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Cáncer de Testículo

Cáncer de Testículo

El cáncer de testículo es un tumor que se presenta más frecuentemente en varones con edades entre 15 y 35 años, representando el 1% de todas las neoplasias en varones. La frecuencia de aparición en las consultas de los urólogos ha ido aumentando en los últimos años. Afortunadamente es un tumor que en un alto porcentaje de los casos tiene un buen pronóstico, gracias a las mejoras introducidas en el diagnóstico y tratamiento de este tumor. La supervivencia de los pacientes con este tumor es superior al 95 %.

Según los urólogos de Madrid, la causa más frecuente del cáncer de testículo es la disgenesia gonadal unida a la criptorquidia. Esto sucede en los testículos que no han descendido o en los testículos en ascensor. La criptorquidia aumenta cinco veces el riesgo de cáncer de testículo, cuando el testículo se encuentra en el abdomen aumenta la frecuencia de este cáncer. La realización de la cirugía que deja fijado el testículo en el escroto durante los primeros años de vida disminuye de forma considerable el riesgo de padecer cáncer.

La forma más frecuente de presentación es como un nódulo o dolor a nivel del testículo. Los urólogos de Madrid recomiendan que antes estos síntomas (masa testicular o dolor testicular) se acuda al médico para así realizar un diagnóstico precoz del cáncer, lo que mejora significativamente el pronóstico. En caso de metástasis pueden aparecer otros síntomas como dolor lumbar, nauseas, vómitos, alteraciones gastrointestinales...

Ante la sospecha del tumor el urólogo realiza una ecografía testicular, TAC o analítica. La biopsia testicular no está, en general, recomendada ya que se puede producir una diseminación tumoral. El tratamiento de elección del cáncer de testículo es la orquiectomía o extirpación del testículo, vía inguinal. En casos de que el cáncer esté avanzado se usa la quimioterapia, además de la cirugía.

En los casos de que el paciente lo desee existe la posibilidad de preservar el esperma, para en un futuro poder tener hijos. Con las técnicas actuales se consiguen embarazos en un alto porcentaje de pacientes.

¿Cuáles son las características básicas del riñón?

¿Cuáles son las características básicas del riñón?

Los urólogos de Madrid describen como su misión fundamental el segregar orina para eliminar los productos de desecho del metabolismo proteico y mantener constante el volumen y la composición del espacio extracelular o medio interno. Por otra parte, elimina también sustancias extrañas e interviene en el control de la tensión arterial y de la eritropoyesis.

Para mantener constante el medio interno, precisa y dispone de un abundante flujo sanguíneo, para actuar sobre el plasma, representante del espacio extracelular en el interior de los vasos, y está sometido a la influencia de diversas hormonas —corticosuprarrenales, antidiurética—. Estas diversas funciones son desempeñadas por estructuras específicas del parénquima renal y es por ello que pueden verse alteradas aisladamente o en combinaciones varias que suelen objeto de frecuentes consultas para los urólogos de Madrid. Por la misma razón, la sintomatología de las enfermedades renales puede ser desde muy simple a notable­mente complicada; en todo caso va a ser más rica en signos de laboratorio y resultados anormales de pruebas funcionales que en síntomas y signos físicos.

Anatomía básica: la unidad funcional del riñón es la nefrona, constituida por un pelotón de capilares, que resultan de la división de la arteriola aferente, o glomérulo, rodeado por la cápsula de Bowman, cuya luz se continúa con la de los túbulos. De esta forma, la luz de los capilares glomerulares y la de la cápsula de Bowman están separadas por una pared integrada, de dentro a fuera, por el endotelio capilar, una membrana basal que consta de tres capas y las células epiteliales de la hoja visceral de la cápsula de Bowman o podocitos. En los túbulos cabe distinguir los siguientes segmentos: el tubo contorneado proximal, el asa de Henle con sus ramas descendente y ascendente, el tubo contorneado distal y el tubo colector, que desagua en los cálices. La arteriola aferente, al penetrar en el glomérulo, ofrece un conjunto de células o aparato yuxtaglomerular, que contacta con otro acumulo celular situado en la pared del tubo contorneado distal, que a este nivel se acerca a los glomérulos; este último acumulo celular es la mácula densa. En cuanto a la vascularización, las arterias renales dan origen, sucesi­vamente, a las interlobares, arciformes e interlobululares. De estas últimas surgen las arteriolas aferentes de los glomérulos. Las arteriolas eferentes de los glomérulos corticales se resuelven en capilares peritubulares. De las arteriolas eferentes de los glomérulos próximos a la médula surgen unas ramas que atraviesan la médula renal y dan origen a unas venas que siguen un trayecto paralelo; estas arterias y venas son los vasos rectos.

Circulación renal: Es muy activa, pues importa unos 1.200 cc/minuto y ello para unos órganos que sólo contribuyen al peso corporal con un 0,4 %. La razón de ser de este aporte sanguíneo tan ge­neroso es posibilitar el filtrado glomerular, y por ello el 80 % de la sangre está destinada a la corteza, que es donde residen los glomérulos.

La secreción de orina es la función fundamental del riñón. Es así como interviene en el mantenimiento de la constancia del medio interno y en la eliminación de productos de desecho del metabolismo y de sustancias extrañas. Los urólogos en Madrid han comprobado que la orina es el resultado final de la filtración glomerular y de la secreción y reabsorción tubulares.

La Filtración glomerular: La sangre que circula por los capilares de los glomérulos es filtrada a través de la membrana filtrante, o pared que separa la luz de los mismos de la de la cápsula de Bowman, cuya estructura ya conocemos. El filtrado, dadas las características de esta compleja membrana, contiene sólo agua y sustancias disueltas, pues no la pueden atravesar las moléculas que tengan un peso elevado. La filtración tiene lugar porque la presión hidrostática en los capilares —75 mmHg— supera a la suma de la oncótica —30 moiHg— y la capsular —20 mmHg—. El primero de estos factores, es decir, la presión hidrostática en los capilares, se mantiene constante aunque la P.A. varíe dentro de amplios límites —entre 80 y 180 mmHg—; esta autorregulación se lleva a cabo modificando de forma adecuada el tono de las arteriolas aferente y eferente. El filtrado glomerular, que importa unos 120 c.c./minuto o 150-l8O litros/día, pasa al espacio capsular, limitado por las hojas interna y externa de la cápsula de Bowmain, y a la luz tubular, o continuación de este espacio.

Reabsorción tubular: Si la orina primaria, que es el filtrado glomerular, supone l5O-180 litros/día y la orina definitiva aproximadamente 1 litro, ello supone que, al atravesar el túbulo, la mayor parte de los componentes de aquélla deben ser reabsorbidos. Esta reabsorción unas veces es activa y otras pasiva y para algunas sustancias de capacidad limitada; los detalles más in­teresantes que comentan los urólogos de Madrid son los siguientes:

  • Agua: Es absorbida pasivamente, siguiendo a los solutos o la diferencia de osmolaridad entre la luz tabular y el ambiente peritubular, en tanto lo permita la permeabilidad de la pared tubular —en la rama ascendente del asa de Henle es impermeable y en el tubo distal y colector la permeabilidad depende de la ADH—; el 6OJ8O % es absorbido en el tubo proximal, junto con el Na; K: La mayor parte del filtrado es reabsorbido activamente en el tubo pro­ximal.
  • Urea: una parte de la urea del filtrado glomerular es reabsorbido pasivamente a nivel del túbulo y la reabsorción es tanto más intensa cuanto mayor lo sea la del agua.
  • Acido úrico: Es reabsorbido casi totalmente en el tubo proximal;
  • Glucosa: Es reabsorbida activamente en el tubo proximal; el dintel es rebasado cuando la glucemia supera los 160-l8O mgrs.
  • Aminoácidos: 98 % de los filtrados son reabsorbidos activamente en el tubo proximal; la eliminación urinaria aumenta con la aminoacidemia.

Secreción tubular: Algunas sustancias se incorporan a la orina a nivel de los túbulos, procedente de la sangre de los capilares periuretrales. Así lo hacen diver­sas sustancias extrañas —medicamentos— y el ácido lírico en el tubo proximal y K, H+ y NH3 en el distal. El control de la secreción urinaria es muy preciso, y no podría ser de otra forma desde el momento en que ésta se encarga de mantener la constancia del medio interno, que está permanentemente amenazada. Los urólogos de Madrid recuerdan los siguientes me­canismos reguladores:

  • Control de la reabsorción de Na: En condiciones normales el 99 % del Na filtrado en el glomérulo debe ser reabsorbido en el túbulo y, aunque esta reabsorción tiene lugar a diversos niveles, el ajuste fino se realiza en el tubo contorneado distal, bajo la influencia de la aldosterona. Otro factor que influye sobre la reabsorción de Na, al que últimamente se está prestando especial atención, es la presión hidrostática y oncótica en los capilares peritubulares, a nivel del túbulo proximal Por ser estos capilares continuación de la arteriola eferente del glomérulo, la presión oncótica en los mismos será tanto mayor cuanto mas lo sea la fracción filtrada, es decir, el porcentaje de líquido hematíes que atraviesa la membrana filtrante —en condiciones normales 20 %—. Como es lógico, el aumento de la presión oncótica y la disminución de la hidrostá­tica en los capilares peritubulares favorecerán la reabsorción tubular y, de esta forma, es posible que se establezca un equilibrio glomérulo-tubular.
  • Control de la reabsorción de agua: Asimismo, de los 180 litros de filtrado glomerular deben ser reabsorbidos 1791 durante el tránsito por el túbulo, pues la cantidad de orina definitiva importa alrededor de 1 litro. También el agua es reabsorbida en diversas zonas, fundamentalmente en el túbulo proximal, pero el ajuste definitivo tiene lugar en el tubo distal y en los colectores, bajo la influencia de la hormona antidiurética (ADH), que hace permeable al agua a la pared de estos segmentos del tubo, permitiendo su paso al intersticio de la médula y, por tanto, su recuperación como aseguran los urólogos de Madrid. El intersticio de la médula es "hiperosmolar", merced, fundamen­talmente, a la actuación de un sistema de contracorriente en horquilla, cuyo movimiento principal es la eliminación activa de Na sin el agua correspondiente por las células de la rama ascendente, que no es permeable al agua (tam­bién interviene en el mantenimiento de esta hiperosmolaridad en el intersticio de la médula la urea). De esta forma, cuando la pared de los tubos colectores es permeable al agua, por haber actuado sobre ella la ADH, es posible según los urólogos de Madrid elaborar una orina más densa que el plasma, lo cual es muy favorable para ahorrar agua. La hormona antidurética, segregada en el hipotálamo, es almacenada en el lóbulo pos­terior de la hipófisis y liberada de acuerdo con las necesidades del organismo. El control de su liberación corre a cargo, fundamentalmente, de la osmolaridad del medio interno —la hiperosmolaridad la aumenta y la hipoosmolaridad la reduce—, que es captada por "osmorreceptores", situados también en el hipotálamo;
  • Control de la eliminación de K: Esta depende de la eliminación distal, que, en principio, es proporcional a la kaliemia. Actúa la aldosterona, que promueve la eliminación de K en intercambio con Na. Puesto que el K+ y los H+ compiten para ser intercambiados con Na, es fácilmente comprensible que las alteraciones del equilibrio ácido-base influyan sobre la eliminación de K.

Aparte de la secreción de orina, que es la función fundamental, los urólogos de Madrid describen también una función endocrina, ya que este órgano segrega renina y eritropoyetina e intervienen en el metabolismo de la vitamina D, dando origen a metabolitos de la misma que pueden ser considerados como hormonas:

  • La renina es producida en el aparato yuxtaglomerular. Se trata de un fermento que actuando sobre el hipertensinógeno, le transforma en angiotensina I; ésta, en virtud de la acción de otra enzima, pasa a angiotensina II o angiotensina efectiva, que, aparte de ser un potente agente vasoconstrictor —y por tanto, hipertensor—, actúa sobre la corteza suprarrenal estimulando la secreción de aldosterona. El control de la secreción de renina corre a cargo, fundamentalmente, de la presión en la arteria aferente del glomérulo y/o de la concentración de Na en la orina provisional que, procedente de la rama ascendente del asa de Henle, actúa sobre la mácula densa.
  • La eritropoyetina es un factor segregado también en el aparato yuxtaglomerular, si bien según estudios recientes es, como la angiotensina, el resultado de la acción de un factor renal sobre otro de origen hepático. Su función es estimularla eritropoyesis y el principal de los factores que rigen su secreción es la anoxia.

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