Riesgos del ictus


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Es aquel accidente cerebrovascular que se produce cuando la sangre que tiene que fluir a una parte del cerebro se para, motivo por el cual existen ciertos riesgos del ictus muy peligrosos. También se le conoce, entre otros términos, como:

  • Ataque cerebral.
  • Embolia.
  • Trombosis.
  • Infarto cerebral.
  • Hemorragia cerebral.

Cuando esto ocurre y el flujo sanguíneo se detiene durante más de unos segundos, el cerebro no puede recibir nutrientes y oxígenos, haciendo que las células cerebrales puedan llegar a morir causando a la persona un daño permanente e incluso irreparable.

El ictus es muy peligroso y es la primera causa de muerte entre las mujeres de nuestro país y la segunda entre los hombres, según se recoge en un estudio elaborado por neurólogos especialistas en esta materia. En nuestro país se produce cada seis minutos un nuevo ictus.

Esta enfermedad se genera porque disminuye o se obstruye el flujo sanguíneo. Esto hace que la sangre no llegue al cerebro con la cantidad adecuada y, debido a esto, las células nerviosas se quedan sin oxígeno dejando de funcionar.

Riesgos del ictus

A partir de cierta edad es más habitual poder padecerla. Concretamente a partir de los 55 años aumenta el riesgo. De hecho, hay investigaciones que avalan que más del 21% de la población española con más de 60 años tiene un elevado riesgo de sufrir un ictus en los próximos 10 años.

Pero la edad no es el único factor que influye a la hora de sufrir esta enfermedad, pues otras dolencias también la pueden generar. Entre otras destacan las siguientes:

  • Hipertensión arterial.
  • Las enfermedades cardíacas.
  • La diabetes.
  • La obesidad.
  • El tabaco.
  • La dislipemia.
  • El sedentarismo.
  • El consumo excesivo de alcohol.

Actualmente un 30% de los pacientes con ictus se quedan con secuelas como discapacidad, que se manifiesta en problemas de equilibrio, dificultad para hablar o déficit cognitivo. Solo un 40% de las personas que lo han padecido pueden ser independientes y valerse sin ayuda de otros. Una vez que se ha sufrido uno, se corre un mayor riesgo de ictus respecto a sufrir otro a los tres meses siguientes aunque se reciba tratamiento.

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El ictus es además una enfermedad que supone un gasto sanitario importante, por lo que se ha convertido en un problema socio-sanitario de relieve que precisa de una estrategia de prevención y control.

Tipos de ictus y sus causas

Se pueden encontrar dos clases de accidente cerebrovascular: el isquémico y el hemorrágico.

Accidente cerebrovascular isquémico

El vaso sanguíneo que riega con sangre al cerebro se bloquea por un coágulo sanguíneo. Esto es así por lo siguiente. Se forma un coágulo en una arteria que ya está muy estrecha, lo que produce un accidente cerebrovascular trombótico. En este caso también se puede producir por una sustancia pegajosa llamada placa que tapone las arterias.

Accidente cerebrovascular hemorrágico

Un coágulo se desprende de otro lugar de los vasos sanguíneos del cerebro o de alguna parte del cuerpo y se traslada hasta el cerebro, lo que se conoce como embolia cerebral o accidente cerebrovascular embólico. Esto sucede también cuando un vaso sanguíneo de una parte del cerebro se deteriora y se destruye, produciendo que la sangre vaya hasta el cerebro.

Hay personas que cuentan con vasos sanguíneos del cerebro defectuosos que les predisponen a sufrir esta afección. Dichos defectos pueden conllevar a:

  • Aneurisma.
  • Malformación arteriovenosa.

Otro de los motivos por el que se puede producir un accidente cerebrovascular hemorrágico es por tomar anticoagulantes. Entonces puede suceder que se incremente la presión arterial hasta tal punto que los vasos sanguíneos se rompan produciendo este accidente.

El accidente cerebrovascular isquémico se puede convenir en accidente cerebrovascular hemorrágico si presenta sangrado.

Factores de riesgo del ictus

La persona que tenga presión arterial alta contará con un mayor riesgo de ictus que quien tenga su presión arterial normal. Además, existen otros factores que predisponen a padecer esta afección como:

  • Padecer diabetes.
  • Colesterol alto.
  • Frecuencia cardíaca irregular -fibrilación auricular-.
  • Antecedentes familiares con esta enfermedad.
  • La edad -sobre todo a partir de los 55 años-.
  • Pertenecer a una raza étnica determinada. Las personas de raza negra son más propensas a morir de esta enfermedad.

Por otro lado, este tipo de accidente cerebrovascular es mayor en personas con problemas del corazón o mala circulación en las piernas producida por el estrechamiento de arterias, personas con malos hábitos de vida -fumadores, obesos o sedentarios-, mujeres que toman píldora anticonceptivas -sobre todo las que fuman y son mayores de 35 años-, mujeres embarazadas o mujeres que siguen terapia de reemplazo hormonal.

Síntomas

La persona que sufra un ictus, lo primero que notará es debilidad o sensibilidad en la cara, brazo y pierna de un lado del cuerpo, sensación de vértigo, visión doble, alteración repentina del habla y un dolor de cabeza fulminante. El hecho de detectar a tiempo estos síntomas es fundamental en la evolución del enfermo, pues se ha demostrado que los pacientes tratados de inmediato por neurólogos se recuperan de forma casi total o con muy pocas secuelas.
Los síntomas de esta enfermedad se mostrarán según la parte del cerebro que se haya dañado. Puede que incluso una persona no se dé cuenta de que ha sufrido un accidente cerebrovascular.

Por lo general, los síntomas se presentan de forma inmediata y sin aviso. Pero también hay casos en los que se dan de manera intermitente durante el primer o segundo día. Los síntomas por lo general son más graves cuando se acaba de producir el accidente cerebrovascular y llegan a empeorar lentamente.



Si hay sangrado asociado al accidente cerebrovascular se puede dar dolor de cabeza repentino e intenso que empeora al tumbarse boca arriba, despierta a la persona si está dormida y se agrava al cambiar de posición, hacer esfuerzo o toser.

Además de estos síntomas se puede dar el caso de que también sufra lo siguiente:

  • Dificultad para mantener el equilibrio o coordinación y para caminar.
  • Pérdida del control de los esfínteres.
  • Alteración en la lucidez mental -somnolencia, pérdida de conocimiento y coma-.
  • Pérdida de la memoria o confusión.
  • Problemas para comer.
  • Alteración del tacto y capacidad para sentir dolor, presión o temperaturas diferentes.
  • Variación en la audición o sentido del gusto.
  • Vértigo.
  • Problemas para leer o escribir.
  • Alteración de la visión o visión doble -e incluso ceguera total-.
  • Dificultad para hablar o entender lo que están hablando.
  • Estado de ánimo y de la personalidad muy cambiantes.
  • Entumecimiento u hormigueo en una parte del cuerpo.
  • Falta de fuerza en la musculatura de la cara, brazo o pierna -normalmente afecta solo a un lado-.

Pruebas médicas para detectar el ictus

Teniendo en cuenta estos síntomas, el médico le realizará al paciente un exhaustivo examen físico con el fin de verificarlos, es decir, si hay problemas de vista, movimiento, sensibilidad y si la persona puede comprender el habla y mantiene activos sus reflejos. De tal forma, dicho examen se repetirá durante cierto periodo de tiempo para comprobar si el accidente cerebrovascular está empeorando o mejorando.

Por otra parte, auscultará las arterias carótidas del cuello con un estetoscopio para ver si el ruido es normal o no, también llamado soplo, que es el que produce un flujo sanguíneo fuera de lo común.

Además revisará la presión arterial para comprobar si es alta.

También el médico podrá considerar conveniente realizar las siguientes pruebas para intentar encontrar el tipo, el lugar y la causa del accidente cerebrovascular y descartar otros problemas. Estas pruebas son:

  • Análisis de sangre.
  • Un electrocardiograma (ECG) y un monitoreo del ritmo cardíaco.
  • Ecografía -dúplex carotídeo- para comprobar si se han estrechado las arterias carótidas del cuello.
  • Una ecocardiografía para ver si el accidente cerebrovascular es fruto de un coágulo sanguíneo que viene del corazón.
  • Una angiografía de la cabeza para ver si hay un vaso sanguíneo que está bloqueado o sangrando y encontrarlo.
  • Una angiografía por resonancia magnética o angiografía por tomografía por ordenador para verificar que hay vasos sanguíneos anormales en el cerebro.

Tratamiento del ictus

Antes de entrar de lleno con el tratamiento, señalar que una de las claves para controlar y evitar las secuelas y riesgos del ictus es la atención inmediata de un especialista. Hay datos recogidos en distintos estudios que demuestran que el 97% de los pacientes que han padecido un ictus no han tenido un tratamiento correcto y por ello se le han producido más lesiones de carácter neurológico. De ahí que se afirme que un tercio de estos pacientes con infarto cerebral podrían salvarse o librarse de una grave discapacidad si se atendieran de inmediato en las unidades neurológicas. Tratar un ictus de forma precoz salvaría la vida de más 6.000 enfermos de los 40.000 que se cree que mueren cada año en nuestro país como consecuencia de dicha enfermedad.

Los expertos creen que deberían existir más unidades de ictus en los hospitales españoles para atender mejor a toda la población afectada.

No obstante, también es fundamental el papel de la atención primaria, que desempeña un papel esencial en la prevención de esta enfermedad y que, si contara con los recursos materiales y humanos necesarios, mejoraría también la adopción temprana de tratamientos. Por otra parte, la prevención secundaria debería establecer unas normas mediante el consenso de la atención primaria y especializada.

También la atención del ictus debería realizarse de forma más personalizada para conseguir mayores beneficios y evitar las secuelas. Para ello sería bueno que hubiera recursos que incorporaran terapia ocupacional, logopedia y fisioterapia de alto rendimiento a la rehabilitación de los pacientes que hayan sufrido esta enfermedad.

Este tipo de enfermedad debe ser tratada de urgencias, pues las personas que experimentan síntomas de un accidente cerebrovascular deben llegar al hospital lo antes posible.

En el caso de que el ictus haya sido causado por un coágulo sanguíneo se puede administrar un fármaco de tipo trombolítico para disolverlo. Este tratamiento debe comenzar entre 3 y 4 horas y media después de que comiencen los síntomas. Cuanto más pronto se inicie el tratamiento, más posibilidades tendrá el paciente de que se coja a tiempo y sufra pocas secuelas.

En el hospital se podrán también administrar otros tratamientos como:

  • Medicinas que sirvan para evitar o mejorar la hipertensión arterial, la diabetes y el colesterol alto.
  • Nutrientes y líquidos.
  • Anticoagulantes.
  • Cirugía o acciones que sirvan para aliviar los síntomas o prevenir más accidentes cerebrovasculares.

En caso de que el paciente lo precise, se iniciará en el hospital fisioterapia, terapia ocupacional, logopedia o terapia de deglución. En caso de que esta persona tenga problemas para alimentarse, se le pondrá una sonda en el estómago para ayudarle -sonda de gastrostomía-.

El tratamiento después de un accidente cerebrovascular busca ayudar al paciente a recuperar todas las funciones posibles y prevenir más ictus futuros.

La persona comenzará a recuperarse del ictus en el hospital o centro de rehabilitación y continuará haciéndolo cuando abandone el hospital o cuando regrese a su casa. Después de esto deberá asistir a las consultas de control que le aconseje su médico tras volver a su domicilio.

Pronóstico

La evolución de una persona que ha sufrido un ictus dependerá del tipo de accidente cerebrovascular que se produjese, la cantidad de tejido cerebral deteriorado, las funciones corporales que hayan resultado afectadas o la celeridad con la que se haya administrado el tratamiento.

Las secuelas del ictus que afectan a la movilidad, pensamiento y articulación de palabra de la persona suelen mejorar en las semanas o meses posteriores al accidente cerebrovascular.

Algunas personas que han padecido un ictus continúan mejorando en los meses o años siguientes a este.

Más de la mitad de los pacientes de ictus pueden desenvolverse y vivir en el hogar. No obstante, hay algunos que necesitan una persona que los ayude.

Si el tratamiento del ictus es el adecuado, los síntomas asociados a este pueden desaparecer. A pesar de ello, los pacientes a menudo no llegan a tiempo al hospital para poder ser tratados o no pueden tomar los fármacos debido a una afección.

Los pacientes que sufren un ictus producido por un coágulo de sangre -el de carácter isquémico- tienen más posibilidades de superarlo que aquellos que tienen un accidente cerebrovascular hemorrágico.

El peligro de sufrir un segundo ictus es mayor durante las semanas o meses posteriores al primero. Pasado este tiempo, el peligro de que se repita es menor.

Señales para detectar un ictus

Como hemos dicho, lo más importante del ictus es tratarlo a tiempo para evitar todo peligro y disminuir las posibles secuelas. Por ello, el conocer las señales que pueden advertirnos que alguien cercano lo está sufriendo es muy importante e incluso crucial.

Para empezar, el ictus es una enfermedad que tiene que tratarse de urgencias y de inmediato. Por ello, hay que llevar a la persona que puede estar sufriéndolo al hospital de inmediato. Las señales que nos hacen intuir que se está sufriendo un accidente cerebrovascular son:

  • La persona no puede sonreír y uno de sus lados de la cara está paralizado y le cuelga.
  • Tampoco puede levantar los brazos y uno se desplaza hacia abajo.
  • A pesar de que se le pide que repita una oración simple, no puede hacerlo y arrastra las palabras y no repite la frase correctamente.

Si alguno de estos síntomas se produce, deberá llevar a la persona a un hospital para que le atiendan de inmediato, pues de ello dependerá su vida.

Prevenir un ictus

Hasta ahora hemos expuesto la gravedad y alcance de esta terrible enfermedad, pero lo mejor es que se puede prevenir y evitar. Si se tuviesen bajo control los factores de riesgo se podría disminuir su incidencia hasta en un 80% de los casos, según dicen los profesionales médicos. Hay estudios que apuntan a que menos de un tercio de los pacientes que han tenido un ictus isquémico tienen los factores de riesgo controlados. Gran parte de estos pacientes están siendo tratados, pero la mejoría solo la consigue uno de cada cuatro. Por eso, la prevención es muy importante. Los factores de riesgo que se pueden cambiar para evitar el ictus isquémico coinciden en gran parte con los factores de riesgo de la enfermedad isquémica coronaria y son de dos clases:

  • Aquellos factores de riesgo que se producen como consecuencia de padecer otras enfermedades como la hipertensión, hiperlipidemia, diabetes mellitus, estenosis carotídea, fibrilación auricular, anemia falciforme o simplemente por fumar.
  • Otros factores potenciales más relacionados con estilos de vida como pueden ser: sedentarismo, obesidad, alcoholismo, nutrición deficiente, drogadicción o, en otra línea, padecer hiperhomocisteinemia, hipercoagulabilidad, estar sometido a terapia hormonal sustitutoria o tomar anticonceptivos, tener procesos inflamatorios y apnea del sueño.

A continuación analizaremos alguno de los factores más determinantes a la hora de que se produzca un ictus:

Hipertensión

El 67% de las personas que han padecido un ictus tienen la presión arterial alta. Por ello, la relación entre hipertensión arterial y riesgo de sufrir un accidente isquémico -incluyendo ictus- es muy directa. La hipertensión arterial multiplica por cinco el riesgo de ictus. El control de este parámetro evitaría cada año el 40% de las muertes por esta enfermedad. Actualmente se considera una presión arterial normal aquella que se encuentre por debajo de 140/90 mm Hg. En el caso de diabéticos o con enfermedad renal crónica las cifras deberían ser inferiores a 130/80 mm Hg.

Hiperlipidemia

Tener elevados los índices de colesterol supone otro de los factores de riesgo del ictus. En España se está produciendo un incremento de casos de ictus de pacientes con hiperlipidemia.

Diabetes

Los diabéticos sufren un alto riesgo de tener ateroesclerosis y presentan otros factores de riesgo como hipertensión, hiperlipidemia y obesidad.

Fibrilación auricular

Se trata de una arritmia frecuente y presente en un 1% de la población general y hasta en un 10% en las personas con edades superiores a los 70 años.

El riesgo de tromboembolismo o fibrilación auricular es del 3% al 5% al año.

Tabaquismo

La persona que fuma tiene más posibilidades de sufrir un ictus, concretamente su riesgo será de 2 a 4 veces mayor que en alguien no fumador y el de enfermedad carotídea de 5 veces.

Conclusión

Pese a todo lo expuesto y a que se conocen estos factores de riesgo, sigue sin haber suficiente control de los mismos. Alrededor de un 40% o 50% de los pacientes abandona el tratamiento pasados tres años de haber padecido un infarto cerebral, lo que produce que se repita este hecho pero con una repercusión de mayor alcance que el primero.

Hoy por hoy hay tratamientos que resultan eficaces para prevenir el ictus. Por ejemplo, el utilizar las estatinas -un tipo de medicación que se usa también para bajar el colesterol- tanto en la prevención primaria como en la secundaria de posibles infartos cerebrales. Las estatinas además ayudan a mejorar mucho la circulación cerebral y la capacidad neuroprotectora -e incluso reducen en un 30 % la mortalidad global-. Hay estudios en los que se recoge que aquellas personas que habían sufrido un ictus y habían tomado estatinas tenían menos probabilidades de sufrir un infarto que los que no la habían consumido.

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Por otra parte, hay terapias que están dando muy buenos resultados y que utilizan anticoagulantes para controlar la fibrilación auricular en personas con más de 75 años o con varios factores de riesgo, los antihipertensivos y los antiagregantes.

En definitiva, es crucial la prevención de la enfermedad que suele afectar, sobre todo, a personas mayores de 70 años, por lo general, hombres con presión arterial alta como principal factor de riesgo al que se unen otras afecciones como colesterol, diabetes, arritmias cardíacas o tabaquismo. También es importante actuar con gran celeridad ante los primeros síntomas de la enfermedad para que el ictus no resulte mortal ni sus secuelas irreparables. El paciente que ha sufrido un ictus y se recupera deberá seguir un tratamiento y llevar un control exhaustivo por parte de su médico para que así disminuyan los riesgos del ictus y que este se repita de nuevo.

Ante cualquier síntoma de los descritos, será conveniente ir de urgencias al médico para que este determine si la persona en cuestión está sufriendo una embolia cerebral y atajarla lo antes posible.

Aviso: esta página contiene artículos de contenido médico y sanitario pero en ningún momento debe tomarse como guía exclusiva para un problema de salud. Para cualquier duda sobre un problema de salud debe acudir al especialista. BonoMédico no es un consultorio médico.

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