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El aparato circulatorio

El aparato circulatorio

Tiene como misión fundamental mantener la sangre en circulación, para aportar a los tejidos oxigeno y sustratos para su metabolismo y retirar los residuos. Para ello colaboran sus dos componentes, el corazón que impulsa la sangre y los vasos, que la distribuyen y la canalizan de nuevo hacia el corazón.

En cuanto al corazón los cardiólogos de Madrid destacan las patologías derivadas de los trastornos de las válvulas, de los de la frecuencia y del ritmo de la actividad cardíaca y de las situaciones en las que el riego coronario es insuficiente. En ellas se encuentran diversos síntomas y signos, derivados del trastorno en sí o de los mecanismos que tratan de compensarle así como el fracaso del corazón como bomba receptora e impulsora de la sangre, es decir, a la insuficiencia cardíaca, resultado de los trastornos anteriores, de diversas afecciones del miocardio y pericardio o de la sobrecarga impuesta por la elevación de la tensión arterial. También las manifestaciones de la insuficiencia cardíaca unas veces son expresión del fracaso funcional, y otras de la puesta en marcha de diversos mecanismos de compensación.

Respecto a los vasos los cardiólogos de Madrid destacan las alteraciones de una constante, la tensión arterial, pues repercuten desfavorablemente sobre el corazón y sobre los mismos vasos y la nutrición de los órganos. También se ocupan de otra forma de insuficiencia circulatoria, la periférica, en la que la responsabilidad del fracaso de la función no suele recaer sobre el corazón, sino sobre los vasos o la volemia. Por último, las estenosis y obstrucciones de los vasos, arterias y venas, son fuente de alteraciones circulatorias locales objeto de consulta por sus pacientes.

El aparato circulatorio, integrado por el corazón y los vasos sanguíneos, tiene a su cargo la función de movilizar la sangre para nutrir a los tejidos, retirar de los mismos los catabolitos y contribuir a mantener el equilibrio térmico.

El corazón consta de cuatro cavidades, las aurículas y los ventrículos y su pared de tres capas, endocardio, miocardio y pericardio.

El miocardio, que es la activa, dispone de un sistema encargado de la formación y conducción de estímulos y de fibras contráctiles. Las válvulas auriculo ventriculares ponen en comunicación a las aurículas y los ventrículos y las semilunares a éstos con las arterias.

La función cadiaca, estudiada por los cardiólogos de Madrid, es la inyección de la sangre en las arterias y supone que los estímulos sean formados y conducidos normalmente, que la contracción sea adecuada y la integridad del juego valvular, en el supuesto, naturalmente, de que la circulación periférica sea también normal.

  • Formación y conducción de estímulos: el sistema específico destinado a este fin se cumple porque tiene especialmente desarrolladas las propiedades del automatismo rítmico y de la conductividad. Dentro de este sistema actúa de marca pasos o de rector del ritmo cardíaco, el nódulo del seno, por ser el que genera estímulos con más frecuencia. Desde él, estos estímulos difunden a la musculatura auricular y, a través de ella, al nódulo auriculo ventricular y su continuación, que es el haz de His con sus dos ramas y las fibras de Purkinge; de esta forma alcanzan la musculatura ventricular, excitándola desde la superficie endocárdica a la pericárdica.
  • corazón

    corazón

  • Contracción: es la fuente de la fuerza impulsora de la sangre, más desarrollada en los ventrículos, que para ello poseen más masa muscular, y más en el izquierdo que en el derecho. Esta función es patrimonio de las auténticas fibras musculares, que, para ello, están dotadas de las propiedades de excitabilidad, contractilidad y refractoriedad, es decir, son estimulables, capaces de acortar su longitud desarrollando fuerza y posteriormente, durante cierto tiempo, no responden a los estímulos, por estar en período de recuperación.

    Para que la contracción sea normal, es preciso que el miocardio reciba suficiente provisión de oxígeno y nutrición, a través de la sangre que circula por las arterias coronarias. Y ello porque la contracción es un proceso que transforma energía química en mecánica. Para ésto el metabolismo miocárdico, fundamentalmente aerobio, degrada diversos sustratos, sobre todo glucosa, ácidos grasos y ácido láctico, para generar energía, que se acumula en forma de fosfocreatina y ATP.

  • La integridad del aparato valvular garantiza que la corriente siga una sola dirección y, precisamente, la adecuada, desde las aurículas a los ventrículos y desde éstos a las arterias; para ello, y obedeciendo a las diferencias depresión entre las correspondientes cavidades, las válvulas se abren cuando deben ser atravesadas por la sangre y están cerradas cuando deben evitar que ésta refluya. Las anomalías en el correcto funcionamiento de este aparato son causa de numerosas consultas a los los cardiólogos de Madrid.
  • Durante el ciclo cardiaco se suceden las siguientes fases: diástole ventricular, durante la cual las válvulas semilunares permanecen cerradas y las auriculoventriculares abiertas, para que fluya la sangre a su través, al principio pasivamente y al final impulsada por la contracción de las aurículas. Una vez llenos los ventrículos, comienza la sístole ventricular con la fase de contracción isométrica, durante la cual aumenta la presión dentro de la cavidad, sin que se reduzca su volumen, pues la sangre no puede ser expulsada en ninguna dirección, ya que la válvula auriculoventricular se ha cerrado al comienzo de la fase y la semilunar aún no se ha abierto; seguidamente se abre esta válvula y la sangre es expulsada, reduciéndose la cavidad, contracción isotónica, hasta que la presión en las grandes arterias, aorta y pulmonar, supera a la de los ventrículos y se cierran las cálvulas semilunares. En este momento comienza la diástole ventricular y el ciclo se repite de nuevo.
  • Los datos hemodinámicos normales más interesantes en los pacientes de los cardiólogos de Madrid, son los siguientes:
    • volumen latido: es la cantidad de sangre expulsada con cada sístole, que importa 40-47 cc./minuto/m2 de superficie corporal;
    • frecuencia: número de latidos por minuto, que oscila entre 50 y 80;
    • volumen minuto: cantidad de sangre expulsada en un minuto; en condiciones normales oscila entre 2,5 y 4,5 libros/minuto/m2 (resulta de multiplicar el volumen latido por la frecuencia).
    • volumen residual: cantidad de sangre que contiene el ventrículo al final de la sístole, que es aproximadamente igual al volumen latido
    • volumen sanguíneo que en el hombre es, por término medio, de 2,8 litros/m2 y en la mujer de 2,4 litros/m3;
    • tiempo circulatorio medio: es el que tarda una partícula de las que contiene la sangre en recorrer una vez todo el circuito, que oscila entre 30 y 40 segundos.

    Existen multitud de circunstancias fisiológicas como el ejercicio, la digestión, las emociones, que exigen un aumento del rendimiento del corazón, por incrementar el consumo de oxígeno en la periíeria. Este aumento se consigue a base de elevar el volumen/latido y la frecuencia cardíaca; a su vez, el aumento del volumen latido puede tener dos orígenes: incremento de la proporción de sangre expulsada en cada sístole, lo que supone una reducción del volumen residual, o aumento de la cantidad de sangre que recibe el ventrículo durante la diástole. Esto último depende de la circulación periférica y supone una mejoría del rendimiento porque cuanta más longitud tengan las fibras miocárdicas y, como es lógico, esta longitud aumenta cuando lo hace la replección diastólica, más eficiente es la contracción.

    Son muchas las técnicas auxiliares puestas al servicio del estudio funcional y, por tanto, clínico del corazón. Muchas de estas técnicas permiten la valoración gráfica y numérica de la alteración funcional.

    Sintomas de las Patologías del Corazón: Los más característicos de los síntomas obtenidos por los cardiólogos de Madrid en la revisión médica en los enfermos de corazón son la disnea, el dolor, la tos, las hemoptisis y las palpitaciones.

    Las palpitaciones son la sensación consciente de la actividad cardiaca, referida a la región precordial, al cuello o al epigastrio. Como demuestra la propia experiencia, en condiciones normales y en situación de reposo físico y de estabilidad emocional no es percibido el latido cardiaco. Es percibido y, por tanto, surgen palpitaciones por dos motivos:

    • Por disminución del umbral de la conciencia para el latido cardíaco. En este caso se perciben palpitaciones aunque la actividad cardíaca sea normal; este es el origen de las palpitaciones de los pacientes neuróticos.
    • Por aumento de la intensidad de la actividad cardíaca. Aunque no está definitivamente establecido, parece ser que no es precisamente el aumento del volumen latido el responsable inmediato de la sensación extraña, sino la contractilidad supranormal, que eleva rápidamente la presión intraventricular durante la fase de contracción isométrica, y el cierre brusco de las válvulas auriculoventriculares.

    Precisamente estos dos fenómenos son los responsables de que esté reforzado el primer tono y se puede suponer que están en relación con la sensación extraña porque normalmente suelen estar asociadas las palpitaciones y el refuerzo del primer tono. Las palpitaciones de este origen las encontramos en situaciones fisiológicas como esfuerzo y emociones y en situaciones patológicas como extrasístoles, taquicardias paroxísticas, fiebre, anemia, tirotoxicosis, hipogiucemia, etc.

Los cardiólogos de Madrid advierten: la mayoría de los infartos se podrían prevenir

Los cardiólogos de Madrid advierten: la mayoría de los infartos se podrían prevenir

Existe un debate abierto entre los cardiólogos de los sistemas sanitarios públicos europeos acerca del alcance de la responsabilidad del enfermo en su cuidado o control de su enfermedad tras ser intervenido quirúrgicamente. Como medida extrema ante la desatención o incluso rechazo expreso del enfermo a los consejos médicos se plantea la posibilidad de que los sistemas sanitarios públicos rechacen a los pacientes que no se cuiden adecuadamente.

Diversos estudios demuestran que casi un 80% de los enfermos de corazón que han sido intervenidos quirúrgicamente no controlan los factores de riesgo pasado un año desde su operación. La prevención de las enfermedades cardiovasculares está resultando una tarea imposible para las autoridades sanitarias y estamos hablando de la principal causa de muerte entre los españoles. Y no se trata de una enfermedad como el cáncer cuya prevención no ofrece resultados esperanzadores sino de una enfermedad perfectamente controlable en la que se conocen perfectamente los factores que la desarrollan: el infarto.

Los cardiólogos de Madrid resumen como factores de riesgo la obesidad, la diabetes, la hipertesión, el colesterol, el tabaco, el sedentarismo y la edad que son conocidos por más del 90% de la población y por el 100% de los enfermos de corazón. Sin embargo, los hábitos de vida saludables no logran implantarse en la mayoría de la población ni siquiera en la mayoría de los infartados. Ante esta desidia colectiva e irresponsabilidad en los casos de enfermos intervenidos previamente, se ha abierto en países como Suecia y Gran Bretaña el debate sobre la posibilidad de no atender a estos enfermos reincidentes y que deciden libremente perjudicar su salud. Se ha extendido entre la sociedad una sensación de impunidad y la falsa creencia de que "no me va a tocar a mí", con los trágicos resultados de cada año. Menos del 20% de los infartados cumplían las indicaciones de su cardiológo o de su cirujano en cuatro de los principales factores de riesgo (no fumar, control del colesterol, de la hipertensión y de la diabetes).

El debate acaba de empezar y no se sabe cómo puede terminar ante unos sistemas sanitarios cada vez más colapsados y con menores recursos económicos.

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(Los centros y/o especialistas que aparecen a continuación no trabajan con Bonomédico. Se muestran solo a título informativo.)

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