas.

Sin menospreciar el derecho de la persona a la información y a tomar sus decisiones, en el caso de estas personas deberemos tomar criterios como los siguientes:

  • Las competencias para recibir la información en concreto, es decir, capacidad cognitiva para comprender lo que dicha información requiere o supone.
  • El impacto emocional en la persona  valorando, por ejemplo, el nivel de angustia que puede generar dicha información al usuario y que este pueda afectarle en su salud física por un paro cardíaco en el caso de generar mucha angustia u otra dolencia.
  • La gravedad de las consecuencias que puede generar un mal uso de dicha información por parte del residente, es decir, situaciones de seguridad, anímicas, de comportamiento. 

3. Desarrollo de sistemas de adaptación del lenguaje a las necesidades de la persona

Para toda persona los documentos deben ser desarrollados facilitando la comunicación, en lenguajes accesibles, utilizando un lenguaje sencillo, fácil de comprender, desarrollando sistemas de adaptación o traducción de dicha información a los residentes con capacidades diferentes. Esta adaptación puede realizarse por medio de sistemas de comunicación aumentativa, comunicadores u otros sistemas personalizados de comunicación (por ejemplo, por problemas auditivos).

El equipo profesional del centro deberá conocer y adaptar el sistema de comunicación más idóneo para cada persona usuaria garantizando que la información que se transmite es comprendida por el usuario.

4. Información a la persona usuaria

A la hora de brindar la información, el equipo debe realizarla de una forma personalizada, garantizando la privacidad y confidencialidad, así como también desde la escucha y empatía con el usuario.

El equipo cuenta con un área (habitación privada) de intimidad para transmitir la información donde se garantice la privacidad, y por supuesto, la confidencialidad de la misma.

La residencia de ancianos en Pontevedra no podrá recibir demandas ni transmitir información en espacios públicos como pasillos, salas generales, etc. Este aspecto de privacidad es de gran relevancia, ya que tiene que haber un espacio específico donde poder hablar de temas importantes y privados de la vida. De esta forma, se transmite a cada persona usuaria una actitud de escucha adecuada por parte de la residencia.

Todas las residencias de ancianos tienen perfectamente delimitadas sus líneas de actuación ante cualquier circunstancia que pudiese surgir a lo largo de la estancia, y es por ello que establecen una serie de protocolos de ingreso, de adaptación, de estimulación en planta, de psicogeriatría, de casos de conductas agresivas, etc.

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Derechos de las personas de la tercera edad

Todas las personas conocen a personas de la tercera edad, ya sea en su familia, vecinos o amigos. Las que todavía no son personas de la tercera edad ya quisieran tener asegurado ese pase a tan dichosa edad, porque ser un adulto mayor es un privilegio que conlleva más tiempo de vida, con el beneficio de tener muchas experiencias y sabiduría lo que supone vivir más. Sin embargo, no se trata solamente de vivir, sino de vivir de una mejor manera. 

Hasta hace poco la longevidad era algo extraordinario, pero en la actualidad es algo muy normal, es común ver personas de más de 80 años muy activas y están llenas de ilusión y tienen más ganas de vivir por más tiempo y lo aprovechan de mejor manera. Ellos tienen inquietudes sociales, culturales, tecnológicas y en muchos casos hasta deportivas o afectivas.

Debido a eso existen muchos derechos que se han destinados para las persona de la tercera edad, porque en muchos casos al llegar esa edad, la sociedad tiende a marginarlos e irrespeta los derechos fundamentales que son inherentes a la persona humana y fundamentales para una vida digna e integral.

Controlar el estrés en la vejez

El estrés es un factor de riesgo para la salud, pero las personas de la tercera edad son más sensibles a sus efectos. El estrés tiene un ciclo y comienza con la fase de alarma, en la que las reacciones son producto de la secreción de hormonas que tienen reacciones en el cuerpo después de unos minutos y su función es preparar al cuerpo para que tenga una acción rápida. Le sigue la fase de adaptación en la que las reacciones provocan que se inicie un proceso de resistencia al estado de estrés, por ende ahí es donde se compensan los gastos de energía que son producidos por el estrés,  y de esa manera, se previene el agotamiento del cuerpo, es decir se intenta retomar el estado normal.

Por último está la fase de agotamiento, que sucede cuando el estrés ya es crónico, por eso el cuerpo pierde su capacidad de respuesta y se agota. En esa fase es posible que la persona de la tercera edad desarrolle alguna enfermedad que le provoque que el cuerpo pierda la capacidad de activación. Por eso que se recomienda que las personas aprendan a manejar el estrés.

La importancia de la comunicación en la tercera edad

En algunas comunidades se han impulsado círculos de abuelos que permiten alcanzar un mejoramiento en la salud de los adultos mayores donde se alcanzan propósitos educativos y se establecen estrategias previstas para contribuir con la vida integral de estas personas. La participación frecuente en las actividades de estos grupos puede retrasar el declive funcional y reducir el riesgo de enfermedades crónicas en las personas mayores que se encuentran sanas o que padecen algunas enfermedades. Entablar conversaciones con otras personas contribuye a la salud mental y puede favorecer en los contactos sociales.

Son muchos los factores que influyen en el desarrollo de las actividades que realizan las personas de la tercera edad, entre ellos ocupa un lugar muy importante la comunicación, al tener en cuenta que por medio de ese proceso la persona recibe el conocimiento y la experiencia no solo de los especialistas sino también de otros adultos mayores, eso le permite expresar sus vivencias, necesidades, sentimientos e inquietudes. El proceso de enseñanza no es exclusivamente a la asimilación de habilidades y hábitos motores, sino también al desarrollo de la personalidad, la formación de valores y el desarrollo de habilidades comunicativas.

La incapacidad y la falta de apetito

En ciertos casos, la causa de la falta de apetito es la incapacidad física que puede ocasionar hasta desnutrición. Muchos ancianos que padecen de alguna incapacidad pueden llegar a desnutrirse por no poder salir a comprar comida, por no tener las capacidades para cocinarla o por no poder llevársela a la boca o incluso pueden no tragarla de manera adecuada. Así mismo, un adulto mayor desnutrido puede ir perdiendo su capacidad funcional hasta que llegan a ser completamente dependientes.

También, los problemas en la boca o las alteraciones en el sentido del gusto o del olfato, pueden general alteraciones en la estructura anatómica o en las funciones fisiológicas de la cavidad oral, que afectan la masticación o la deglución, esto puede influir en que un anciano no tenga una dieta adecuada. También las enfermedades dentales como las caries, la ausencia de piezas, padecimiento de gingivitis, periodontitis, problemas en la cavidad oral, de la musculatura oral, de la mandíbula y l articulación temporomandibular, de las glándulas salivales entre muchas más pueden contribuir a la aparición de la desnutrición. También se genera una pérdida de las papilas gustativas y una pérdida de la capacidad olfativa

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