Cirugía traumatológica en Madrid

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    ¿Cuáles son las principales lesiones de rodilla?

    Las rodillas se consideran el soporte del cuerpo, motivo de sobra por el que suponen una parte esencial del mismo, pues permiten la realización de actividades diarias como andar, correr, agacharse, etc.

    Debido a lo anteriormente comentado, una lesión de rodilla puede llegar a incapacitar al paciente, con las consiguientes complicaciones vitales que el mismo puede experimentar.

    Asimismo, dichas lesiones pueden extenderse a distintas áreas de la rodilla: huesos, cartílagos, músculos, ligamentos y tendones. Al producirse un fallo en alguna de estas zonas, se suceden esas situaciones en las que el paciente sufre molestias, incluso dolor, en el momento de andar, por ejemplo.

    Aunque suelan afectar a personas mayores especialmente, las complicaciones de rodillas son susceptibles de presentarse a cualquier edad. Sus causas poseen orígenes muy diversos: accidentes, traumatismos, caídas, ciertos deportes, torceduras, esguinces, etc.

    A la hora de realizar un diagnóstico mediante el que se verifique que el paciente en efecto presenta una determinada lesión en las rodillas, será necesario que el médico realice un examen físico con la finalidad de localizar el dolor y comprobar si se ha producido alguna inflamación. Además de dicho examen, también se ayudará de los antecedentes clínicos del paciente.

    Con la finalidad básica de obtener un diagnóstico más que evidente de la situación, se efectuarán una serie de pruebas como las radiografías, las densitometrías y resonancias magnéticas. Mediante ellas, se consigue concretar la zona exacta en la que se encuentra la lesión, así como determinar de qué tipo es y qué alcance tiene.

    Riesgos derivados de una artroscopia de cadera

    Al igual que el resto de intervenciones quirúrgicas, la artroscopia de cadera lleva asociados diferentes riesgos que el médico deberá notificar al paciente antes de la operación.

    A continuación se enumeran los que se consideran más comunes:

    • Hemorragia en la articulación de la cadera.
    • Formación de un coágulo de sangre en la pierna.
    • Rigidez en la cadera cuando algún nervio se ha visto dañado.
    • Daños en el cartílago o en el ligamento de la cadera.
    • Infección en la articulación.

    Además, existen otros factores de riesgo que están relacionados con la anestesia -por ejemplo, si el paciente presenta alguna alergia a determinados componentes- o con diversas dificultades respiratorias.

    A pesar de que el procedimiento no resulta excesivamente complicado, sí es cierto que precisa de cierta experiencia por parte del equipo médico. Así, los especialistas realizarán diversos exámenes previos que servirán para comprobar si el paciente se considera apto para la cirugía.

    En este sentido, las personas más jóvenes pueden someterse a una intervención de este tipo sin ningún problema. En cambio, en el caso de las personas mayores, será el médico quien evalúe y dictamine la conveniencia de practicar la cirugía o no. Para ello, realizará una serie de análisis previos. Esto se debe a que debe extremarse la precaución respecto a las personas mayores, impidiendo que sufran caídas y daños en la cadera, pues se presentarían muchas más dificultades.

    De todos modos, usted deberá acudir a su médico si tiene cualquier tipo duda acerca de este procedimiento de cirugía.

    Características de una artroscopia de hombro

    Una artroscopia de hombro consiste en aquella intervención quirúrgica en la que se utiliza una cámara diminuta –conocida como artroscopio- que servirá de ayuda para analizar o reconstruir tejidos de dicha articulación. Dicha cámara se inserta tras haber practicado una pequeña incisión en la piel.

    Es en el hombro donde se encuentran una serie de tendones y músculos encargados de cubrir la articulación, sostener el brazo en la enartrosis y también permitir que el hombro consiga moverse hacia una u otra dirección.

    Se trata de una intervención que precisa de anestesia de tipo general, es decir, el paciente no se encontrará consciente -y, por lo tanto, no sentirá dolor- durante la misma. Aunque no resulta demasiado habitual, también es posible utilizar anestesia local con sedación, con lo que el paciente permanecerá dormido y tampoco sufrirá dolor alguno.

    El cirujano realizará una pequeña incisión en la piel a través de la que introducirá el artroscopio con vistas a proceder al examen del hombro. Ese artroscopio se encuentra conectado a un monitor de vídeo.

    A continuación, se examinan tanto los tejidos de las articulaciones del hombro como la zona situada en la parte superior de dichas articulaciones -ligamentos, cartílago, tendones y huesos-. Finalmente, se corrigen los daños en el tejido.

    Con el objetivo de reconstruir los posibles desgarros que existan en los tendones, los músculos o los cartílagos, el cirujano efectúa de una a tres incisiones –más pequeñas todavía- mediante las que introduce otra clase de instrumentos.