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Varicela: síntomas, causas y riesgos


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Publicado en Enfermedades

¿Quién no ha pasado la varicela de pequeño? ¿Quién, durante su infancia, no tuvo un amigo que pasó días encerrado en casa porque la tenía? La palabra varicela es una de las más temidas durante la niñez, no tanto por su gravedad (suele ser una enfermedad leve), como por lo molesta que resulta. La mayoría de las personas sufren esta conocida infección durante la infancia o, también, la adolescencia; otros se contagian cuando son más mayores. Los síntomas de la varicela son similares en todas las edades, las causas y la forma de contagio de esta patología también. En cuanto a los riesgos, suele decirse que estos son mayores cuando se sufre siendo adulto. 

La mayoría de los casos se producen en niños menores de 10 años, lo que hace que, en la actualidad, las escuelas y guarderías sean los lugares de contagio más frecuentes. La afección en bebés no es muy frecuente (menos del 1% según las estimaciones).

Por lo general, una vez que se ha superado la varicela, el virus permanece en el organismo, por lo que probablemente la persona no vuelva a padecer la enfermedad. No obstante, es importante saber que, en los adultos, el virus de la varicela puede causar culebrilla. 

Síntomas y tratamiento de la varicela

La varicela es una infección provocada por un virus llamado varicela-zoster (VZV) -del que más adelante se hablará-. Tras haber entrado en contacto con el virus, hay un periodo de incubación que suele ser de dos semanas, después de las cuales aparecen los primeros síntomas de la varicela

Su síntoma más típico es la aparición de múltiples erupciones en la piel, una especie de manchas rojas y planas que originan un picor intenso y molesto. Normalmente, estas comienzan a salir en la cara, el pecho y la espalda, zonas desde donde se extienden al resto del cuerpo (incluso la boca, párpados, vías respiratorias, recto y vagina).

Conforme el virus avanza, dichas manchas van tomando relieve y se transforman en ampollas con líquido y, más tarde, forman costras. Así, cada una de esas ampollas pasar por cinco fases: mácula, pápula, vesícula, pústula y costra. Todas ellas evolucionan con independencia del resto. 

En cuanto a su número, en los niños suelen desarrollarse unas 500 erupciones. Los adultos pueden presentar más ampollas que los menores.

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Aunque sea una enfermedad leve, se trata de un proceso bastante molesto e incómodo. Además, hay que sumar otros síntomas de la varicela, que vienen a complicar más el estado de salud del paciente:

  • Cansancio.
  • Falta de apetito.
  • Dolor de cabeza.
  • Fiebre.

Cómo se contagia la varicela

Es una enfermedad universal, es decir, se desarrolla en cualquier parte del mundo, y una de las características de la varicela es que se trata de una enfermedad muy contagiosa. La incidencia de este virus es mayor durante la primavera y el invierno, aunque pueden darse casos a lo largo de todo el año.

La varicela únicamente se contagia de una persona a otra, desde los tres días anteriores a la aparición de las erupciones en la piel, y hasta unos cinco días después. La primera vez que una persona entra en contacto con el virus varicela-zoster, se produce la infección y aparece la varicela.

Cabe decir que el contagio de la varicela se puede producir tanto por contacto directo, como indirecto. En el primero de los casos, la enfermedad se transmite mediante el contacto con las lesiones de la piel o por vía aérea, al toser o estornudar. En cuanto a la vía de contagio indirecto, es poco frecuente, pero se produce a través de objetos contaminados con el virus. 

Asimismo, también existe la posibilidad de que haya un contagio intrauterino, es decir, aquel que se produce desde una mujer embarazada al feto y que puede dar lugar al llamado síndrome de la varicela congénica.

Diagnóstico y tratamiento

Diagnóstico

La simple presencia de las ampollas es suficiente para diagnosticar la varicela, pero para no confundirla con otras enfermedades víricas con síntomas parecidos, como el sarampión o el herpes simple. Para ello, el médico realizará una serie de pruebas, siendo la determinante el análisis del líquido de las vesículas.

Tratamiento

Suele durar entre cinco y 10 días, durante los cuales las cremas y lociones de calamina serán los mejores aliados del enfermo para tratar la varicela. También ayudará darse baños con avena para aliviar los fuertes picores. Dado que uno de los principales riesgos de la varicela es el contagio, se suele recomendar aislar al paciente, al menos durante los primeros días de la enfermedad. 

Lo importante es llevar al niño al médico en el mismo momento en que se detecten indicios de varicela, y tomar todas las precauciones que el facultativo indique. Uno de los consejos más habituales es evitar rascarse o tocarse las ampollas, ya que estas se rompen con mucha facilidad y pueden quedar marcas en la piel.

Se recomienda no tomar ningún medicamento si este no ha sido recetado por el especialista, especialmente, se deberán evitar las aspirinas (o cualquier otro fármaco que contenga ácido acetilsalicílico), ya que la combinación de este medicamento con la varicela puede causar el síndrome de Reye (una enfermedad grave que provoca un daño cerebral súbito y problemas hepáticos). En su lugar se puede usar paracetamol.



La mayoría de las ampollas desaparecerán sin dejar cicatrices, salvo aquellas que se hayan infectado por alguna bacteria como consecuencia de haberse rascado. Para limpiar las heridas, se pueden aplicar compresas húmedas y baños con agua tibia.

Medicamentos

Normalmente, no hay que tomar ningún medicamento antiviral para tratar la varicela, pero en caso de que haya una infección, el médico procederá a prescribir antibióticos, como el aciclovir y el valaciclovir. Así, se utilizarán fármacos en estos casos:

  • En el caso de adultos y adolescentes con infecciones cutáneas o pulmonares (neumonía). También en aquellos que hayan estado tomando esteroides recientemente.
  • Para personas que han contraído la enfermedad al convivir con un paciente, puesto que normalmente experimentan una varicela más grave.

Cómo prevenir la varicela

Desde 1995 existe una vacuna para combatir la varicela, cuyo primer fin es precisamente evitar la propagación de un virus que hasta esas fechas acababa infectando prácticamente a todas las personas durante su infancia y adolescencia.

La vacuna ataca directamente a las causas de la varicela, es decir, al virus varicela-zoster y aunque no proporciona una protección total, sigue siendo la mejor forma de prevenir la enfermedad.

La vacuna contra la varicela

Como se ha dicho, la vacuna contra la varicela está recomendada como fórmula para evitar la propagación de la enfermedad. Normalmente, ayuda a prevenir la mayoría de los casos o, al menos, que los riesgos de la varicela sean menores. Es por ello por lo que se recomienda como parte del protocolo habitual para inmunizar a las personas durante su niñez.

Así, esta suele ser efectiva en el 80% de los casos y tiene unos efectos secundarios leves. Sus objetivos son:

  1. Evitar la propagación del virus.
  2. Evitar complicaciones.
  3. Evitar la reinfección posterior en forma de herpes zóster.

Con respecto al modo de empleo, este será diferente en niños y adultos. Entre los menores se suministra en dos fases: la primera entre los 12 y 15 meses, y la segunda cuando tienen entre 4 y 6 años. Después de esa edad, a partir de los 13 años, todas aquellas personas que ni hayan pasado la varicela ni hayan recibido la vacuna, deberían ponerse dos dosis con un intervalo de cuatro a ocho semanas.

Es posible que muchos adultos no recuerden si han pasado o no la varicela de pequeños, en estos casos, pueden comprobar con un análisis de sangre si su organismo tiene el virus. De cualquier modo, lo más seguro sería consultar con el médico y vacunarse.

La vacuna únicamente está contraindicada para ciertos grupos de personas, entre las que se encuentran las mujeres embarazadas, los enfermos graves, los que tengan un sistema inmunitario debilitado y los que hayan recibido una transfusión de sangre en los últimos cinco meses.

Riesgos de la varicela

Como se ha señalado antes, los síntomas de la varicela suelen afectar mayoritariamente a niños menores de 10 años, entre quienes es una patología de carácter leve, es decir, rara vez supone complicaciones. Pero, hay ocasiones en las que se pueden producir problemas.

Ya se ha dicho en el apartado anterior, pero conviene insistir en este aspecto, ya que uno de los riesgos de la varicela sobreviene si se toma un medicamento con ácido acetilsalicílico, como la aspirina. Esto puede suceder en cualquier paciente.

Por otra parte, existen varios colectivos en los que la varicela puede provocar complicaciones más serias. Estos son:

  • Adultos. En realidad, la incidencia de la varicela en adultos es de apenas el 5%, pero es en esta etapa de la vida donde la enfermedad es más grave. De hecho, el 50% de las muertes se producen en adultos.
  • Bebés menores de un año o niños prematuros.
  • Recién nacidos cuando la madre ha padecido varicela antes o durante el parto.
  • Niños con problemas en la piel, como dermatitis. También los que acaban de recuperarse de quemaduras de sol (en estos casos se puede llegar a tener hasta 1.500 ampollas).
  • Adolescentes.
  • Embarazadas.
  • Personas inmunosuprimidas, cuyo sistema inmunológico está debilitado.

En todos estos pacientes, los riesgos de la varicela son mayores, por lo que es probable que necesiten ser tratados con medicamentos antivirales para superar la patología.

Así, en los adultos, la varicela puede derivar en otras complicaciones más serias, como una neumonía o bronquitis, la encefalitis (inflamación del cerebro). En muy raras ocasiones, casos esporádicos, puede provocar un daño cerebral o la muerte. 

Que queden marcas o cicatrices, consecuencia de rascarse la piel, es otro de los riesgos de la varicela, el más probable de todos. En ocasiones, esto también puede causar una infección cutánea originada por gérmenes que puede difundirse por todo el cuerpo y derivar en fiebre.

¿Hay riesgo de recaída una vez que se pasa la varicela?

A largo plazo, el virus continúa habitando en las raíces nerviosas del organismo, en estado latente. Es decir, no desaparece una vez que se ha superado la enfermedad.

Con el paso de los años, el riesgo está en que el virus despierte y cause lo que se conoce comúnmente como culebrilla (herpes zóster), una patología que normalmente comienza con una sensación de cosquilleo, picazón y dolor en la piel. Esto es algo que sucede sobre todo en los adultos.

Los síntomas de la culebrilla son similares a los de la varicela, pero su duración es mucho mayor. Al poco de experimentar el cosquilleo y picor en la piel, aparecen unas erupciones de vesículas. Una vez que la erupción se ha curado, el dolor aún puede durar semanas, meses o incluso años.

Hay que aclarar que la culebrilla no se contagia, es decir, alguien con esta enfermedad no la transmite a una persona sana. Eso sí, hay que tener en cuenta que un portador o enfermo de la culebrilla puede contagiar la varicela.

El origen de la varicela

Por último, es interesante hacer referencia al origen de la varicela. Ya se ha indicado que las causas de la varicela hay que buscarlas en un virus, llamado varicela-zoster (VZV), pero ¿de dónde viene este virus?

Hay estudios que aseguran que este virus existe desde hace unos 70 millones de años y que, como ha sucedido con otros, ha ido evolucionando junto a la propia humanidad, reactivándose en formas diferentes hasta llegar a lo que es hoy.

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Así, algunas investigaciones sitúan al virus varicela-zoster ya en el periodo Jurásico, es decir, en la época de los dinosaurios, pero en forma de herpesvirus (su ancestro, por decirlo de algún modo). Cuando hace unos 145 millones de años los dinosaurios se extinguieron, el virus sobrevivió, adaptándose a los cambios, de modo que hay análisis de filogenética molecular que sugieren que es durante el Paleoceno (hace 65 millones de años) cuando aparece el primer progenitor del virus varicela-zoster, justo cuando empiezan a proliferar los primeros mamíferos. El crecimiento de la población y de los asentamientos urbanos hicieron el resto, ya que los mecanismos de propagación del virus cambiaron, apareciendo lo que hoy en día es la varicela. 

  • Artículo escrito por:
  • Doctor Francisco Javier Ruiz Solanes

  • Licenciado en 1989 en Medicina y Cirugía por la Universidad de Málaga (UMA)
  • Colegiado 6.024 del Colegio de Médicos de Málaga
  • Director Médico Grupo BonoMedico
 
 

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