BonomédicoBlogEnfermedadesRiesgos de la operación de amígdalas

Riesgos de la operación de amígdalas


Comentar
Publicado en Enfermedades

Entendemos por amigdalitis aquel proceso en el que se inflaman e infectan las amígdalas, es decir, la zona más profunda de la garganta. En el caso de que el nivel de amigdalitis sea excesivo, lo habitual es que el especialista recomiende su extirpación para evitar futuras infecciones, advirtiendo siempre de los posibles riesgos de la operación de amígdalas. Otro caso es que el paciente sufra tal inflamación de las mismas que ni siquiera le permitan respirar a lo largo de la noche.

En concreto, las amígdalas son dos masas de tejido que tienen como finalidad eliminar las bacterias dañinas que suelen entrar tanto por la vía oral como por la nasal. Una de las complicaciones, en este sentido, es la permanencia de los gérmenes de tal forma que llegan a provocar grandes infecciones. Es decir, a efectos prácticos, las amígdalas comienzan a generar mayores complicaciones que las que suelen resolver.

Será entonces el momento en el que el especialista aconseje la extirpación de las amígdalas o lo que se conoce con el nombre de amigdalectomía. Una de las preguntas que con mayor frecuencia se suele hacer es qué tipo de efectos secundarios tiene la extirpación de las amígdalas, es decir, ¿puede el organismo vivir sin las amígdalas? La respuesta es, sin duda, afirmativa. Y es que tu cuerpo se amoldará a la ausencia de estos elementos combativos de gérmenes sin problema alguno.

Proceso previo a la intervención quirúrgica

De forma ordinaria, el especialista requerirá la realización de una serie de análisis tanto de sangre como de orina. Lo más seguro es que la noche previa al proceso quirúrgico el paciente no pueda comer ni beber nada con la intención de evitar el vómito a lo largo de la cirugía, ya que algo así podría interferir en el correcto desarrollo del procedimiento.

Justo el mismo día en el que el paciente se acomoda en su habitación del centro hospitalario elegido se llevará a cabo la realización de la cirugía. Antes de proceder a cualquier tipo de movimiento, el especialista le administrará al paciente anestesia con el objetivo de que el pequeño no llegue a sentir dolor o molestia alguna. En concreto, el procedimiento tendrá una duración de unos 20 minutos. A lo largo de este tiempo el médico procederá a mantener abierta la vía oral con la intención de extirparlas y detener cualquier tipo de hemorragia que se pueda llegar a producir, así como otros riesgos de la operación de amígdalas.

Una vez que la intervención finaliza de forma exitosa, el pequeño que se ha sometido a cirugía necesitará -como cualquier otro paciente- un período de tiempo para facilitar su recuperación. Durante las dos primeras semanas, lo más conveniente es que se limiten sus actividades, aunque lo aconseja

riesgos de la operación de amígdalas.

Antes de la intervención el especialista le indicará cuáles son los riesgos de la operación de amígdalas.

ble en este sentido es seguir las pautas especificadas por el especialista. Puede ser que el dolor de oídos acompañe al paciente durante las dos primeras semanas.

¿Sabes que con BonoMédico puedes acudir a más de 2.500 especialistas por sólo 39€ la consulta? Sin cuotas mensuales, sólo pagas si vas al médico. Consulta aquí como funciona.

Con respecto a su régimen alimenticio, lo más lógico es que se vea algo alterado, si bien una de las premisas es mantener los niveles de hidratación y de nutrientes pese a las limitaciones derivadas del proceso de la cirugía. En este sentido, es importante:

  • Que el pequeño beba de forma constante, incluyendo los zumos pero que no contengan elementos ácidos.
  • Las comidas en general deben tener una consistencia blanda como ocurre con la gelatina, el flan, el helado, los huevos revueltos, la pasta o los purés.
  • Otra de las premisas es evitar los productos calientes, picantes y ásperos como la fruta fresca, las tostadas, las galletas saladas o las patatas fritas.

Por otro lado, el adulto deberá estar pendiente de la toma de medicamentos recetada al paciente por los especialistas. En este sentido, lo más común es que se prescriban calmantes para aliviar en la medida de lo posible el dolor y facilitar el paso de los alimentos por la garganta así como antibióticos para evitar la aparición de infecciones.

Asimismo, signo de alerta será la aparición de los siguientes factores:

  • Temperatura más alta de 38 grados centígrados.
  • Dolor intenso que no cesa ni con el consumo de los medicamentos citados.
  • Sangrado de un rojo brillante.
  • Dificultad para respirar.

¿Cuáles son los riesgos de la operación de amígdalas?

Suelen ser menos recurrentes de lo que pensamos. Y es que las operaciones mediante las que se extirpan las amígdalas están a la orden del día y, por lo general, ofrecen altos índices de seguridad. Sin embargo, antes de llevar a cabo cualquier tipo de cirugía, una de las principales premisas es mantenerse informado sobre el procedimiento, los posibles efectos secundarios y las complicaciones que pueden llegar a surgir como consecuencia de la extirpación de las amígdalas.

Los efectos secundarios se corresponden con aquellos factores negativos, principalmente temporales, que se pueden llegar a experimentar tras la aplicación de la cirugía. Algunos de estas consecuencias se pueden resumir a continuación:

  • Dolor o molestias de garganta, de oído y rigidez en la mandíbula.
  • Nariz entaponada que suele descongestionarse transcurrida una semana.
  • Modificación de la voz, que puede llegar a sonar como nasal aunque suele desaparecer en el transcurso de unas dos semanas.

Como complicaciones o posibles riesgos de la operación de amígdalas contemplamos aquellos problemas que llegan a surgir a lo largo del proceso operatorio o justo tras la intervención, es decir, se trata de las reacciones inesperadas que propician la aplicación de la anestesia, la aparición de un abundante sangrado o el surgimiento de infecciones. En concreto, los problemas que pueden llegar a surgir como consecuencia de la propia extracción de las amígdalas pueden incluir los siguientes:

  • Sangrado que se produce una vez terminada la intervención quirúrgica.
  • Perjuicio en las piezas dentales o en la mandíbula debido al uso del instrumental quirúrgico requerido para la ejecución de la cirugía.
  • Aparición de infecciones en el área del pecho o complicaciones para respirar de forma adecuada como consecuencia del paso tanto de sangre como de tejidos excedentes de la operación desde la garganta hasta los pulmones.
  • Alteración en el músculo de la parte superior de la boca.

En concreto, cada intervención propiciará sus propios riesgos, ya que estos van a depender en gran medida tanto de la profesionalidad del especialista que ejecute la cirugía como de las características personales de cada paciente.

Mitos sobre los riesgos de la operación de amígdalas

Las amígdalas son esas pequeñas protuberancias que se encuentran localizadas en la parte más profunda de la garganta y que de manera natural forman parte del sistema linfático. En el momento en el que se produce una alteración en su forma de actuación, pueden dejar al paciente un par de días inhabilitado y, en el caso de que la infección persista, requieren -de forma literal- su eliminación por lo sano. Lo más habitual es que este tipo de cirugías se pongan en práctica en edades tempranas. Sin embargo, también se dan casos en los que los adultos precisan de su extirpación. Este factor se conoce como amigdalitis bacteriana recurrente o crónica.

A la hora de contemplar los riesgos de la operación de amígdalas y decidir si las extirpamos o no, muchos son los mitos que nos orientan hacia la toma de decisión. Sin embargo, hay que tener en cuenta que no todos ellos están en lo cierto.

Primera barrera de defensa

Una de las frases más comunes que conseguimos escuchar a nuestro alrededor con respecto a la extracción de las amígdalas es, por ejemplo, “son nuestra primera barrera ante potenciales enfermedades respiratorias”. En este sentido, y según la opinión de diferentes especialistas en la materia, transcurridos los seis o siete años de vida del paciente, las amígdalas no sirven para nada. Si bien estas protuberancias ubicadas en la parte más profunda de la garganta son esenciales para el desarrollo del sistema inmunológico y de anticuerpos en los más pequeños, una vez que cumplen su función -es decir, al llegar a los siete años-, dejan de tener efecto alguno. En este sentido, está sumamente comprobado que la extracción de las amígdalas en personas adultas no

Riesgos de la operación de amígdalas

Los niños son quienes menos padecen los riesgos de la operación de amígdalas.

supone cambio alguno para el sistema inmunológico, aunque, por otro lado, no existe consenso global para este tema.



Y es que la otra cara de la moneda nos arroja opiniones de expertos en la materia como las que señalamos a continuación: “las amígdalas sí son parte del sistema de defensa del árbol respiratorio”. Y es que en el interior tanto de la boca como de la faringe se ubica el conocido como anillo de Waldeyer, es decir, un compuesto de estaciones de relevo en las que las células de la inmunidad se potencian ganando en defensa. Diversos estudios demuestran, en este sentido, que las amígdalas son en su origen tejidos linfáticos, por lo que en su interior conviven células de inmunidad. A pesar de todo esto, bien es cierto que no supone una barrera para curar todos y cada uno de los males, ya que en su defecto el organismo dispone de diversas estaciones capaces de reemplazarlas

fácilmente.

Es mejor sacarse las amígdalas cuando eres niños que siendo adulto

Nada que ver con esto. Y es que las razones para extirpar las amígdalas en niños y en adultos nada tienen que ver:

  • En los adultos, el principal condicionante que potencia la extracción de las amígdalas es la repetición de cuadros de amigdalitis. Por su parte, en los más pequeños se suelen erradicar estas protuberancias por estar directamente relacionadas con la aparición de la apnea del sueño, ronquidos o determinadas complicaciones para respirar de forma adecuada.
  • A nivel de cicatrización, tampoco existen muchas diferencias entre el tiempo que tarda una herida en los pequeños en sanar a lo que tarda en los adultos. Sin embargo, sí que es cierto en los pacientes de edad adulta el proceso postoperatorio suele molestar algo más. Y es que los más pequeños, por norma general, parecen recuperarse más rápido de cualquier malestar, complicaciones o riesgos de la operación de amígdalas, mientras que por el contrario a las personas adultas les cuesta algo más volver a la normalidad.

Extraer las amígdalas debilita frente al contagio de afecciones respiratorias

Esta afirmación tan extendida se ha llegado a comprobar como un auténtico mito, es decir, no tiene nada que ver con la realidad. Y es que los diferentes estudios realizados al respecto demuestran las mismas probabilidades de sufrir infecciones tanto en las personas con amígdalas como en las personas que se las extrajeron hace tiempo. Es decir, el riesgo de padecer algún tipo de infección en la zona más profunda de la garganta sigue siendo el mismo y no existen evidencias que demuestren su incremento.
Una de las posibilidades que sí cabría contemplar sería la aparición de un cambio molecular a nivel de mediadores del sistema inmunológico, ya que la extirpación de las amígdalas puede incidir en una disminución de los niveles de inmunoglobulina A. En concreto, este factor es un anticuerpo que tiene una acción predominante en las secreciones mucosas, respiratorias, gastrointestinales y genitourinarias, es decir, favorece una defensa inicial contra los patógenos invasores previa a su penetración en el plasma, aunque también es cierto que este tipo de acciones se pueden complementar con el consumo de una alto nivel de lácteos.

Consumir helados alivia las molestias del proceso postoperatorio

Es uno de los grandes consuelos de los más pequeños. Y es que, para cualquier crío que se precie, someterse a una operación a cambio de helado a demanda puede suponer una grata recompensa. Sin embargo, el consumo de helados para evitar los dolores que pueden llegar a surgir tras la cirugía es más otro de los mitos que engloban la extirpación de las amígdalas.

Sí es cierto que la propia consistencia del helado lo convierte en un producto bastante beneficioso para que el paciente llegue a alimentarse sin sufrir grandes molestias -ya que no llega a lastimar las heridas existentes como consecuencia de la realización de la cirugía- y el hecho de estar a muy bajas temperaturas evita la vasodilatación -es decir, impide el sangrado repentino-, aunque el helado no tiene propiedades analgésicas.

En la actualidad, los procedimientos comienzan a cambiar. Antes, lo más normal era recomendar el consumo de helado por ser un alimento fácil de digerir y, a su vez, no dañar la zona profunda de la garganta, que es el área en la que se ha producido la herida quirúrgica. Hoy en día, los diversos estudios al respecto no limitan el consumo de este producto pero sí que inciden en la importancia de mantener una dieta que se acerque a su rutina normal. Las razones vienen también cargadas de peso, y es que el paso de alimentos de textura sólida por la zona que se corresponde con la parte trasera de la garganta ayuda a limpiar la herida al tiempo que facilita una adecuada cicatrización.

Con respecto al dolor, muchos son los pacientes que visualizarán el consumo de un alimento sólido tras la extirpación de las amígdalas como algo doloroso. Pues bien, queda demostrado que la ingesta de este tipo de alimentos también evita el dolor, ya que mantienen a los músculos en un trabajo constante, por lo que no llegan a atrofiarse y -por lo tanto- tampoco llegan a molestar.

Cirugía corta e inofensiva

Más que corta e inofensiva, se trata de un procedimiento que no suele retrasarse más de un par de horas y que, por lo general, no suele provocar la aparición de riesgos de la operación de amígdalas, aunque su período postoperatorio sí que suele requerir algo más de cuidado. Y es que se trata de un período de tiempo comprendido entre los 10 y 20 días, por lo que lo aconsejable es no tomárselo muy a la ligera e intentar no restarle demasiada importancia.

Transcurridos unos siete o diez días, las heridas realizadas por el proceso quirúrgico suelen haber sanado bastante. Si bien siempre cabe la posibilidad de que el paciente pueda sangrar a lo largo de los primeros 15 días, lo más probable es que ya pasadas las dos semanas el paciente pueda recuperar por completo su rutina habitual.

Como hemos comentado con anterioridad en este artículo, uno de los principales riesgos es la posibilidad de que surja alguna hemorragia. Rara vez suele presentarse justo a las primeras horas tras la ejecución de la cirugía. Lo más habitual es que se muestre más o menos como una semana después. Esta es una de las razones por las que no se realiza la extracción de las amígdalas a todo el mundo. Y es que aunque en pocas ocasiones el paciente se enfrente a la existencia de alguna complicación, en el caso de que los riesgos aparezcan sí que serían de alto nivel.

Novedades en el campo de la cirugía de extracción de las amígdalas

Gracias a los avances que nos ofrece la investigación en el campo de la Medicina podemos obtener beneficios en cuanto a reducción de complicaciones se refiere. Y es que recientemente se ha descubierto una técnica mediante la cual se llegan a disminuir a la mitad la posibilidad de aparición de los consiguientes riesgos de la operación de amígdalas.

Riesgos de la operación de amígdalas

Los riesgos de la operación de amígdalas son poco frecuentes, dándose más en adultos que en niños.

Dicha técnica, conocida como sellado de tejidos, consiste en la transmisión de calor de forma bastante precisa mediante el empleo de una pinza que añade en su centro un hilo muy fino que es el principal conductor de este calor. Así, el especialista logra un doble objetivo: en su intervención es capaz de sellar y cauterizar el tejido, es decir, lo corta y cauteriza con el objetivo de evitar cualquier posible sangrado.

Este tipo de técnicas ofrecen resultados óptimos al minimizar el daño que, por lo general, se suele hacer en el área de la intervención, ya que la aplicación de calor llega a difundirse en una zona limitada reduciendo así las complicaciones que puedan llegar a surgir. Otra de las ventajas que nos arroja la aplicación de este método es la limpieza de la zona, ya que ofrece la sensación de ni siquiera haber sido tocada, si bien es cierto que el tejido se lastima menos, por lo que la inflamación es más reducida y la cicatrización muy buena. A lo que estamos acostumbrados con las técnicas que se suelen poner en marcha para la extirpación de las amígdalas es a que se deje una especie de costra que favorece la inflamación y el dolor, además de incrementar las posibilidades de que en cualquier momento se produzca una hemorragia al desprenderse.

Hay que tener en cuenta que para proceder a la extirpación de las amígdalas se deben dar algunas de las siguientes causas:

  • Existencia de amigdalitis recurrente o inflamación del tejido.
  • Como consecuencia, trastornos obstructivos de la respiración.

En este sentido, son los adultos los que se operan en un 80% de las ocasiones por la presencia de amigdalitis y el 20% restante por obstrucción respiratoria. En el caso de los pacientes de edades tempranas -es decir, de los más pequeños-, las cifras se equiparan en ambos casos.

Si tienes algún problema de salud, recuerda que con BonoMédico puedes acudir a más de 2.500 especialistas por sólo 39€ la consulta. Consulta aquí como funciona.

La hemorragia postoperatoria y el dolor que deriva en la aparición de una serie de efectos secundarios son dos de las complicaciones que con mayor frecuencia se presentan tras la aplicación de la cirugía de extracción. Con la técnica de sellado, lo más común es que se minimicen estos riesgos de la operación de amígdalas tanto en los adultos como en los niños a corto y medio plazo. En este sentido, aunque tanto el método tradicional como el más novedoso consiguen los mismos resultados, es decir, eliminar las amígdalas, los resultados hablan por sí solos en cuanto a probabilidades de aparición de complicaciones.

  • Artículo escrito por:
  • Doctora Maria José Fernández Jiménez

  • Licenciado en 1995 en Medicina y Cirugía por la Universidad de Málaga (UMA)
  • Colegiado 7.624 del Colegio de Médicos de Málaga
 
 

Aviso: esta página contiene artículos de contenido médico y sanitario pero en ningún momento debe tomarse como guía exclusiva para un problema de salud. Para cualquier duda sobre un problema de salud debe acudir al especialista. BonoMédico no es un consultorio médico.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *