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Espondilitis anquilosante: síntomas y tratamiento


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Publicado en Enfermedades

La espondilitis anquilosante o anquilopoyética es una patología reumática que incide en la inflamación de las articulaciones de la columna vertebral y de las sacroilíacas. Es una de las manifestaciones de la artritis. En concreto, este término deriva de los términos de origen griego ankylos, que quiere decir rigidez de una articulación, y spondylo, que significa vértebra. Según los datos arrojados en torno a la existencia de esta enfermedad, en Europa la prevalencia de los síntomas de la espondilitis anquilosante se sitúa en torno a un 0,3-1,8%, lo que supone una cifra de al menos medio millón de pacientes afectados por esta enfermedad en nuestro país.

La columna vertebral puede presentar cierta inflamación por esta afección reumática.

La columna vertebral puede presentar cierta inflamación por esta afección reumática.

Una de las principales manifestaciones de esta patología es el dolor lumbar que se reparte a lo largo de toda la columna además de a las articulaciones periféricas. Lo más habitual es que esta enfermedad cause dolor en ambas zonas, rigidez vertebral, pérdida de movilidad y deformidad articular progresiva. Asimismo, puede venir acompañada de otras manifestaciones extraarticulares como, por ejemplo, inflamación en los ojos o en las válvulas del corazón.

Además, existen casos en los que otras articulaciones se ven afectadas por la espondilitis anquilosante. Y es que esta enfermedad puede centrarse también en los hombros, las costillas, las caderas, las rodillas y los pies. Igualmente puede llegar a perjudicar el funcionamiento normal de otras partes de nuestro organismo. Es el caso de aquellos lugares en los que los tendones y ligamentos se fusionan con los huesos. Además, puede afectar a otros órganos como, por ejemplo, los ojos, los intestinos, el corazón o los pulmones.

Las manifestaciones de la espondilitis anquilosante varía dependiendo de la personas. Hay casos en los que el dolor viene y va, otros en los que el dolor es severo y constante, otros en los que se pierde la flexibilidad en la columna vertebral. En concreto, esta enfermedad tiende a aparecer en adolescentes o adultos jóvenes antes de llegar a la treintena y afectándolos a lo largo de sus vidas, más a hombres que a mujeres.

Síntomas de la espondilitis anquilosante

Estamos ante una enfermedad que suele iniciarse de forma gradual, es decir, no aparece de un día para otro. Sus síntomas iniciales son de una intensidad leve, sin embargo se van agravando con el paso de los años, apareciendo y desapareciendo por temporadas. Al presentar múltiples síntomas de la espondilitis anquilosante, al especialista se le puede complicar establecer un diagnóstico acertado. Lo más habitual es que se tarde entre uno y tres años en determinar el nombre concreto de esta patología.

Los síntomas que se identifican con la presencia en el organismo del paciente de espondilitis anquilosante suelen ser dolor, sensación de rigidez lumbar o dolor en las nalgas y cara posterior de los muslos.

Estas molestias desde un principio llegan a confundir u ocultar esta enfermedad, ya que el diagnóstico más precoz suele dirigirse hacia la ciática.

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En concreto, el dolor que acompaña a esta patología tiende a aparecer en el momento en el que la persona que lo padece permanece durante cierto tiempo en estado de reposo. Muy al contrario de lo que podemos llegar a pensar estas molestias mejoran con la realización rutinaria de actividad física, aunque el dolor suele ser más intenso entre las tres y las cinco de la mañana. Estos horarios tan inoportunos repercuten también en la calidad del descanso del paciente. Y es que la persona afectada por el dolor no tendrá más remedio que levantarse de la cama y caminar alrededor de la habituación a lo largo de unos minutos hasta que las molestias desaparezcan.

En sus inicios está enfermedad no remite grandes descubrimientos en las exploraciones físicas realizadas por los especialistas. Dolores o molestias moderadas además de unos músculos que presentan facilidad al contracturarse es lo que evidenciará el diagnóstico en un principio. Sin embargo, de forma gradual la columna del paciente comenzará a perder flexibilidad y se volverá cada vez más rígida como consecuencia del crecimiento adicional del hueso y la fusión de las vértebras. Rigidez que conforme se ve desarrollada esta enfermedad podría extenderse tanto a la columna dorsal como al cuello.

Conforme van pasando los años, el paciente aprende a convivir con esta enfermedad. Poco a poco tenderá a adquirir una postura muy característica de esta enfermedad que se conoce como “flecha de forestier”, es decir, la parte más baja de la columna se mantiene recta mientras que la parte más alta se acentúa hacia adelante. La adopción de esta posición en concreto se debe a un anquilosamiento de las articulaciones que de forma gradual adquieren rigidez y, por lo tanto, pierden movilidad.

Otro de los síntomas de la espondilitis anquilosante es el daño que se origina en las válvulas cardíacas. Otro, es el desarrollo de una enfermedad inflamatorio intestinal en la cual los pacientes suelen manifestar fiebres elevadas, fatiga, pérdida de peso además de anemia. Además, esta patología potencia la aparición de crisis sucesivas de dolor lumbar con o sin síntomas de artritis en hombros, caderas, tobillos, rodillas o tobillos o, por otro lado, de inflamación en los puntos de fusión de tendones y ligamentos al hueso.

Los síntomas de la espondilitis anquilosante van apareciendo de forma paulatina.

Los síntomas de la espondilitis anquilosante van apareciendo de forma paulatina.

Sin embargo, otra de las peculiaridades de esta enfermedad llega en el momento en el que la espondilitis anquilosante remite, es decir, no está activa en el organismo del paciente. Durante estos períodos las personas afectadas pueden realizar sus actividades cotidianas con total normalidad. En este sentido, existen excepciones ya que aquellos pacientes que tengan afectadas además las articulaciones o desarrollen anquilosis entre las vértebras podrán sufrir pérdidas más o menos graves de la función articular.

Manifestaciones extraarticulares de la espondilitis anquilosante

Estamos ante una enfermedad que, además de crónica, también es bastante completa ya que puede llegar a afectar a otras partes del cuerpo además de a las articulaciones:

  • Uveítis anterior. Presente en un 40% de los pacientes se caracteriza por la sensibilidad hacia la luz, lagrimeo y visión borrosa.
  • Afectación intestinal. Asociada a la espondilitis puede surgir la enfermedad de Crohn.
  • Afectación cutánea. Como, por ejemplo, la psoriasis.
  • Afectación cardiovascular. No es la dolencia más habitual. Puede producir insuficiencia aórtica por inflamación de las paredes arteriales e incrementar el riesgo cardiovascular sin causa aparente.
  • Manifestaciones pleuropulmonares. Fibrosis pulmonar e insuficiencia respiratoria restrictiva.
  • Manifestaciones neurológicas. Luxaciones vertebrales o compresión de las raíces nerviosas.
  • Manifestaciones genitourinarias. Nefropatía, amiloidosis renal.
  • Osteoporosis.

¿Cómo se puede diagnosticar?

Si bien la espondilitis anquilosante responde a una enfermedad crónica cuyo diagnóstico puede llegar a tardar en establecerse hasta unos tres años, las pruebas que los especialistas llevan a cabo no difieren de las habituales:

  • Antecedentes médicos.
  • Examen físicos.
  • Radiografías.
  • Imagen de resonancia magnética.
  • Análisis de sangre.

Hoy en día no disponemos de médicos únicamente especializados en la enfermedad de espondilitis anquilosante.

Lo más frecuente es que un reumatólogo sea el que llegue a diagnosticarla. En concreto, un reumatólogo es un experto en salud especializado en el tratamiento de la artritis y los problemas derivados de esta patología. Sin embargo, debido a que puede llegar a afectar a otros órganos, lo más habitual es que el paciente tenga que visitar a más de un especialista en otros ámbitos en caso de presentar los síntomas de la espondilitis anquilosante. De forma común, los médicos más consultados son:

  • Oftalmólogos.
  • Gastroenterólogos.
  • Fisiatras.
  • Fisioterapeutas.

Por otro lado, está el concepto de la prevención no para sanarse de esta enfermedad sino, más bien, para evitar su evolución y desarrollo a toda costa, ya que el agravamiento de esta patología incidirá de forma directa en un empeoramiento de la calidad de vida del paciente. En este sentido, les ofrecemos las siguientes recomendaciones:

  • Evitar posturas inadecuadas.
  • Nos usar fajas o corsés que mantengan inmovilizada la columna durante períodos determinados.
  • No permanecer demasiado tiempo ni en la cama ni sentado ni en estado de reposo.
  • No coger demasiado peso con el objetivo de que la enfermedad no evolucione.
  • No fumar bajo la finalidad de no perjudicar la función respiratoria.
  • Realizar ejercicio físico a nivel moderado de forma diaria.
Esta enfermedad puede detectarse a través de la realización de diversas pruebas.

Esta enfermedad puede detectarse a través de la realización de diversas pruebas.

En relación a la práctica de deporte físico de forma rutinaria cabe señalar que está considerado por los especialistas como algo esencial. Además, la realización de ejercicio físico debe estar complementada con la aplicación de una terapia farmacológica adecuada. Así según señala el jefe de Servicio de Reumatología del Hospital 12 de Octubre, José Luis Pablos, “antes de la llegada de los fármacos eficaces, el ejercicio representaba un elemento más importante que el tratamiento para evitar las limitaciones, deformidades y la discapacidad, y ahora sigue siendo un pilar importante por su efecto sobre la comorbilidad metabólica y cardiovascular y, probablemente, sobre la propia inflamación”.



Tratamiento de la espondilitis anquilosante

Como se ha mencionado a lo largo de este artículo, la espondilitis anquilosante no tiene cura, por lo que tampoco disponemos de un tratamiento concreto que anule esta enfermedad. Es por ello por lo que el tratamiento de la espondilitis anquilosante se orienta hacia la mejora de la calidad de vida del paciente mediante la administración de fármacos y técnicas de rehabilitación. El objetivo de este tipo de fármacos es, sin duda, disminuir la inflamación de las articulaciones, evitar que la columna se anquilose, mejorar la movilidad además de suprimir el dolor.

Las opciones disponibles, en este sentido, son las siguientes:

Antiinflamatorios

Aplicados al paciente para evitar la inflamación y el dolor de forma simultánea (paracetamol, indometacina e ibuprofeno). Se recetan de forma gradual aplicando la mínima dosis a lo largo de varios años. Se deben acompañar con la toma de protectores gástricos ya que estos fármacos pueden provocar daños a nivel gástrico.

Corticoides

Las infiltraciones de corticoides pueden contrarrestar bastante las molestias en aquellos casos en los que se vean afectadas las articulaciones periféricas o los tendones. Sin embargo, a largo plazo no demuestra tanta eficacia.

Sulfasalazine

Su contenido actúa de forma más eficaz en las articulaciones periféricas al tiempo que ralentiza el desarrollo de esta patología. Su aplicación tiene pocos efectos negativos para el organismo por lo que prescriben de forma habitual.

Terapia biológica

Llega para revolucionar el ámbito del tratamiento de la espondilitis anquilosante.

Ejercicio físico

Se recomienda la práctica rutinaria de ejercicio físico con el objetivo de prevenir la rigidez en las articulaciones además de mejorar la expansión del tórax, por lo que, además, se potencia la función respiratoria. Lo más conveniente es que este tipo de ejercicios se lleven a cabo en un centro de rehabilitación especializado para educar al paciente y que pueda desarrollarlos de forma paralela en su casa.

El especialista, por su parte, le aconsejará al paciente la práctica de algún deporte aeróbico adecuado a sus características personales.

El objetivo es ayudar a combatir esta enfermedad no dañar o forzar los músculos. Para ello se evitará, en cualquier caso, los deportes de riesgo así como aquellos en los que haya contacto físico que pueda acabar en traumatismos. No se recomienda para nada el reposo. Y es que la espondilitis anquilosante es una enfermedad que tiende a originar anquilosis articular. De hecho, en aquellos casos en los que el diagnóstico tarde demasiado en llegar el reposo absoluto puede degenerar en una rigidez casi irreversible.

Cirugía

Una de las alternativas quirúrgicas es la artroplastia. Este tipo de procedimiento se realiza en la articulación de la cadera y suele ofrecer unos resultados bastante favorables para el paciente ya que lo dota de independencia.

Otras alternativas

Otra de las novedades en tratamiento para esta enfermedad es el fármaco secukinumab, un medicamento que promete aliviar las molestias que cerca de 500.000 personas sufren en nuestro país como consecuencia de la espondilitis anquilosante. Según los estudios, esta alternativa farmacológica consigue reducir en un 30% de los casos casi todos los síntomas de esta patología sobre todo en personas adultas.

Antibióticos y corticoides son algunas de las posibilidades de tratamiento de la espondilitis anquilosante.

Antibióticos y corticoides son algunas de las posibilidades de tratamiento de la espondilitis anquilosante.

En este sentido, según señala el jefe de Dermatología del Hospital Fundación Alcorcón, José Luis López Estebaranz, “la psoriasis afecta de forma fundamental, pero no exclusiva a la piel. Puede afectar a las articulaciones, por lo que es importante un seguimiento periódico de los pacientes con psoriasis y hacer un screening periódico para descartar la aparición de afectación articular”. En concreto, más del 40% de las personas con psoriasis desarrollan espondilitis anquilosante.

Según explica el jefe de Reumatología del Hospital Central de Asturias, Rubén Queiro López, el principal inconveniente es que “por desgracia estos pacientes tienen un retraso medio de diagnóstico de unos cinco a siete años, lo que significa que muchos son remitidos tarde al especialista. Normalmente cuando empiezan los síntomas tienen entre 20 y 30 años, y la mayoría no son diagnosticados hasta los 30 o 40 años de edad”.

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A nivel general, el pronóstico suele ser bueno. Aunque se trata de una enfermedad gradual, es decir, que progresa lentamente, el 5% de los pacientes tiende a empeorar incluso aunque el tratamiento de la espondilitis anquilosante que se establezca sea el correcto, mientras que el 95% mejora. Hoy en día, se puede establecer que la mitad de las personas afectadas por esta patología no reflejan síntomas gracias a los tratamientos biológicos. Sin embargo, una espondilitis anquilosante diagnosticada tarde o no diagnosticada solo prevé el deterioro de la calidad de vida del paciente.

  • Artículo escrito por:
  • Doctora Maria José Fernández Jiménez

  • Licenciado en 1995 en Medicina y Cirugía por la Universidad de Málaga (UMA)
  • Colegiado 7.624 del Colegio de Médicos de Málaga
 
 

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