Dieta blanda


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Publicado en Nutrición

Concebida bajo el objetivo de servir de protección a nuestro organismo afectado por alguna enfermedad intestinal, la dieta blanda no es especialmente un régimen específico y estricto que facilita la pérdida de peso. Más bien está recomendado en personas que acaben de pasar por quirófano o para ayudar a cambiar la alimentación de manera gradual, es decir, el paso entre la dieta líquida completa y la regular. Se caracteriza por estar compuesta por la ingesta de productos denominados comúnmente “light” o productos que no reproduzcan digestiones demasiado pesadas. Asimismo, difiere de los regímenes normales tanto en la textura de los alimentos como en el contenido de fibra en éstos, si bien nos ofrece todos los nutrientes necesarios para el correcto funcionamiento de nuestro organismo.

A nivel general, hemos escuchado hablar de esta dieta o incluso puede que alguno la haya puesto en práctica más de una vez. Y es que es la recomendación alimenticia más común recetada por los especialistas ante la aparición de algún tipo de enfermedad relacionada con el sistema gastrointestinal.Su finalidad es facilitar una correcta digestión del estómago, así como del resto de órganos, al tiempo que asegura una vuelta a la normalidad. Además, suele ser el método que se lleva a cabo por los pacientes que requieran operación tanto los días previos como los posteriores. Es más, este tipo de dietas pueden llegar a recomendarse tanto a niños como adultos que padezcan enfermedades relaciones con los intestinos como pueden ser cólicos, úlceras, gastritis o etapas de vómitos o diarrea.

El hecho de que se denomine blanda no quiere decir que los alimentos permitidos en este régimen sean única y exclusivamente productos tiernos sino más bien a aquellos que nos lleguen a facilitar la digestión. En este sentido, por ejemplo, nos podemos preparar a la hora del almuerzo una trocito de pechuga de pollo hervida o a la plancha. Una comida incluida en este tipo de dieta y que no es especialmente blanda. De esta forma, la dieta blanda también es conocida en términos médicos como dieta de protección gástrica, con la intención de no derivar en malentendidos.

Grosso modo, una dieta blanda es aquella que incluye alimentos que faciliten nuestra digestión. Un régimen que incluya menús moderados en grasas, no irritantes y que no estimulen la secreción gástrica. Un régimen que nos asegura ingerir todos los nutrientes necesarios para el correcto funcionamiento de nuestro organismo pero que no interfiere en el trabajo del aparato digestivo, facilitando su función, al tiempo que favorece su recuperación.

Alimentos permitidos

A la hora de seguir un dieta blanda debemos tener en cuenta de que no se trata de un sistema estricto y que lo llevaremos a cabo a corto plazo, dependiendo de las recomendaciones médicas, ya sea por el paso por quirófano o por dolencias estomacales. En este sentido, se nos abre un amplio abanico de alimentos permitidos a la hora de sentarnos a la mesa:

  • Cereales. Se pueden consumir cereales refinados, pan blanco, arroz, cous cous, papillas de cereales o galletas. Se recomienda evitar todo tipo de bollería, dulces y cereales integrales
  • Carnes y pescados. La forma en la que se deberán tomar este tipo de alimentos es a la plancha, hervidos o al horno. Los recomendados son pollo o pavo, además de fiambres como jamón de york. El pescado será siempre blanco. Es importante evitar en la medida de lo posible la ingesta de pescado azul o marisco, así como carnes rojas.
  • Huevos. En tortilla, revueltos o pasados por agua. Se pueden consumir en diferentes estilos, aunque en personas con dolencias mayores se puede llegar a restringir su ingesta por partes, es decir, primero la clara y, más tarde, la yema
  • Lácteos. La tendencia preferida a la hora de tomar lácteos es su versión desnatada. Además, podemos optar por yogures naturales o quesos frescos
  • Verduras. Una de las mejores alternativas para incluir en este tipo de dietas es las sopas o cremas de verduras. Estos productos se pueden comer, además, al vapor o a la plancha, intentando evitar en la medida de lo posible su versión cruda por dificultar la digestión
  • Frutas. También están restringidas las frutas crudas ya que se recomienda comerlas en compota o cocidas, excepto en el caso de plátanos maduros y otro tipo de frutas maduras que no tengan carácter ácido
  • Legumbres. Siempre en puré o pasadas para evitar el consumo de la piel de las mismas
  • Bebidas. Se recomienda no consumir ni café ni alcohol ni determinados zumos de frutas que pueden llegar a ser ácidos para el estómago como pueden ser los de naranja, limón o piña, así como los refrescos con gas o el té.
  • A la hora de cocinar se puede emplear aceite de oliva, mantequilla o margarina

Menú para una dieta blanda

La duración de este tipo de dietas vendrá determinada por la opinión médica siempre dependiendo del grado de enfermedad que padezca la persona afectada. Si bien se recomienda la realización de cinco comidas al día, éstas no se deben realizar en exceso para evitar malas digestiones. Es decir, el objetivo de la dieta blanda es consumir poca cantidad pero a lo largo de varias veces al día.

Lo importante a la hora de elegir los diferentes menús que consumiremos los días recomendados de dieta blanda es elegir productos bajos en grasas y fibras que nos asegure un correcto funcionamiento del sistema digestivo. Imprescindible resulta también evitar el alcohol, alimentos picantes y ricos en azúcares. Asimismo, recordar que todos los productos permitidos se han de consumir a la plancha, vapor, baño maría o papillote.

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  • Desayuno. Una o dos tostadas de pan con fiambre de pavo y una infusión
  • Media mañana. Una pieza de fruta madura
  • Almuerzo. Caldo de pollo con fideos acompañado de tortilla francesa
  • Merienda. Un yogur y una infusión
  • Cena. Crema de verduras acompañada tres o cuatro lonchas de jamón de york

Si cree que puede padecer algún tipo de dolencia digestiva y por ello poner en práctica la dieta blanda, recuerde antes consultar alguna opinión médica que le oriente de forma adecuada para facilitar su recuperación.

Consejos nutricionales

Ante la aplicación de un nuevo sistema alimenticio que nos aporte mayores beneficios, nuestra primera pregunta podría ser ¿tengo que cambiar lo que como normalmente? Y en cierta medida, la respuesta podrá ser positiva, ya que más que cambiar de alimentos consumidos hablamos de ampliar el abanico de productos que elegimos a la hora de llenar nuestro carrito de la compra. En este sentido, tendríamos que observar nuestra forma de alimentarnos y ser conscientes de que, en la mayoría de las ocasiones, son pequeños cambios los que nos facilitan el rumbo hacia una correcta nutrición. 

Nuestro organismo requiere en torno a medio centenar de nutrientes para funcionar (calcio, fibra, magnesio, potasio y vitaminas A, C y E) y no existe un súper alimento que nos lo proporcione por sí mismo. Aunque, de hecho a nuestro alcance disponemos de cápsulas que nos facilitarán estos minerales y vitaminas, lo recomendable es ampliar el consumo de alimentos en nuestro día a día. Cuanto más variado comamos, mejor salud mostraremos. Ya que mediante la práctica de una dieta poco equilibrada tenderemos hacia la obesidad y correremos mayores riesgos a la hora de padecer otros problemas de salud como diabetes o hipertensión.

La otra parte que nos corresponde cumplir para mantenernos sanos y saludables con independencia de nuestra edad es la práctica rutinaria de ejercicio. Se recomienda realizar unos 150 minutos de intensidad moderada o 75 de intensidad alta para adultos de entre 19 a 64 años. No lo deje y empiece hoy mismo a usar su antigua bicicleta o acelere su paso al caminar.

La importancia de las frutas y las verduras

Son capaces de prevenir enfermedades como la diabetes, patologías cancerígenas, la obesidad o dolencias cardiovasculares.De hecho, su consumo es fundamental en el funcionamiento de nuestro motor, el corazón. Las frutas y verduras son indispensables en nuestra dieta diaria, ya que son las responsables de un gran aporte de vitaminas, minerales y fibra. Se recomienda su consumo mínimo unas cinco veces al día.

La ingesta de frutas y verduras a diario mejorará tu nutrición e hidratación, lo que derivará en un mayor descanso y mejora de la salud física. Aquí también en la variedad está el gusto, cada una de estas piezas dispone de un combinado único de vitaminas y minerales por lo que cuanto mayor la diversidad, mejor. Si bien la fibra que nos aportan estos alimentos facilita el trabajo de aparato digestivo, al tiempo que reduce el colesterol, sus vitaminas, minerales y otros componentes nos aportan efectos antioxidantes y antiinflamatorios. Incluso, su consumo nos ayuda a disminuir el apetito y a asimilar la absorción de otros nutrientes. 

Las frutas y verduras no deben faltar en una dieta que nos facilite mantener nuestro peso adecuado. Aunque la facilidad de perder, mantener o subir de peso va a depender de las diferentes características de las personas, una mayor ingesta de calorías se traducirá en cualquier caso en engordar. Para mantener esos kilos a raya tampoco parece indispensable someterse a estrictos regímenes. Una de las fórmulas recomendadas para sentirse bien con uno mismo es la reducción de calorías y la práctica de ejercicio. No es cuestión de hacer sacrificios, ni de empezar a prohibir productos a la hora de comer sino más bien de reducir las cantidades de aquellos nutrientes ricos en calorías y si sale a caminar, intentar entretenerse una media hora más.

El equilibrio para cocinar y sentarnos a comer también es una de las claves de una buena nutrición. Si adecuamos las raciones, podemos ampliar la variedad de alimentos y con ellos, la de nutrientes. No contamos las mismas calorías si freímos un producto o si lo hacemos al horno, tampoco si comemos carne en el almuerzo y en la cena. Hay que intentar compensar nuestro sistema alimenticio dándole prevalencia a aquellos bajos en calorías y ricos en nutrientes.

La realización de cinco comidas al día no sólo no engorda sino que, además, nos ayuda a controlar nuestro peso. Claro está que en cada una de estas tomas no consumiremos las mismas cantidades pero debemos tener en cuenta que no resulta favorable para nuestro organismo pasar más cinco horas sin comer ya que su respuesta podría ser una subida de la insulina. Por ello, lo recomendado es realizar un desayuno, un sano picoteo a media mañana, un buen almuerzo, una merienda que nos mate esa sensación de hambre y una cena ligera. Y, ante todo, no es una buena opción saltarse el desayuno, más allá de adelgazar va a contribuir a que nuestro cuerpo no encuentre la suficiente energía para funcionar, lo que derivará en nuestro propio malestar. Opte por cereales integrales, tostadas, lácteos desnatados y frutas para tener un saludable comienzo del día. 

El alto contenido en líquidos de las frutas y las verduras nos van asegurar cierta hidratación que debemos completar con la ingesta de unos dos litros de agua al día. Los beneficios de la hidratación son inmejorables, ya que mantenemos un metabolismo y un estado físico saludable. Un consejo es beber un vaso de agua antes y después de cada comida lo que le puede asegurar cerca de los tres litros. Además, la variedad de zumos que podemos consumir al licuar las frutas nos puede llegar a hacer mucho más delicioso esa difícil tarea de mantenernos hidratados. 

Pescados, lácteos y productos light

Un sistema alimenticio sano, nutritivo y equilibrado, y que además sustente a nuestro organismo de un sinfín de factores positivos, está compuesto por un gran abanico de productos entre los que destaca también el pescado. Y es que además de contener proteínas de calidad y de ser ricos en proteínas, disponen de una variedad de lípidos mucho más saludables que los que podemos encontrar en la carne. Su contenido calórico es bastante bajo, es rico en omega 3, fuente de calcio, yodo y diversas vitaminas. Asimismo, contiene ácidos grasos poliinsaturados, relacionados con la prevención y tratamiento de enfermedades cardiovasculares y accidentes cerebrovasculares. Otros alimentos cardiosaludables los encontramos en el vino tinto, el curry, verduras verdes como brócoli o espinacas, las legumbres o el aceite de oliva, ya que todos ellos favorecen la reducción del colesterol al tiempo que aportan ciertos beneficios antiinflamatorios.



La única diferencia entre los productos lácteos enteros y los desnatados es la grasa. Si bien en las dietas de adelgazamiento está recomendado el consumo de los segundos también se ha demostrado que éstos inciden en un menor riesgo cardiovascular ya que la grasa de los lácteos favorece la rigidez arterial y la acumulación de lípidos en sus paredes. Más allá de estos factores, las recomendaciones para elegir el consumo de una u otra opción va a depender más de la edad del que la consume así como de sus necesidades. Es decir, hasta los dos años los niños están en etapa de crecimiento por lo que más propicio sería el consumo de lácteos enteros, ya que requieren de más calorías y nutrientes. En cualquier caso los productos lácteos deben consumirse en todas las etapas y edades ya que son fuente de proteínas, vitaminas y minerales, además de una de las principales fuente de calcio.

En relación a los alimentos denominados “light”, su consumo no nos asegura el adelgazamiento sino más bien lo que sostiene su denominación es una reducción de calorías, es más, no siempre son sinónimos de sin azúcar, sin grasas o sin calorías. 

Pirámide de alimentos

La pirámide de alimentos es una guía que nos orienta sobre lo que debemos comer cada día para conseguir el aporte de nutrientes necesario y la cantidad suficiente para mantener nuestro peso:

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  • Base. Grupo Pan, cereal, arroz y pasta. De seis a once raciones al día
  • Primer estadio. Grupo Verduras (de tres a cinco porciones) y Grupo Frutas (de dos a cuatro porciones)
  • Segundo estadio. Grupo Lácteos (de dos a tres porciones) y Grupo Carne, Pescado y Frutos secos (dos a tres porciones)
  • En el último estadio se recomienda un consumo moderado de alimentos con exceso de grasas como aceites saturados o poliinsaturados, bollería, patatas fritas, pastas rellenas o al huevo, carnes grasas, fiambres, embutidos, vísceras o lácteos enteros

Sobre esta base se pueden realizar distintos tipos de menús y dietas dependiendo de las características de la persona como puede ser su índice de grasa corporal, que no es más que la cantidad de grasa de nuestro cuerpo; en mujeres debería oscilar entre el 25 y el 30% y en hombres entre el 15 y el 20%.

Sal y azúcar

Principal potenciador de sabor, la sal está considerada como un componente indispensable por los nutrientes que aporta ya que facilita la digestión al tiempo que mantiene la presión de los fluidos corporales. Pero atención a su consumo, en exceso puede retener líquidos  y favorecer la hipertensión.

Por su lado, el azúcar es uno de los principales suministradores de energía para nuestro cuerpo y aporta los nutrientes necesarios para el desarrollo tanto físico como mental; además, es indispensable para nutrir al sistema nervioso. Sin embargo, su cara oculta está bien cargada, de hecho tiene relación directa con la obesidad, produce problemas dentales o en exceso puede llegar a debilitar los órganos. Aunque, como todo, en exceso es perjudicial para la salud.

Aviso: esta página contiene artículos de contenido médico y sanitario pero en ningún momento debe tomarse como guía exclusiva para un problema de salud. Para cualquier duda sobre un problema de salud debe acudir al especialista. BonoMédico no es un consultorio médico.

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