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Residencias de ancianos en Las Palmas

Residencias para asistidos. Ventajas.

La Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a Personas en Situación de Dependencia, entiende la dependencia como aquellas personas que no tienen autonomía propia para realizar sus actividades cotidianas de forma normal y que necesitan de la ayuda de otra persona para poder realizarlas, en este caso, de un profesional del área de la salud o de cuidadores capacitados en el área.

La dependencia en las personas se deriva de la edad, la enfermedad o la discapacidad, que van relacionadas a la pérdida de autonomía física, sensorial, mental o intelectual, en pocas palabras, al deterioro cognitivo. La determinación de esta dependencia puede hacerse a través de la valoración geriátrica integral.

Las personas dependientes necesitan fundamentalmente la ayuda de una u otras personas para realizar las actividades básicas de la vida diaria, entendiéndose las tareas más elementales de la persona como: bañarse, vestirse, peinarse, cepillarse, ponerse los zapatos, etcétera; así como, llevar a cabo actividades domésticas, reconocer personas y objetos, moverse, orientarse, comprender, o simplemente ejecutar o realizar tareas sencillas.

En ese contexto las residencias para ancianos asistidos, donde su gran mayoría de residentes son personas en situación de dependencia, persiguen dos funciones principales: ser un centro social que contribuya con un entorno humano para garantizar calidad de vida y proporcionar los cuidados y la seguridad necesarios -por ejemplo, con la prevención de salidas involuntarias- con ética a los ancianos asistidos.

Al contrario que los centros de día, tienen implantados diversos protocolos de funcionamiento que rigen la vida de la residencia como son la valoración del uso de sujeciones físicas, de hospitalización, de casos de defunción, etc.

En conclusión, la función principal de este tipo de residencia no solo se centra en la realización de actividades sociales para que interactúen y se comuniquen los residentes unos con otros, sino que ofrecen y desarrollan una atención integral que se enfocan en: cuidados asistenciales y de rehabilitación, servicios profesionales y creación de ambientes orientados a la mejora de las condiciones de vida en la residencia, además de los acompañamientos de los profesionales con los ancianos asistidos. De esta forma, siempre que sea posible, se conservará la propia autonomía personal, el apoyo mutuo, la autoayuda, la colaboración en la realización de las actividades diarias y el involucramiento de las familias.

Dos tipos de centros

Actualmente, existen dos tipos de asistencia al anciano en centros residenciales y centros de atención. Estos últimos, brindan atención y asistencia sanitaria, como hospitales y centros de salud, no solo a personas de la tercera edad, y dependen de la red pública sanitaria.

Mientras que, por otro lado, se encuentran los centros residenciales para mayores asistidos. En estas residencias las personas mayores que requieren de ayuda para realizar sus actividades de la vida diaria encontrarán a profesionales que les proporcionen toda esa ayuda que necesitan.

En la residencia de ancianos asistidos la incapacidad para el autogobierno no solo se limita a que la persona no solo no se encuentre físicamente bien, lo puede estar, pero puede sufrir una patología grave del sistema nervioso central que provoque que se comporte de forma inadecuada y ponga en riesgo tanto su vida como la de las demás personas. Son distintos tipos de demencia la que sufren los ancianos (alzhéimer, por ejemplo) y, por eso, deben ser llevados a las residencias de ancianos asistidos para que tengan una atención integral de profesionales.

De hecho, en España, existe una alarmante cifra de mayores internados en residencias para asistidos que sufren algún tipo de demencia por diferentes motivos. 

Los servicios que oferta la residencia para asistidos se basan en las características de los residentes, además de los básicos para las residencias: alojamiento, comida, actividades sociales, peluquería, farmacología, espacios de recreación, citas médicas con cada uno de los especialistas del centro, viajes, balnearios, etcétera, también se ofrecen servicios más enfocados en los cuidados del adulto mayor.

En estos centros asistidos siempre se cuenta con un equipo de enfermeras que ayudarán a las personas a llevar a cabo sus actividades y también con un médico calificado que se encargará de realizar las respectivas evaluaciones médicas a cada uno de los residentes. Dentro del área asistencial, se debe de contar con un médico que pueda estar directamente contratado por la residencia, aunque lo más recomendable es que corresponda a cada residente, según los servicios sanitarios, un centro de salud pública concreto.

Los familiares del residente pueden estar tranquilos respecto a la cualificación de los profesionales del centro ante el tratamiento de posibles complicaciones de salud que puedan aparecer, pues cuentan con una serie de protocolos para ello: de alteraciones de nutrición, de actuación ante úlceras por presión -y también de prevención de las mismas-, de rehabilitación-fisioterapia, etc.

Es importante no olvidar que la residencias de ancianos independientemente de su enfoque, son centros sociales especializados, eso significa que las necesidades de atención sanitarias como: pruebas diagnósticas, consultas médicas, recetas, operaciones quirúrgicas, ingresos hospitalarios, etcétera, deberán ser atendidos desde los centros de salud y hospitales, no desde la residencia. En este caso, el médico realizará la función de evaluar al paciente que se encuentre bien de salud mientras está alojado en la residencia, es decir, verificar que su presión está normal, la temperatura es adecuada, entre otros aspectos a tener en cuenta.

Por otra parte, en las residencias para asistidos es fundamental el servicio de enfermería, el cual debe estar compuesto por un equipo de auxiliares o graduados de enfermería con especialidad en geriatría y que sean coordinados por un Diplomado Universitario en Enfermería.

Este equipo debe garantizar la atención integral demandada por los residentes, de acuerdo a su grado de dependencia (acostarse y levantarse, higiene personal, hacerle cambios posturales, darle de comer, curas, darles sus medicamentos, aplicación de tratamientos, etcétera).

Estos dos profesionales (médico y enfermero) casi nunca se encuentran en las residencias para válidos, pues ellos no necesitan en ese momento ayuda para realizar sus actividades por sí mismos, además, en general se supone que se encuentran bien de salud. Esa se puede decir que es una de las grandes diferencias entre una residencia y otra. Tampoco podemos olvidarnos de la importante labor del psicólogo en estos casos.

Otra de las grandes diferencias con la residencias para asistidos es que los cuidados son más personalizados, debido a que las personas no pueden realizar sus actividades por sí mismas.

Los profesionales encargados de ayudar a los residentes en dichas actividades, deberán de guardar en todo momento la ética y la vida privada de cada persona, para que los residentes no se sientan incómodos de que les ayuden a realizar cualquier actividad íntima como lo es bañarse.

Las personas encargadas de estas tareas deben tener mucho respeto por las personas, hacerlas sentir en confianza y que todo forma parte de la vida normal de todo ser humano, que así como ellos hoy necesitan ayuda, en el futuro seremos nosotros quien la necesitaremos. En todo caso, sí habría que señalar que esta distinción entre válidos y asistidos es más teórica que práctica, ya que, en la realidad, hay tantos casos y grados como personas, no pudiendo establecerse una frontera nítida entre unos y otros, aunque sí es un criterio que tenemos que tener presente a la hora de elegir bien una residencia. Así, por ejemplo, podríamos señalar los diversos grados que pueden tener enfermedades como la artrosis (de cadera, de columna, etc.), la artritis, que puede ir desde leve, sin que impida que el mayor se valga por sí mismo o simplemente necesite alguna adaptación del entorno, hasta incapacitante y que precise de ayuda para las tareas cotidianas. Y lo mismo puede afirmarse de otros muchísimos casos, tanto a nivel físico, como los problemas auditivos, como a nivel cognoscitivo (ictus). Es el caso de las consecuencias derivadas de sufrir un ictus. Y es principalmente en este último supuesto en el que en la práctica surgen más dudas respecto a los límites, planteándose muchas veces la conveniencia de que los mayores desarrollen ciertas actividades o establezcan ciertas relaciones o parejas. Lo que sí está claro es que en la mayoría de los casos sí existen actividades beneficiosas para estos mayores, como los de tener un envejecimiento activo con acceso a nuevas tecnologías, realizar actividades con los nietos o, incluso, tener animales de compañía.

Todas las residencias de ancianos tienen perfectamente delimitadas sus líneas de actuación ante cualquier circunstancia que pudiese surgir a lo largo de la estancia, y es por ello que establecen una serie de protocolos de ingreso, de adaptación, de estimulación en planta, de psicogeriatría, de casos de conductas agresivas, etc.

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Algunos derechos para personas de la tercera edad

Muchos son los derechos a los que son acreedores las personas de la tercera edad, ellos pueden ejercer sus derechos y sus libertades fundamentales cuando estén viviendo en albergues o residencias de ancianos, donde deben ser respetadas su dignidad, la cultura, sus creencias, sus necesidades y la vida privada. Tienen derecho de tener acceso a recursos espirituales, recreativos y educacionales, a tener amistades o relaciones amorosas, a ser tratados con equidad sin importar su edad, raza, sexo, cultura o la situación de cualquier tipo y a ser valoradas, independientemente de las aportaciones económicas.  También tienen derecho a tomar sus propias decisiones en relación a la salud y al derecho a morir con plena dignidad, aceptando o rechazando los tratamientos que se relacionan con la prolongación de la vida.

Entre sus responsabilidades están permanecer activos y confiados en su propio esfuerzo, aprovechar los programas de alfabetización que se les brinde, así como actualizar sus conocimientos según sea necesario para que incrementen sus posibilidades de tener un empleo si desean continuar laboralmente activos, aprender y practicar hábitos de salud que beneficien su condición física y mental. Y compartir sus conocimientos con otras personas jóvenes.

Combatir el estrés con ejercicio

El ejercicio es un buen método para combatir el estrés, puede ser bastante útil en las personas de la tercera edad. Los paseos y las caminatas, hacer ejercicios aeróbicos o montar a bicicleta pueden incluso hacer más fuerte e independiente a un adulto mayor, porque el ejercicio puede bloquear los efectos de envejecimiento que producen los niveles de cortisol. Cualquier actividad que reduzca el estrés innecesario llenará los años avanzados de más alegrías. Muchas personas necesitan no hacer muchas cosas a la vez, otras en cambio, deben procurar hacer ejercicios de respiración o aplicar técnicas de relajación para liberar el estrés. En algunas ocasiones es preciso visitar a un psicólogo para que sea él quien brinde una nueva perspectiva de vida y recomienda una técnica para combatir el estrés.

Cualquiera que sea el método que se utilice, eliminar el exceso de estrés s fundamental para conservar la calidad de vida en la tercera edad. Muchas veces combatir el  estrés que padecen los adultos mayores permite impedir que sufran de discapacidades y de enfermedades. El resultado es que se sienten más sanos, felices y jóvenes, tienen más deseos de vivir y conservan su independencia y autonomía.

Hablar con las personas de la tercera edad brinda beneficios

Muchas veces parece que los problemas de salud que afectan la comunicación en las personas de la tercera edad genera un sinfín de confusiones constantes y es por eso que ellos parecen viven en un mundo diferente al del resto de personas, y es ahí donde se origina la inmensa distancia entre las edades, conocida como la brecha generacional. Sin embargo, eso no es del todo cierto, pero lo que representa problemas en la relación comunicativa entre las personas de diferentes edades es la ignorancia con la que se trata el tema. 

Por eso se debe hacer caso a algunas reglas de oro para tener una comunicación efectiva con los adultos mayores. Una de ellas, es vocalizar de manera correcta las palabras, eso significa que debe pronunciar exactamente todas y cada una de las letras siguiendo la entonación fonética. Además el tono no debe ser muy elevado, sin importar que se tenga agudeza natural en el estilo, porque en general todas las personas de la tercera edad se quejan que los demás hablan muy bajo. También es muy importante que intervenga uno a la vez para comprender mejor el mensaje.

Poco apetito en la tercera edad

Estudios revelan que la mayoría de las personas que tienen más de 70 años presentan una disminución del apetito debido a factores fisiológicos. Esto quiere decir que los adultos mayores comen menos porque disminuyen sus necesidades físicas y también porque a medida pasan los años el estómago pide menos cantidad ya que los olores y lo sabores son percibidos de una manera diferente, además, a eso se le agrega que los medicamentos que se consumen para combatir muchas de las enfermedades también inciden en el apetito. Otro de los factores que influyen en la disminución del apetito se relación con el entorno social, por ejemplo los adultos mayores que han sufrido la pérdida de un ser querido, que residen en casas para ancianos de manera involuntario tienen ingresos en los hospitales, sufren de un gran impacto en su ánimo y eso se puede ver reflejado en que dejan los platos de comida intactos.

También la falta de apetito puede ser un síntoma de alguna enfermedad que requiera de un apoyo psicológico, ya sea que sufra de depresión, ansiedad, tristeza o que cuando se evalué al paciente se identifique problemas en su estado anímico.

Casa segura, adulto mayor seguro

Ya sea que los familiares de la tercera edad se alojen en la casa por un tiempo o permanentemente, es necesario preparar la casa para su llegada. También es importante reconocer que  cuidarlos no es una tarea fácil ya sea a corto o largo plazo. Sin embargo, es necesario seguir consejos que faciliten el cuidado en el hogar.

Tener una persona de la tercera en la familia no es sólo preocupación de una sola persona, sino de la familia completa, es responsabilidad de todos en la casa, incluyendo a los hijos. Es necesario platicar lo que pasará, la duración de la estancia, adecuar el lugar en donde van a dormir, y todo lo que va a realizar  en la casa. También se deben considerar la condición de salud en la que se encuentra, de esa manera, la familia sabrá qué hacer en caso de una emergencia.

Se debe preparar a la familia para la llegada del familiar de la tercera edad. Así, no solo se está fomentando la cercanía, sino también se involucra a toda la familia. Además hace que la adaptación sea más fácil para y que se involucren en la toma de decisiones.

Sea abierto. Hable con su padre o madre sobre sus necesidades de adulto mayor

Las familias pueden hacer hasta lo imposible para evitar hablar con la madre o el padre sobre los problemas que están tendiendo en su situación de adulto mayor. Esa evasión de conversar viene por el miedo de abordar el tema y saber qué en realidad existen complicaciones de salud en las personas que un día cuidaron de nosotros.

Sin embargo, no tenga miedo, sea abierto a escuchar a sus padres y sus problemas e inquietudes. Poner en palabras lo que está sucediendo alivia a hijos y padres. Es necesario propiciar un ambiente donde se pueda poner de manifiesto los sentimientos. No obstante, en aquellos casos donde no se pueda hablar (porque el abuelo o abuela no quiera o no pueda, debido a una falta de cultura familiar) será recomendable consultar con un profesional de cómo se puede hacer. Al mismo tiempo es relevante visitar al médico de cabecera o médico geriatra, que contribuya a entender mejor lo que está pasando y asesore en cuanto a recursos disponibles.

En caso de ser necesario, se debe hablar con su progenitor sobre la conveniencia de tener a una persona que lo cuide y lo auxilie en aquellas tareas que no puede hacer solo.

Fases de actividad física para adultos mayores

El programa de actividad física para personas de la tercera edad debe incluir tres fases en la que se harán de la siguiente manera:

  1. Fase de Calentamiento.
  2. Fase de Fortalecimiento.
  3. Fase de Relajación.

Los ejercicios de resistencia solamente se recomiendan en los casos de competencia y de querer romper récords personales en el caso de personas que han entrenado buena parte de su vida, es por eso que no se incluyen en ese tipo de programas pero se pueden tomar en cuenta en los casos necesarios.

Para la fase de calentamiento se recomienda hacerla en un tiempo promedio de diez a quince minutos con movimientos lentos y continuos, es tendrá beneficios como:

  • Mejorar la función articular y la lubricación de las mismas.
  • Aumentar el ritmo cardiaco
  • Facilitar la recuperación muscular después de la contracción
  • Incrementar el nivel metabólico
  • Aumentar el volumen de sangre que llega a todos los tejidos
  • Incrementar el intercambio gaseoso
  • Incrementar la velocidad de transmisión del impulso nervioso
  • Disminuir la tensión muscular
  • Preparar psicológicamente a la persona de la tercera edad para la práctica de alguna actividad física.

Prevención de enfermedades para adultos mayores

Al pasar de los años, las personas de la tercera edad no tienen las vacunas necesarias y es por eso que se requiere de las pruebas de detección que recomiendan los médicos. Entre los servicios de prevención que tienen para las personas de la tercera edad están:

  • Examen de detección de cáncer de seno: Casi la mitad de los nuevos tipos de cáncer de seno se detectan en mujeres de más de 65 años de edad. Las mujeres que están entre los 50 y 74 años de edad se tienen que hacerla mamografía cada dos años para detectar el cáncer de seno. 
  • Vacunas contra el neumococo: Tanto la vacuna polisacárida contra el neumococo como la vacuna conjugada antineumocócica, son muy  importantes para prevenir la neumonía. Para las personas de la tercera edad que la padecen, esas vacunas previenen complicaciones que ponen en riesgo la vida. Eso es muy importante para las personas mayores de 60 años porque tienen más posibilidades de enfermarse de neumonía y tener complicaciones.
  • Vacuna contra la influenza: Esta vacuna ayuda a prevenir la gripe, por eso los ancianos se tienen que vacunar contra la influenza cada año.

Observar cómo funcionan los medicamentos en los adultos mayores

Se debe tener un cuaderno destinado a escribir las observaciones sobre la condición de salud de la persona de la tercera edad y además en muchas ocasiones funciona muy bien unirse a un grupo de apoyo contra el dolor para comparar cómo evolucionan otras personas de la tercera edad. Se debe insistir en que se revisen los medicamentos al menos una vez al año, para verificar la condición en la que se encuentran. 

Si se ha añadido un medicamento para tratar un efecto adverso de otro, se conoce como recetar en cascada. En vez de acumular más medicinas, se debe consultar al doctor si el primer medicamento se puede reemplazarse para resolver el problema. Si se requieren análisis para detectar cómo afecta un medicamento al cuerpo de una persona mayor, es necesario cerciorarse de que la persona de la tercera edad no pierde o pospone esas citas. Esa es una clave para evitar efectos secundarios graves, que después compliquen la salud. También, se deben escribir los resultados de los exámenes. Si más de un médico está implicado en el tratamiento del adulto mayor, se debe compartir los resultados con todos ellos.

Ayuda a la hora del baño

Según sea la relación con la persona de la tercera edad, puede sentirse incómoda con la idea de que alguien les ayude en ese tipo de rutina tan privada. Si la persona vive aún con su cónyuge, primero se puede recomendar que esa persona le ayude a bañarse. Así se puede conversa con ambos y establecer una rutina de baño frecuentemente.

Si el adulto mayor definitivamente no puede bañarse solo y se siente incómodo con la ayuda de otro familiar, en la mayoría de los casos, la mejor opción es contratar a un cuidador para que le asiste en esas u otras actividades. Ese tipo de servicios son fáciles de conseguir en la mayoría de las localidades. Se puede buscar en el directorio o en Internet a un profesional de la salud a domicilio o se puede buscar atención médica a domicilio. Así se puede programar una sesión de baño de por lo menos dos veces a la semana, también puede funcionar marcarlo en un calendario donde pueda verse con facilidad para recordarle fácilmente. De esa manera se logra obtener una preparación psicológica de que tiene que bañarse con frecuencia para relajarse y refrescarse.

Listado de residencias de ancianos en la provincia de Las Palmas

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