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Tratamiento de la varicela


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Publicado en Enfermedades

La varicela es una patología bastante común en el período de la infancia que está originada por el virus varicela-zóster y suele provocar una erupción de vesículas, picor, cansancio y fiebre. Se trata de una erupción a nivel de la superficie de la piel bastante molesta, aunque es una enfermedad que suele ofrecer un carácter leve, un adecuado tratamiento de la varicela ayuda a superar esta patología. Sin embargo, si esta enfermedad llega a manifestarse en el lactante, adulto o persona que tenga un sistema inmunitario más debilitado de los normal a causa de cualquier otra enfermedad su acción será más grave.

La principal causa de origen de esta patología es un virus denominado Herpesvirus varicellae. Se trata, además de una enfermedad muy contagiosa capaz de propagarse por el mismo líquido que generan las erupciones de la piel o mediante la inhalación de gotitas contaminadas en el aire que respiramos que llegan aquí por la tos o el estornudo. Según los datos recogidos por el Instituto de Salud Carlos III un total de 160.956 casos de varicela fueron los registrados en 2014.

El agente patógeno de la varicela es el virus varicela zóster (VVZ) del grupo de los Herpesvirus, como hemos mencionado con anterioridad en el artículo. Además, este virus es agente patógeno del herpes zóster, que también puede causar dolor. En concreto, el virus de la varicela se propaga a través de la sangre de la persona infectada durante y después de la primera infección y va atacando de forma gradual a la superficie cutánea además de a las mucosas. Igualmente, puede llegar al sistema de células nerviosas y permanecer ubicado aquí pero de forma latente y de por vida. En diversas ocasiones este virus puede llegar a activarse y originar en el organismo de la persona el virus herpes zóster.

Además, el contacto de forma directa con el paciente infectado es una forma segura de contagio. En el caso de que una persona sana y con un nivel de sistema inmunitario normal se acerque a otra infectada por varicela puede ésta propagarse. Sin embargo, según diversos análisis realizados al respecto el contagio no se puede llevar a cabo a través de terceras personas. Además, se trata de una enfermedad que prolifera más en invierno y en primavera.

La varicela es una patología característica de la época de la infancia, de hecho es más frecuente su aparición en niños menores de 10 años por lo que su contagio es también habitual en escuelas y guarderías. En este sentido, los bebés infectados por varicela suelen representar casos mínimos y no llegan al 1%. Aunque estamos ante una enfermedad benigna, la varicela puede llegar a generar determinadas complicaciones como, por ejemplo, la muerte del paciente. Estos casos que responden a un total de 2 pacientes por 100.000 habitantes se dan en pacientes con una inmunidad normal; sin embargo, en paciente con un sistema inmunitario débil el riesgo se incrementa para llegar hasta el 20%.

Síntomas de la varicela

Antes de entrar a detallar el tratamiento de la varicela, conviene hacer referencia a los síntomas de esta enfermedad para así saber a qué hay que hacer frente. Sabemos ya que la varicela suele manifestarse en pequeños menores de 10 años y que se trata de una enfermedad benigna. En lo que respecta a sus síntomas, los más comunes se dan precisamente en niños de menos de diez años. Otro caso distinto es la varicela en adultos, en bebés o en niños cuyo sistema inmunitario no funciona bien. Son en estos casos en los que los síntomas se ven empeorados.

La mayoría de los niños que son infectados por el virus de la varicela suelen presentar una sintomatología común antes de que se observe el sarpullido a nivel cutáneo:

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  • Fiebre
  • Dolor de cabeza
  • Dolor de estómago
  • Malestar general
  • Dolor articular
  • Erupción
  • Fuerte picor por todo el cuerpo

Con un tratamiento para la varicela adecuado, todos estos síntomas suelen remitir al cabo de unos diez días. Transcurridos de 10 a 20 días desde que se produjo el contacto directo con la persona infectada de varicela, comenzará a apreciarse el sarpullido en la piel del niño. Comúnmente, el pequeño puede llegar a desarrollar de 250 a 500 ampollas que están rellenas de líquido y ubicadas sobre manchas rojas potencialmente visibles en la piel. A continuación señalamos algunas de las características que en la mayoría de los casos presentan las ampollas:

  • Una de las zonas en las que se suelen manifestar las primeras ampolla es en la cara, además de la parte media del cuerpo o el propio cuero cabelludo.
  • Transcurridos unos dos días desde su aparición, estas ampollas se suelen apagar tomando un color grisáceo. De forma gradual se irán convirtiendo en costras
  • Mientras unas ampollas se van secando otras comienzan a surgir en grupo
  • Con frecuencia las ampollas surgen en la zona de la boca, en la vagina o en los párpados
  • Aquellos pequeños que además presenten molestias cutáneas como, por ejemplo, el eccema, pueden llegar a manifestar miles de ampollas
  • La gran parte de las ampollas no tienden a dejar cicatrices excepto en el caso de que se lleguen a infectar como consecuencia del rascado
  • El diámetro de una ampolla se suele corresponder con poco más de medio centímetro

Síntomas de la varicela en bebés

La mayor parte de los bebés suelen recibir los anticuerpos contra el virus de la varicela de su madre a lo largo del período de embarazo. Es por ello, que es tan poco habitual que un bebé se contagie de esta enfermedad durante su primer año de vida. Sin embargo, existen casos de bebés con varicela aunque el transcurso de la patología suele ser muy leve.

Los síntomas que se pueden observar en los bebés son cansancio, fiebre, falta de apetito, además de erupciones, tos y mocos. La enfermedad en este caso suele tener una duración de entre cinco y diez días.

Síntomas de la varicela en adultos

Conforme pasan los años se intensifican los síntomas de la varicela en las personas. Lo más habitual es que los adultos y, en concreto las personas mayores, manifiesten una menor cantidad de ampollas que los niños. En edades adultas, también aumenta la posibilidad de que surjan complicaciones como resultado de la infección de varicela. En este sentido, podemos destacar complicaciones como la neumonía conocida también como neumonía varicelosa o la meningitis. Asimismo, el riesgo es mayor para aquellos pacientes que presentan otras afecciones pulmonares como asma o bronquitis. Y es que, según una de las miembros del Grupo de Trabajo de Enfermedades Infecciosas de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (semFYC) María Molero, “en un 10% de los casos puede haber complicaciones respiratorias que desemboquen en neumonía, bien originada por el propio virus o bien por otras bacterias”.

Los síntomas de la varicela en adultos no son evidentes hasta que se produce el brote de la enfermedad. Los más habituales suelen ser fiebre, cansancio, dolor de cabeza, dolor articular y falta de apetito. El curso de esta patología suele ser similar en adultos y niños. Sin embargo, si bien el período de incubación en ambos suele rondar las dos o tres semanas, en los adultos las ampollas son menos abundantes y tienen a confundirse con lesiones de la piel.

Ante la primer evidencia de que una persona se puede haber contagiado de varicela se recomienda acudir al médico. La principal forma de diagnosticar la varicela es la característica erupción cutánea que puede evidenciarse en forma de máculas eritematosas, descamación de la piel, ampollas y costras. Además, el agente patógeno se puede comprobar directamente del interior de las ampollas. Igualmente, un análisis de sangre en busca de los componentes del virus o en busca de los anticuerpos servirá igualmente de diagnóstico.

Tratamiento de la varicela

Lo más habitual es que el tratamiento de la varicela se limite a aliviar las molestias y síntomas que se presentan, ya que la infección va evolucionando con carácter leve. El principal objetivo se convierte entonces en facilitar la reducción del picor además de evitar las sobreinfecciones por bacterias al rascarse. Son muy diversas las formas de aliviar las molestias. Entre ellas, destacamos algunas:

  • Medios paliativos para el picor como fármacos, lociones o paños empapados en té de camomila.
  • Cuidado de la piel.
  • Reposos en cama.

Una de las principales premisas a la hora de proporcionar un tratamiento de la varicela de forma adecuada, es dar a la persona enferma la mayor comodidad posible. Las personas encargadas de esta condición pueden seguir los siguientes consejos:

  • Mantener las uñas del paciente muy cortas para evitar daños en la piel. Por supuesto, evitar que se rasque las ampollas ya que éstas pueden infectarse y dejar cicatriz
  • Proporcionarle al paciente ropa cómoda, suave y suelta que no incremente más aún la sensación de fuerte picor de las ampollas
  • Prepare baños de agua tibia con poco jabón. También es posible probar con baños de avena o almidón de maíz que incidirán en el nivel de suavidad de la piel
  • Aplicar un humectante y un calmante tras el baño para suavizar y refrescar la piel
  • Evitar la exposición a la humedad y al calor excesivo
  • La aplicación de cremas con hidrocortisona puede aliviar las zonas de picor

Si bien los medicamentos que tratan el virus de la varicela están disponibles, estos fármacos no se aplican a todos los pacientes:

  • Los antivirales no se prescriben a niños sanos y con síntomas comunes. En adultos y adolescentes con síntomas más graves sí.
  • Los fármacos antivirales sí que se pueden administrar a aquellas personas que además sufren de afecciones cutáneas o pulmonares para evitar complicaciones
  • Los medicamentos antivirales también se pueden recomendar al resto de integrantes de la familia debido a que de forma frecuente éstos presenta síntomas más graves

Tratamiento para la varicela en niños

En caso de que el niño o adulto presente fiebre se le puede administrar paracetamol como parte del tratamiento de la varicela. Por el contrario, el consumo de acetilsalicílico está completamente desaconsejado ya que su uso aumenta el riesgo de sufrir del conocido como Síndrome de Reye, es decir, un daño cerebral agudo además de la coexistencia de problemas en la actividad hepática que aún no tienen causa conocida. En este sentido, también se suele desaconsejar el consumo de ibuprofeno ya que diversos estudios lo relacionan, igualmente, con el surgimiento de diversas complicaciones para la salud del paciente.

El período a esperar para que el niño vuelva a la escuela o el adulto retome su actividad laboral se corresponde con el secado de las ampollas. En la mayoría de los casos las personas infectadas por el virus de la varicela se recuperan sin complicaciones.



Una persona que haya padecido varicela mantendrá en su organismo de por vida este virus pero de forma inactiva. Se estipula que en torno a uno de diez adultos padecerá de zóster una vez que el virus se active como consecuencia de un período dominado por el estrés continuo.

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En el caso de que el niño presente continuos vómitos, esté excesivamente adormilado, tenga dificultad para andar, evidencie una tos muy intensa, tenga dificultades para respirar, sienta molestias en el área del pecho, remita cierto dolor de estómago o una fiebre superior a 40 grados, se recomienda acudir al especialista. Por otro lado, la visita a urgencias deberá plantearse en el caso de que el niño presente un enrojecimiento, dolor o hinchazón excesivo en las zonas de las ampollas, sigue con fiebre durante más de una semana o las lesiones se siguen manifestando transcurridos más de siete días, para que se prescriba un adecuado tratamiento para la varicela.

  • Artículo escrito por:
  • Doctor Francisco Javier Galán Marín

  • El Dr. Francisco Javier Galán Marín es Cirujano Capilar.   Especialidad en Medicina Familiar y Comunitaria.

Aviso: esta página contiene artículos de contenido médico y sanitario pero en ningún momento debe tomarse como guía exclusiva para un problema de salud. Para cualquier duda sobre un problema de salud debe acudir al especialista. BonoMédico no es un consultorio médico.

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