Dolor de ano


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Publicado en Salud

Como su propio nombre indica, el dolor de ano se refiere a la presencia de cierta dolencia en la zona anal, en la del recto y/o en el área perineal de manera persistente. Es decir, comenzó más de medio año atrás y se ha mantenido a lo largo del último trimestre sin que haya podido detectarse ningún motivo específico que explique su aparición, como podrían ser -por ejemplo- los siguientes:

  • Hemorroides.
  • Fisuras.
  • Fístulas.
  • Abscesos.
  • Papilitis.
  • Tumores.
  • Patologías ginecológicas.
  • Afección prostática.
  • Enfermedad inflamatoria intestinal.

Nos encontramos ante un síntoma que en ciertas ocasiones puede llegar a incapacitar y que afecta casi a ocho personas de cada cien. Es más común entre la población femenina y, si bien es cierto que no existe una edad determinada a la que empiece a manifestarse, de modo más habitual lo hace pasados los 40 años.

¿Cuándo se produce dolor de ano?

En la deposición

Si el dolor de ano aparece durante el acto de evacuación de heces, lo más probable es que esté originado por una fisura o desgarro anal. Conforme pasan por el músculo anal contraído, las heces van provocando ardor. Por norma general, una vez finaliza la defecación, desaparece el dolor, aunque es posible que persista por algún espasmo muscular, como a veces también puede permanecer la sensación de quemazón tras la deposición.

Durante la limpieza

De manera frecuente se tratará de una anomalía en la piel, de una candidiasis intestinal o de cualquier otra infección causada por un hongo. En este caso, los niños pequeños también pueden verse afectados.

Dolor constante

Sin presentar relación directa con la presencia de heces, este dolor -que puede aparecer hasta en las horas de sueño- seguramente se deba a:

  • Un absceso anal.
  • Una infección.
  • En ocasiones, una hemorroide trombosada.
  • También puede ser un tumor.

De forma paulatina

Al igual que en el caso anterior, puede ser indicio de:

  • Una infección.
  • Una hemorroide coagulada.
  • Un tumor.

Al permanecer sentado

En aquellos casos en los que el individuo no pueda sentarse, los principales motivos serían:

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  • Un absceso anal.
  • Un espasmo muscular.
  • Un tumor.

¿En qué casos es preocupante?

  • En los casos en los cuales el dolor de ano no desaparece durante los uno o dos días posteriores tras haber ingerido el medicamento que le haya sido prescrito, el paciente deberá someterse a la pertinente revisión médica.
  • Si la quemazón o el dolor se prolongan a lo largo de al menos quince días, podemos estar ante un signo de gravedad.
  • En aquellas situaciones en las que el dolor de ano es crónico.
  • No resulta muy frecuente, pero a veces el dolor anal es tan intenso que puede provocar incluso que el paciente se desmaye.

Dolor de ano con sangrado

El motivo más habitual de que aparezca una deposición que combine dolor y sangrado se encuentra en la fisura anal.

También las hemorroides trombosadas pueden provocar dolores repentinos y hemorragias. La razón más común por la cual las hemorroides llevan asociado dolor de ano está relacionada con la evacuación de heces e infección de piel, como podrían ser -por ejemplo- la infección por hongos levaduras o una inadecuada higiene del ano.

El picor anal posterior a la acción de evacuar puede estar determinado por la transpiración de la piel que rodea el ano.

También en los infantes pueden presentarse gusanos o lombrices intestinales, que provocan picor durante las horas nocturnas. Cuando el pequeño se rasca, pueden generarse tanto daños en la piel como hemorragias.

Causas del dolor de ano

Fisura anal

Asimismo denominada fisura anorrectal, la fisura anal irrumpe con la aparición de una grieta o de una rotura en la piel del ano. Por regla general, esta grieta o rotura sucede cuando, durante el acto de evacuación se expulsan heces de considerable dureza y tamaño que rompen la sensible piel de ese área, causando de esta manera el típico malestar de esta dolencia. Otros motivos, aunque menos comunes, se derivan de padecer diarrea durante un largo tiempo o de tensar en exceso los músculos presentes en el esfínter anal.

En la práctica totalidad de las situaciones, las fisuras anales no son demasiado profundas y se limitan a la superficie, aunque hay otras que pueden complicarse haciéndose crónicas y expandiéndose hasta alcanzar capas internas de la piel e incluso músculo. Como es lógico, se trata de las que mayor dolor y más complicado tratamiento acarrean y no son pocas las veces que precisan cirugía para poder calmar el dolor de ano.

Hemorroides

La presencia de hemorroides en el área rectal supone otro de los motivos del dolor de ano. Estas suceden cuando durante la evacuación se realiza demasiado esfuerzo y se provoca la inflamación tanto de las venas como de los tejidos anales. Atendiendo a la zona en la cual aparezcan, pueden distinguirse dos clases de hemorroides:

  • Hemorroides internas.
  • Hemorroides externas.

No obstante, el esfuerzo excesivo en la deposición no es la exclusiva razón por la que surgen hemorroides. Así, también las mujeres en estado de gestación las padecen en ocasiones con motivo de la presión que en el área anal realiza el feto y por la fuerza que se realiza en el propio alumbramiento. Tampoco hay que pasar por alto la posibilidad de que atiendan a factores genéticos, ya que las hemorroides son hereditarias.

Absceso anal

Un absceso anal es una bolsa de pus situada en un área próxima al ano y también puede ser una de las causas de la aparición del dolor anal.

La razón de la irrupción de esta infección es natural y está basada en la contaminación del área del recto por parte de las bacterias de los mismos deshechos, la cual ha causado la infección debajo de la piel.

A pesar de que normalmente aparecen en las proximidades del orificio anal, estas infecciones también pueden surgir en zonas más cercanas al colón, es decir, en zonas más profundas del conducto anal.



Fístula anal

Una fístula anal crea la conexión entre los restos de los abscesos y la superficie de la piel de manera similar a un túnel situado bajo la piel. Con motivo de la infección y la pus presentes en los citados restos de los abscesos, esos túneles también se encuentran inundados de pus y líquido con el consiguiente desagradable y fuerte hedor, sin contar el molestar y dolor de ano que también provocan.

Aparte de este absceso, otros principales motivos que propician su aparición serían:

  • Presencia de una herida en dicho área.
  • Una hinchazón.
  • Una infección.
  • Colitis ulcerosa u otras anomalías del intestino.

Estrechez del ano

No resulta descabellado que la causa de que el área del orificio del ano se haya visto estrechada se deba, por ejemplo, a:

  • Tratamientos de radioterapia.
  • Enfermedades de transmisión sexual.
  • Daños en el ano.

Si se padece esta estrechez, es lógico pensar que la defecación conlleve molestias y dolores. En los casos en los que se presente esta afección, resulta fundamental asistir a consulta médica para comprobar cuáles son las opciones de tratamiento de las que dispone para revertir la situación, ensanchar el conducto anal y de nuevo poder realizar la evacuación de heces sin experimentar molestias ni dolor alguno.

Diagnóstico

Una adecuada elaboración de la historia clínica en la cual se reflejen con detalle los antecedentes médicos y quirúrgicos del individuo, así como las peculiaridades y manifestaciones habituales que su dolor de ano presenta, servirá de gran ayuda en la mayoría de ocasiones a la hora de emitir un diagnóstico.

Unas exhaustivas exploraciones anal y perineal, por norma general, optimizarán el diagnóstico, ya que conceden la evaluación de la posible existencia de:

  • Hemorroides.
  • Fisuras anales.
  • Prolapsos.
  • Papilitis.
  • Periné descendido.
  • Rectocele.
  • Fístulas anales.

Sin embargo, hay diversas exploraciones -tanto anatómicas como funcionales- que resultan precisas en la mayoría de pacientes para que el diagnóstico sea lo más fiable posible. La totalidad de estos procedimientos han de ser personalizados según los hallazgos clínicos que se encuentren al principio y no son comunes al resto de pacientes en su conjunto.

De este modo, y con la finalidad de poder evaluar si se han producido daños como fístulas anales, papilitis o enfermedades inflamatorias del recto pueden ser de gran ayuda:

  • La colonoscopia.
  • La ecografía endoanal.
  • La resonancia magnética.

La manometría anorrectal y otra serie de técnicas funcionales nos proporcionarán útil información para el diagnóstico -en algunos casos, también para el posterior tratamiento- mediante:

  • La integridad de los esfínteres.
  • La hiperactividad o hipertonía de los mismos.
  • La sensibilidad del recto.
  • La capacidad de expulsión de heces durante el acto de evacuación.

También en determinadas ocasiones puede requerirse la realización de una defecografía y de un estudio neurofisiológico.

Tratamiento del dolor de ano

Al igual que hemos podido observar en el diagnóstico, no existe un tratamiento general para la totalidad de pacientes sino que este ha de ser específico según la detección final y las peculiaridades que cada uno de ellos presente.

Si bien hay algunas veces en las que se trata de una afección que causa una incapacitación importante, el tratamiento debería ser de corte conservador. La opción de la intervención quirúrgica como última solución será contemplada en casos muy concretos.

Aunque en ocasiones es un síndrome muy incapacitante, se debe de ser lo más conservador posible y la cirugía será el tratamiento final en contadas ocasiones.

Y es que existe un buen número de medidas físicas disponibles que pueden resultar muy útiles a la hora de aliviar el dolor de ano. Entre ellas destacaremos las que figuran en la siguiente relación:

  • Masajes.
  • Calor local seco.
  • Readaptación posicional.
  • Modificación de rutinas y de actividades físicas que puedan empeorar los síntomas.
  • Empleo de asientos idóneos o de cojines preparados para ello.

Como en buena parte de ocasiones el estreñimiento se encuentra relacionado con el dolor de ano, su tratamiento supondrá la mejoría de sus manifestaciones y el desarrollo del mismo. En multitud de casos la utilización de la laxantes será incluso recomendable.

Respecto a los medicamentos, pueden emplearse analgésicos de tipo oral y, determinadas veces, antiinflamatorios. La aplicación de Diltiazen en pomada puede ser de gran eficacia cuando existan indicios o se haya confirmado la presencia de una hipertonía anal a través del diagnóstico realizado con manometría. En otras ocasiones también puede ayudar el empleo de relajantes musculares como el Metocarbamol o el Diazepan. Antidepresivos como la Amitriptilina en cantidades moderadas calman el dolor anal en un buen número de situaciones gracias a que equilibran la sensibilidad de las vísceras. Por su parte, el Salbutamol inhalado o el Nifedipino sublingual disminuyen el período de dolor en aquellos casos de proctalgia fugaz, por lo que también pueden ayudar. La infiltración con anestésicos locales facilita la emisión del diagnóstico de la neuropatía del nervio pudendo y la utilización de neurolisis puede ser de gran eficacia en el tratamiento de la misma. La utilidad de la inyección de triamcinolona u otros corticoesteroides en el síndrome de elevador del ano también parece estar garantizada.

En otras ocasiones, las bondades pueden aparecer del lado del biofeedback anorrectal, un procedimiento que no presenta riesgos ni efectos secundarios y que favorecerá:

  • La reeducación de los músculos del esfínter.
  • La mejora del acto de deposición.
  • En ciertas ocasiones, la modulación del dolor.

Asimismo, y en determinados casos opuestos a los demás tratamientos, la eficacia de la electroestimulación y neuromodulación local mediante el tibial posterior ha quedado demostrada, motivo más que suficiente para pueda considerarse una interesante opción a barajar.

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Por último, utilizar radiofrecuencia pulsada también puede ayudar a los pacientes con neuropatía del nervio pudendo.

De cualquier modo, y como ya hemos mencionado con anterioridad, la alternativa de la intervención quirúrgica se contemplará únicamente en aquellos casos de dolor de ano en los que no se pueda aplicar tratamiento alguno.

Posibles remedios caseros

  • Una posible opción es tomar baños con agua tibia y bicarbonato de sodio.
  • Tras la defecación, cubrir delicadamente la zona con una gasa humedecida o papel higiénico.
  • Emplear una pomada específica para el tratamiento de hemorroides en el caso de padecerlas.
  • Usar alguna crema o ungüento con hidrocortisona si se padece alguna fisura anal u otro daño.

Aviso: esta página contiene artículos de contenido médico y sanitario pero en ningún momento debe tomarse como guía exclusiva para un problema de salud. Para cualquier duda sobre un problema de salud debe acudir al especialista. BonoMédico no es un consultorio médico.

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