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Tos ferina: síntomas y tratamiento


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Publicado en Enfermedades

Los síntomas de la tos ferina, o también conocida bajo el nombre de tos convulsiva o pertussis, pueden convertirse en el principal origen de graves enfermedades en bebés, niños, adolescentes o adultos. La tos ferina puede surgir a cualquier edad. Sin embargo, los bebés que son demasiado pequeños para haber recibido ya todas las vacunas o aquellos que no han completado aún el calendario de vacunación recomendado por la sanidad pública se sitúan entre la población de mayor riesgo. Asimismo, a estas edades el riesgo de padecer la versión más severa de esta patología también se incrementa.

Con estas vacunas se procura que la tos ferina no desemboque en enfermedades más severas.

Con estas vacunas se procura que la tos ferina no desemboque en enfermedades más severas.

Según datos del Ministerio de Sanidad en niños menores de un mes se estima una tasa de 325 casos por cada 100.000 habitantes. Un catarro inicial es lo que se detecta. “Sin embargo, este evoluciona hacia un cuadro de tos y dificultad respiratoria que se suele prolongar durante más de una semana. De forma esporádica puede desarrollarse lo que se conoce como una tos ferina maligna que requiere el ingreso hospitalario e incluso puede provocar la muerte”, nos señala uno de los miembros del Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría, Francisco Álvarez.

De hecho, bajo el objetivo de evitar el fallecimiento de recién nacidos los pediatras incorporaron hace un año la vacunación a embarazadas entre la semana 27 y la 36 de gestación. De esta forma, se consigue proteger al bebé hasta que reciba la primera dosis de su vacunación. Según la Asociación Española de Pediatría, “la tos ferina es una de las enfermedades infecciosas más contagiosas, que afectan principalmente a los lactantes menores de seis meses, a adolescentes y adultos, si bien el primer grupo es el más vulnerable”.

En concreto, la tos ferina es una infección bacteriana aguda que afecta a las vías respiratorias altas. La patología está originada por la bacteria Bordetella pertussis o Bordetella parapertussis, patógenos que afectan a personas de todas las edades. De fácil contagio, origina en la persona que la contrae una tos bastante agresiva y difícil de controlar cuya duración se puede alargar incluso hasta meses. Como se ha mencionado con anterioridad, la tos ferina está originada por una bacteria que se suele situar en boca, nariz y garganta del paciente. Al iniciar con síntomas muy parecidos a los de un resfriado común, la tos ferina es fácilmente confundible con una patología habitual y poco violenta. Sin embargo, estos síntomas, en principio inofensivos, continúan evolucionando hasta convertirse en una tos seca interrumpida por episodios de tos severa.

Síntomas de la tos ferina

El método principal para el contagio de la tos ferina es el contacto directo, es decir, de persona a persona, con moco o secreciones nasales y de la garganta de personas infectadas.

Lo más habitual es que sean los hermanos mayores los que instalen esta bacteria en casa llegando a infectar a los más pequeños.

Los síntomas de la tos ferina surgen comúnmente unos cinco o diez días después de la exposición a la bacteria. Otras veces pueden pasar incluso hasta tres semanas antes de que se evidencien los primeros síntomas.

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Los primeros síntomas que aparecen en pacientes vacunados son:

  • Tos que no suele durar muchos días.
  • Ataques de tos, sibilancias y vómitos como consecuencia precisamente de estos ataques de tos no surgen con tanta frecuencia.
  • Disminuye el porcentaje de niños con apnea, cianosis y vómitos.

Además, estos primeros síntomas podrían tener una duración estimada de entre una y dos semanas y pueden incluir:

  • Mocos.
  • Fiebre baja.
  • Tos leve ocasional.
  • Apnea.
  • Diarrea.
  • Rinorrea.

Los síntomas de la tos ferina en las etapas más avanzadas, es decir, tras un desarrollo de unas dos semanas, son:

  • Paroxismos de mucha tos rápida seguidos de fuerte sibilancias al respirar.
  • Vómitos durante o tras los ataques de tos.
  • Agotamiento tras los ataques de tos.
    El ataque de tos durante varios días es el síntoma más característico de la tos ferina.

    El ataque de tos durante varios días es el síntoma más característico de la tos ferina.

La tos ferina suele originar ataques de tos bastante bruscos, rápidos y repetidos que repercuten en la falta de aire en los pulmones. Esta falta de aire incide en el esfuerzo mayor que el paciente tiene que hacer para respirar, lo que también se denomina sibilancias. Los vómitos y el constante cansancio inciden en una sensación de quedar exhausto, lo que deja completamente agotado al paciente.

¿Cuáles son sus fases?

En resumen las etapas de esta enfermedad son:

Período de incubación

Tiene una duración de entre una y dos semanas. No presenta síntomas.

Período catarral o de inicio

Tiene una duración de unas dos semanas en las que predominan síntomas de resfriado inespecíficos como rinitis, estornudos, fiebre, lagrimeo, tos leve, seca e irritativa cada vez más intensa y de predominio nocturno.

Período de estado convulsivo o asfíctico

Tiene una duración de entorno a unas cuatro o seis semanas. En este tiempo la tos se convierte en paroxística o convulsiva.

Período de convalecencia o remisión

Tiene una duración de entre una y tres semanas. Los ataques de tos comienzan a remitir hasta llegar a desaparecer. Un resfriado común puede retornar las crisis de tos.

Complicaciones de la tos ferina

Esta infección puede originar determinadas complicaciones en el caso de que los síntomas de la tos ferina no sean debidamente diagnosticados y, por lo tanto, tratados. A continuación, señalamos algunas de estas complicaciones:

  • Neumonía.
  • Convulsiones.
  • Trastorno convulsivo permanente.
  • Hemorragia nasal.
  • Infecciones del oído.
  • Daño cerebral por falta de oxígeno.
  • Hemorragia cerebral.
  • Discapacidad intelectual.
  • Detención de la respiración o apnea.
  • Muerte.
Neumonía y convulsiones son algunas de las complicaciones que pueden derivarse.

Neumonía y convulsiones son algunas de las complicaciones que pueden derivarse.

La persona que esté a cargo del paciente deberá mantenerse atento ante la aparición de estas posibles complicaciones y ponerse en contacto con su médico de cabecera ante la aparición de alguno de los siguientes síntomas:



  • Coloración azulada de la piel que indica cierta falta de oxígeno.
  • Períodos de suspensión de la respiración (apnea) como consecuencia de crisis epilépticas o convulsiones.
  • Fiebre alta.
  • Vómitos persistentes.
  • Deshidratación.

La prevención como principal factor

Una de las alternativas más eficientes para combatir la aparición de la tos ferina es la vacunación. Mediante el seguimiento de las vacunas se puede controlar la transmisión de esta patología al resto de la población. Sin embargo, ni la inmunidad aportada por la vacuna ni la inmunidad natural del paciente son de carácter permanente.

Dado el brote que se produjo hace un año de esta enfermedad en nuestro país, la Asociación Española de Pediatría aconseja la vacunación de cualquier adolescente o adulto que mantenga o vaya a mantener contacto directo con un bebé. Hablamos de padres, abuelos, cuidadores de bebés, personal sanitario o profesoras de guarderías.

Como se ha mencionado con anterioridad las mujeres embarazadas deberán asimismo vacunarse con el objetivo de transferir los anticuerpos a través de la placenta. Cabe destacar que esta vacuna, al ser una vacuna inactiva, no afecta ni a la lactancia materna ni a la futura madre.

Para diagnosticar la tos ferina se precisa el análisis del cuadro clínico de los síntomas, son bastante claros en etapas ya desarrolladas. Sin embargo, puede darse el caso de que los síntomas no son manifiesten de una forma tan clara por lo que dificulta el diagnóstico real. Lo más habitual es que en bebés pequeños estos síntomas puedan confundirse con los de una neumonía.

Lo más seguro y eficaz es el envío al laboratorio para su análisis de las secreciones nasales.

Una vez que se haya determinado el diagnóstico y mientras que se aplica el tratamiento de la tos ferina que recomienda el especialista sanitario, se aconseja además:

  • Facilitar, en la medida de lo posible, el descanso del paciente.
  • Mantener la casa en la que reside el paciente libre de sustancias irritantes para evitar que se produzcan ataques de tos con mayor facilidad.
  • Ofrecer al paciente pequeñas cantidades de comida aunque de manera bastante frecuente para, de esta forma, mantener a raya los vómitos.
  • Procurar que el paciente consuma abundante líquido para evitar la deshidratación.

Sin duda mantener un adecuado calendario de vacunación nos permite prevenir la aparición de la tos ferina. Sin embargo, en cuestiones de prevención, y durante la aparición de un brote de tos ferina, se aconseja no llevar a la escuela ni a reuniones públicas a los niños menores de siete años que no hayan sido vacunados. Este rango de personas deberá permanecer aislado ante la sospecha de infección de alguien conocido. El período de aislamiento debería mantenerse hasta que transcurran unas dos semanas desde que se conoció el último caso de tos ferina.

Tratamiento de la tos ferina

A lo largo de los primeros días en los que se produce el contagio de la tos ferina, esta patología puede reducirse mediante la prescripción de antibióticos. Por el contrario, el diagnóstico suele ser tardío, por lo que los antibióticos ya no producirán efecto alguno en la mejora de salud del paciente. Especial atención merecen los bebés menores de 18 meses ya que esta patología puede conllevar la muerte del paciente. En este caso, se debe incrementar la supervisión de los bebés. Incluso algunos pueden llegar a ser hospitalizados.

El tratamiento mediante antibióticos no siempre resulta efectivo para paliar los efectos de la tos ferina.

El tratamiento mediante antibióticos no siempre resulta efectivo para paliar los efectos de la tos ferina.

En aquellos casos en los que el paciente requiera ser hospitalizado y, además, demuestre cierta aversión al consumo de líquidos, se le administrarán por vía intravenosa. Por otro lado, ni los expectorantes, ni los antitusígenos ni los jarabes están recomendados ya que no han demostrado ser eficaces en el tratamiento de la tos ferina.

La tos ferina es una patología de origen bacteriano por lo que el tratamiento adecuado es mediante la aplicación de antibióticos. Los medicamentos más recetados son aquellos que pertenecen al grupo de los macrólidos, siendo los más utilizados la azitromicina, claritromicina y eritromicina.

Otra forma de tratamiento se da en aquellas ocasiones en las que el desarrollo de la enfermedad origina múltiples ataques de tos. Al respecto, lo más habitual es que el tratamiento se complemente con otras medidas como tratamiento con oxígeno destinado a mejorar su capacidad respiratoria.

En cualquier caso, lo más importante ante cualquier sospecha de que podamos haber sido infectados de tos ferina es acudir con carácter de urgencia a nuestro médico de cabecera. Será el profesional el que nos dé las pautas de aquel posible tratamiento de la tos ferina que nos ofrezca una mayor eficacia en función de las características personales.

Según se desprende de los datos arrojados por el Ministerio de Sanidad, en este sentido, en nuestro país “se registran algo más de 3000 nuevos casos de tos ferina al año. La incidencia más alta se da en menores de un año, en especial, en bebés de menos de dos meses, edad a la que se administra la primera dosis de la vacuna”.

Otros datos importantes

La tos ferina es una patología que se origina en las vías respiratorias. Causada por la bacteria bordetella pertussis, se caracteriza por ser una enfermedad altamente contagiosa. De hecho, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) “la tos ferina es una importante causa de mortalidad infantil en todo el mundo y continúa siendo un importante problema de salud pública incluso en los países con una alta tasa de vacunación”.

En este sentido, y según los datos arrojados por el Centro Europeo para el Control y Prevención de Enfermedades (ECDC), “en 2013 la tos ferina mató a 63.000 niños menores de cinco años en todo el mundo”. Datos en los que nos podemos basar para calificar a la tos ferina como una enfermedad altamente peligrosa sobre todo entre los más pequeños.

Es por ello, por lo que se insiste tanto en la prevención de esta enfermedad. Como se ha mencionado con anterioridad tenemos a disposición una vacuna para la lucha contra esta patología. En este sentido, y según los datos ofrecidos por la OMS, “desde que se empezó a vacunar contra esta enfermedad se ha observado una reducción del 90% en la incidencia y la mortalidad de esta patología”.

En la actualidad no existe una vacuna que se haya confeccionado en exclusiva para la eliminación de la tos ferina.

La existente hoy en día es una mezcla en la que se integran otras inmunizaciones y otros componentes contra el tétanos, la difteria, la polio y la hepatitis b. En nuestro país disponemos de los siguientes tipos:

  • Vacuna hexavalente y Vacuna pentavalente
    Ambas vacunas se administran durante el primer y el segundo año de vida con dosis a los 2, 4, 6, 15 y 18 meses
  • Vacuna trivalente
    Esta vacuna se administra a los 4 y a los 6 años de edad

La vacuna combinada contra la tos ferina se introdujo en la sociedad occidental a mediados de los años 50. Desde entonces el mayor objetivo de esta vacuna era su administración a los más pequeños, con especial interés en los bebés recién nacidos. En la actualidad, diversos estudios han demostrado la eficiencia de la vacunación de tos ferina en mujeres embarazadas durante el tercer trimestre de gestación ya que la propia madre tiene la capacidad de dotar de anticuerpos contra esta enfermedad a su bebé hasta que se le administre la primera vacuna. En concreto, y según los estudios ejecutados por el Centro Europeo para el Control y Prevención de Enfermedades (ECDC), “la efectividad de la vacunación durante el embarazo sería del 91% si la dosis se administra siete días antes del parto”.

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Hoy en día aún no se ha elaborado una vacuna específica para combatir este mal.

Hoy en día aún no se ha elaborado una vacuna específica para combatir este mal.

A continuación, resumimos otros datos relevantes en relación con la tos ferina y su desarrollo:

  • La tos ferina se denomina asimismo tos convulsiva o pertussis y origina en el paciente un sonido parecido a las sibilancias cuando se trata de respirar tras un ataque de tos.
  • Los ataques de tos pueden repetirse a los largo de más de 10 semanas.
  • La tos ferina es conocida también por el nombre de la “tos de los 100 días”.
  • En torno a la mitad de los bebés infectados menores de un año requieren un tratamiento de la tos ferina en un centro hospitalario.
  • Tanto los niños como los adultos vacunados pueden contraer la infección y transmitir la tos ferina. En estos casos la patología suele aparecer con menor gravedad que si no estuviesen vacunados.
  • A nivel mundial se estima en 16 millones las personas infectadas por tos ferina, con cerca de 195.000 muertes de forma anual.
  • Fue en 2012 cuando se alcanzó un punto máximo de casos de contagio de tos ferina.
  • Con el paso del tiempo han ido aumentando los casos notificados de tos ferina. Desde mediados de los 80 se notó cierto incremento en la notificación. Ya en 2010 aumentaron los casos notificados entre niños de 7 a 10 años.
  • Artículo escrito por:
  • Doctora Maria José Fernández Jiménez

  • Licenciado en 1995 en Medicina y Cirugía por la Universidad de Málaga (UMA)
  • Colegiado 7.624 del Colegio de Médicos de Málaga
 
 

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